Hacia una nueva vida.

1438 Words
Sarah despierta sobresaltada, sudando frío y sentándose en la cama, con el nombre de su hermano en los labios. Mira hacia los lados aún en la penumbra de la habitación que ocupaba, en busca de alguna respuesta del paradero de Ian entre las premoniciones que llegaban a ella durante su sueño. ―¡Sarah! Estoy aquí ―le dice Ian, entrando a la habitación. ―¡Ian! Gracias a Dios, has vuelto. No sabes lo asustada que estaba. ―expresa la jovencita abrazando a su hermano. ―No vuelvas a alejarte de mí, por favor, pensé que te perdía así como perdimos a nuestros padres. ―Perdóname Sarah, eso no va a volver a pasar. Estuve muy asustado, esas raíces querían llevarme, me sentí como en una pesadilla, solo pensaba en volver, aunque no es esta casa ni con estas personas con quienes quisiera estar pero... ―Pero gracias a ellos, es que estás aquí y deberías ser más agradecido, ellos son las únicas personas que nos pueden socorrer en estos momentos en los que estamos tan solos. ―Sarah, papá y mamá deben estar buscándonos. ―No Ian, papá y mamá ya no van a volver, debemos hacernos a la idea de que nuestra nueva familia son ellos, la señora Dorys, el señor de la casa y no sé quién más viva aquí, pero de igual modo, no tenemos opción hermanito. ―¿Cómo es que estás tan segura de eso, Sarah? ―pregunta Ian, curioso. ―Mi madre me lo ha dicho en un sueño, me exigió que fueras fuertes y que yo tratara de llevarlo con calma, y es lo que he estado haciendo, por el propio bien nuestro. ―Es que eres muy pequeña para entender este tipo de situaciones, hermanita. ―le dice un poco anonadado por la forma de actuar y pensar de la pequeña Sarah. ―Hay cosas en la vida que no podemos explicar, pero sí, entiendo perfectamente lo que nos ha estado ocurriendo. Todo está escrito, Ian, este es nuestro destino y debemos aceptarlo de la mejor manera posible. ―Todavía me parece que eres una niña muy pequeña para hablar de esa manera, siento como si aquí, la hermana mayor fueras tú y no yo. ―Solo hablo de la forma en la que mejor me salen las palabras, hermanito y como voy entendiéndolo todo, ahora dejemos eso, ¡Ven, dame un abrazo! No quiero perderte nunca, no soportaría que no estuvieras en mi vida. ―le dice la niña extendiéndole los brazos. ―Eso no va a pasar jamás, siempre voy a estar contigo, cuidándote y protegiéndote tal y como nuestra mamita me dijo que lo hiciera, y... si nos toca quedarnos en esta casa, pues ni modo, lo haremos, pero si veo que estamos corriendo peligro, no dudes que nos iremos de aquí, ¿de acuerdo? ―acota Ian dándole un abrazo apretado a su hermana. Mientras tanto, el viejo Rey y Dorys, los miran desde el pasillo, a las afueras de la habitación donde dormía la pequeña Sarah. ―Amo, afortunadamente llegaron a tiempo a rescatar al niño Ian. La pequeña Sarita casi no estaba bien, los nervios y la agonía se hacían presentes cada vez más, por un momento pensé que... ―No había de qué preocuparse Dorys, si no era por un lado, lo hallaríamos por el otro, solo que estaba muy alejado y casi en las redes de la manada oscura, sabes que si ellos se hubieran apoderado de él, ya no estaría aquí con nosotros ―interrumpe el viejo Rey. ―Lo sé, Amo, de eso no me cabe la menor duda, pero afortunadamente no fue así. Ahora tenemos que tratar de lograr que los dos hermanitos estén a gusto aquí con nosotros, para que no se vayan y la profecía se cumpla, tal y como lo han predicho los ancestros. ―Así es Dorys, solo espero que el pequeño Lyam, no lo tome a mal. Siempre ha sido el único niño en la casa, ahora con dos más, no quisiera que mi hijo se sintiera desplazado o viera a estos dos chiquillos como unos rivales.—comenta el viejo Rey un poco preocupado por la reacción que su pequeño hijo vaya a tener. ―Descuide amo, eso no va a pasar, el pequeño Lyam sabe que su luna, está por llegar, tal vez hasta ya sepa que es la niña Sarah, él me ha comentado en ciertas ocasiones que ha soñado con ella, —Si la ha visto en sueños, seguro ya la debe conocer, ¿por qué no me habías dicho? —preguntó muy interesado. ―Pues no lo vi necesario, amo. Además no sabía en qué momento podría llegar la pequeña luna, ahora solo hace falta que se lo hagamos saber, aunque conociéndolo, ya lo debe saber. ―Seguro que es así, Dorys. Bueno, ya es hora de que esos niños descansen, ―le dice, señalándolos —mañana veremos qué pasa, tanto con Lyam como con los demás integrantes de la manada y los de los alrededores, de estos últimos sí debemos estar muy pendientes, más que todo evitar que los hombres lobos de la manada oscura, se acerquen a los niños y a esta casa. ―No tiene por qué preocuparse, amo. Todos sus hombres estarán al pendiente de ello, no les permitirá a ninguno de esos, acercarse ni al pequeño Lyam y mucho menos a la luna. Todo va a salir bien, ya verá. ―Eso espero, eso espero Doryta ―decía el viejo Rey, alejándose. Entretanto, los niños jugueteaban un poco antes de dormir, en ese momento, entra el ama de llaves a la habitación. ―¡Vamos niños! Es hora de dormir, mañana tendrán tiempo para seguir jugando y para muchas cosas más. ―Está bien, señora. Muchas gracias por todo y por estar pendiente de mi hermanita y hasta de mí, que he sido tan desobediente y rebelde. ―le dice Ian muy apenado. ―No te preocupes mi niño, son cosas que pasan, ya te irás acostumbrando, bueno, se irán acostumbrando aquí, nosotros somos unas buenas personas y... los cuidaremos mucho, les daremos el amor que necesiten para crecer en un ambiente ameno. ―Sí, eso es lo que yo le digo a mi hermanito, mami y papi nos estarán cuidando también desde el cielo, ¿verdad? ―Claro que sí mi niña linda, bueno, vamos a dormir ya, métanse a la cama. Descansen que mañana será otro día. Que los angelitos y Dios los bendiga y cuiden su sueño toda la noche. ―dice mientras los arropa y apaga la lámpara. Los niños se acuestan y Dorys sale de la habitación rumbo a darle el beso de buenas noches a Lyam, el hijo de su amo. Al entrar en ella, se acerca a su cama. ―Nana, ¿por qué no habías venido? Ya casi me duermo y me hacía falta que vinieras a darme la bendición. ―Mi muchachito lo que pasó fue que me entretuve con tu padre y... pues una sorpresa que te dará el día de mañana. ―¿Una sorpresa? ¿Qué será? ¿Tú sabes algo de eso? ¿Me dices? ―pregunta ―No, no, nada de eso, solo sé que tendrás compañía. ―¿Compañía? ―Sí, ¿Recuerdas que habíamos hablado de compartir momentos con chiquillos de tu edad? Pues, probablemente esos chiquillos ya estén cerca. ―Nana, no quiero a ningún niño que me venga a quitar mi lugar en esta casa, yo soy el hijo del Rey Alfa y seguiré siendo el príncipe, nadie me va a arrebatar ni mi lugar ni mi corona ―dice el niño un poco malcriado, mientras se sentaba en su cama. ―No Lyam, nadie te va a quitar tu puesto, ni tu corona, esos niños han perdido a sus padres, solo nos tienen a nosotros, tú eres un niño comprensivo, tienes que entender que ellos lo perdieron todo y... ―¿Esos niños? ¿Cuántos son, nana? Dime, por favor. ―Son dos chiquillos, Lyam. Un niño más o menos de tu edad y una niña más pequeña. ―¿Una niña, nana? ¿La Luna? ¿Está aquí mi luna destinada, nana? Respóndeme, por favor. ¿Es ella? ¿La niña con la que siempre he soñado? ―pregunta impaciente el pequeño príncipe ―Su olor ha llegado a mí desde temprano, diría que desde ayer. ―Sí mi niño, es ella, pero no le digas a tu padre que te lo he dicho. Es tu luna, tu destino. ―¡Sarah!
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