Los nuevos miembros de la familia.

1524 Words
El príncipe Lyam, estaba muy emocionado al saber que su Luna destinada, estaba en casa, aunque no esperaba que llegara de esa manera tan trágica, sabía que en cualquier momento estaría ahí, muy cerca de él. Estaba al tanto de ello, pues por las noches soñaba con ella, sentía su aroma dulce a pesar de la gran distancia que los separaba, aún siendo un niño, conocía de la profecía. Su madre antes de morir, se lo había anunciado en un sueño, a decir verdad, muy parecido a los que solía tener con Sarah. Esa noche, aunque hizo muchas preguntas que su nana Dorys no le contestó, durmió con una sonrisa dibujada en los labios, al punto de olvidarse de la existencia del otro niño que habia llegado con su esperada Luna. Por su parte, Ian y Sarah, dormían en la habitación de la otra ala de la casa, aunque al principio el cansancio los venció, durante la madrugada, ninguno de los dos podía dormir, pues las pesadillas, se apoderaron de su tranquilidad. «Mamita, no por favor no me sueltes, no me dejes mamá, quédate conmigo mamita, no te vayas, quédate mamá, no me dejes aquí sola, agárrame, agárrame fuerte, mamiiii», gritaba la pequeña Sarah mientras se movía desesperadamente. Mientras tanto, Ian gritaba dando vueltas en la cama... «Noo, déjenme no me lleven, voy a buscar a mis padres, déjenme ir, ¡Auxilio! ¡Sarah! Ven, ayúdame, diles que se vayan, ¡Mamá ven por mí! ¡Te necesito! No se vayan, noo, papá sálvame de este arbol, me quiere llevar, nooo déjenme ir». Dorys entra repentinamente a la habitación, enciende la luz de la lámpara y trata de despertarlos. ―Niños, despierten, ¡Sarah! ¡Ian! Es una pesadilla, despierten por favor. ―les dice el ama de llaves moviéndolos para que salgan de ese mal sueño. «Mamaááá», dice Sarah al despertar, sudando. «Suéltenmeeee, papáaa» grita Ian antes de despertarse, ahogado en la desesperación. ―Niños, vengan beban un poco de agua, han tenido una pesadilla. ―les dice Dorys, alargándoles un vaso con agua a cada uno. ―Señora, he soñado que mi mamá me soltaba y no podía detenerla. ―expresa Sarah bebiendo un sorbo de agua y secándose el sudor con la sábana. ―Yo también tuve un sueño muy feo, señora, unos árboles con caras muy feas, trataban de llevarme con ellos y nadie iba en mi auxilio, me asusté mucho. ―acotó Ian, sentándose en la cama. ―Mis niños, quédense tranquilos, han sido solo eso, malos sueños, traten de calmarse, si mantienen su mente en blanco o pensando cosas bonitas, es muy probable que no tengan esas pesadillas. ―les dice el ama de llaves, tratando de calmarlos. ―Extraño a mi mamita, señora. ―Yo también la extraño, ella nos arrullaba entre sus brazos y ahora... ahora ya no está ―dice Ian entre sollozos. ―No sé como voy a vivir sin la presencia de ella y de mi papá. ―Los entiendo, pero no podemos hacer nada, salvo pedirle a Dios que les de la calma y a ellos, que los cuiden desde donde están, ―les dice Dorys, acariaciando la cabeza de Ian. ―No quiero dormir sola ni con la luz apagada, señora, ¿Puede quedarse un ratito mientras Ian y yo tratamos de dormir? ―Claro que sí, pequeña. Ven Ian, acuéstate junto a tu hermana, me quedaré aquí hasta que concilien de nuevo el sueño. Dorys se quedó junto a ellos hasta que se durmieron, abrazados. Al saberlos rendidos, salió de la habitación dejándoles la tenue luz encendida. A la mañana siguiente, entró de nuevo a la habitación a ver si ya habían despertado, pero los hermanitos, seguían dormidos, por lo que sale de la habitación, sin querer molestarlos, pues habían tenido una muy mala noche para levantarlos. Por su parte, Lyam ya se había levantado, estaba tan ansioso por conocer a los nuevos integrantes de la familia, que casi no durmió en toda la noche, esperando que amaneciera para conocerlos. ―Buenos días papá ―saludó acercándose al comedor para desayunar. ―Buenos días hijo, ¿Cómo dormiste? ―pregunta el Rey, hojeando el diario local. ―Bien papá, amanecí con mucho apetito ―le responde echando una mirada hacia el pasillo. ―Ya veo, porque te has levantado muy temprano. ¿A quién buscas? ―pregunta su padre al verlo mirar a todos lados con curiosidad. ―Ehh, no,,, a nadie, o bueno sí, a mi nana. ―¿Dorys? Está en la cocina terminando el desayuno. Siéntate y deja de buscarlos que aún duermen. ―¿Buscarlos? ¿A quienes? ―No me creas tonto, Lyam. Sé a quienes buscas y tú también lo sabes, algo me dice que tu nana ya te puso al tanto... o ¿me equivoco? ―Ehh, no sé de qué hablas papá. ―Por supuesto que lo sabes, pero aunque esperaba haber sido yo quien te diera la buena nueva, veo que ya se me adelantaron, ―dice mientras ve entrar a Dorys al comedor. El ama de llaves al escuchar las palabras de su amo, le dice: ―¡Oh, señor! Lo siento, es que el niño Lyam me preguntó y... pues... yo... ―No te preocupes Dorys, más bien te agradezco por la ayuda, yo mismo no sabia como comunicarle la situación a mi hijo, que veo lo tomó muy bien. ―Sí papá, de hecho, tengo afán de conocerlos, por fin ya no estaré solo. ―Pues, que yo sepa, nunca lo has estado, tienes a los hijos de Rina y Migdalia, con quienes has crecido o ¿lo has olvidado? ―No papá, no los he olvidado pero... ellos son diferentes, son más humanos que nosotros y sé que aprenderé mucho con ellos dos. ―Me extraña que los celos no te hayan cegado, pues te confieso que tenía un poco de temor por ello. ―Y yo te confieso que al principio sí los tuve, pero no por la niña sino por su hermano, pero mi nana ha sabido hacerme entrar en razón. ¿Cierto, nana? ―Sí señor, al principio el niño Lyam estaba renuente pero luego de explicarle, entendió que ellos ahora forman parte de la familia y se les debe hacer sentir como en casa, sobre todo para que no sufran tanto por la repentina pérdida de sus padres. ―confirmó Dorys. ―Me parece muy bien, eso solo dice una cosa, Lyam, ―¿Qué? ―Que estás creciendo y que cada vez lo haces con más madurez, a pesar de tu corta edad. Sé que serás un excelente Rey, el día que ya no esté aquí. ―Papá, no hable de eso, me aterra la idea que ya no esté aquí, además usted va a vivir muchos años, lobos y humanos, de eso estoy seguro. ―La muerte es parte de la vida, ya ves lo que le ha pasado a los padres de esos niños. ―Lo sé padre, pero... el desenlace de ellos, estaba escrito, y mi luna debía llegar a mí para cuidarla y protegerla eternamente. Por cierto, ¿A qué hora se van a levantar esos niños? Duermen mucho, ya quiero conocerlos. ―Recuerda que ellos pasaron una muy mala noche, hay que dejarlos descansar, por lo pronto, ocúpate de desayunar, ya más tarde los conocerás. ―Está bien papá, buen apetito. ―Buen apetito mi muchacho. Mientras padre e hijo desayunaban, Dorys subía a la habitación donde se encontraban los hermanitos Gold Myerston, despertando. ―Buenos días, mis niños, ¿cómo durmieron? ―Buenos días señora ―contesta Sarah estirándose e incorporándose. ―¿Cómo amaneciste niña bonita? ¿Tienes hambre? ¿Quieres ir a desayunar a la mesa con el amo y su hijo? ―pregunta Dorys a la niña. ―Buenos días señora ―saluda Ian, quería disculparme con usted por el mal rato con las pesadillas, anoche. ―No te preocupes mi muchachito, fueron solo malos sueños, ya eso irá cambiando. Ahora, ¡Vamos! Es hora de asearse y desayunar. Abajo están el amo y su hijo, esperándolos. ―El señor y... ¿Su hijo? ¿Tiene un hijo? ―Sí, el niño Lyam, es contemporáneo con ustedes, bueno, más contigo Ian, sé que se la van a llevar muy bien. ―¿Hay otro niño aquí? ―pregunta emocionada la pequeña Sarah ―¡Qué bueno! Así tendremos con quién jugar y... ―El tiempo se pasará más rápido ―interrumpe Ian ―vamos a lavarnos la cara hermanita, ehh... pero no tenemos ropa para cambiarnos. ―No se preocupen por eso, todo tiene solución. Los niños asienten a lo que Dorys les dijo, al cabo de un rato bajaron a la mesa a comer con el viejo Rey y su heredero. ―Buenos días, señor. ―saludan los niños al unísono. ―Buenos días niños, adelante, siéntense ―les respondió el viejo Rey. Lyam dejó la cucharilla en la mesa y volteó a ver a Ian y a Sarah, saludó a Ian con la mano y al ver a su esperada luna,..
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