Sus manos temblaron un poco. Él sabía que en cualquier momento, ella llegaría, solo que no estaba del todo seguro para cuando sería. De pronto, el rastro de su olor lo hubo perdido, por lo que no sabía, cuando la vería de frente. Los nervios casi lo traicionaban, sus palabras no terminaban de salir, siquiera para saludarla o para invitarla a que probara el atol que les había hecho su nana para desayunar.
Todo era muy confuso para Lyam, mientras que para Sarah todo parecía ser más sencillo de lo que parecía.
―¡Hola! Yo soy Sarah ―le dice mirándolo mientras sonríe ―Y él, es mi hermanito Ian.
―¡Ho.. Ho.. Hola! Sa... Sarah, ehh, sí, ya saludé a tu hermano, Yo soy, Lyam ―le dice titubeando un poco.
―¡Hola, Lyam! Es un gusto conocerte, espero que podamos ser buenos amigos ―comenta Ian antes de probar bocado. ―Por cierto, esto está delicioso señora, muchas gracias.
―A la orden mi muchachito, veo que te ha gustado el atol acanelado ―responde Dorys, sonrojada.
―Espero que sí, es más, estoy seguro que así será. Somos contemporáneos, como dice mi nana, por lo que sé que seremos muy buenos amigos y yo me encargaré de ayudarte a cuidar mucho de Sarah, bueno, claro, si tú no te molestas, Ian.
―Claro que no he de molestarme, creo que seremos los tres como hermanos, bueno, es que... pues, como Sarah y yo no tenemos familia, pensamos que ustedes... ehh... ―comentó Ian en ráfaga como acostumbraba a hacerlo, a veces sin medirse, pero se cohibió al ver el semblante serio del viejo Rey.
―¿Qué te ha pasado Ian? Parecías muy emocionado al responderle al niño Lyam ―acotó el ama de llaves, mirando al niño y a su amo.
―Ehh, no, pues, es queee, me pareció que lo que decía le molestó al señor y creí que lo mejor era callar. A veces digo las cosas que siento y lo hago sin pensar, perdón señor si le incomodó mi comentario. ―dice Ian mirando al viejo Rey, mientras los otros lo miraban atentamente a él.
El viejo Rey lo miró con mucha seriedad, pero le guiñó el ojo al ama de llaves y a los otros niños, a modo de complicidad y para hacerle una pequeña broma a Ian.
―Mmm, si bien es cierto que hablas de más y dices cosas inesperadas, en eso no te voy a quitar la razón, pero... con respecto a que nosotros ¿Somos ahora tu nueva familia? Ehh, pues... ―el niño lo miraba con un poco de susto ―También tienes razón, y ustedes son bienvenidos aquí en mi casa y en nuestra manada.
Lyam, Dorys y Sarah sonrieron ante la afirmación del viejo Rey, sin embargo, Ian no lo hizo, aunque lo que había dicho era que sí formarían parte de la familia, él escuchó la palabra “manada” y eso lo dejó un poco pensativo, por lo que se mantuvo serio ante ellos y, preguntó.
―¿Manada? Ha dicho usted ¿Manada?
―Sí, he dicho manada, pero porque es una forma de decirle a mi familia, somos muchos los que convivimos en esta aldea y todos los que están alrededor de nosotros, son parte de nuestro núcleo. Las niñas, niños, hombres y mujeres vecinos, todos somos parte de un todo. ―le contesta el Rey sin siquiera titubear aunque lel niño lo agarró fuera de base, como quien dice.
―¡Ahh!, ya me había asustado, pensé que se trataba de los lobos que mamá decía que estaban en las películas o de las que he escuchado en la playa, que habían en esta zona. ―dice Ian un poco más calmado.
―¿Qué pasa Ian? ¿Te dan miedo los lobos? ―pregunta Lyam, curioso.
―No, no es eso, a mi no me dan miedo, de hecho, mamá siempre me regañaba por culpa de Sarah, porque ella se antojaba de ver las películas de hombres lobo que yo veía en mi tablet antes de dormir, y luego ella tenía pesadillas a causa de ello.
―¿De verdad tenías pesadillas, Sarah? ―vuelve a preguntar Lyam
―Sí, solía tenerlas pero no eran pesadillas, sino sueños acerca de mi futuro. Mi vida a futuro será junto a los lobos, eso lo tengo más que claro. Pero... ―Sarah se entristece un poco ―Mi mamita no me creía y nadie en casa lo hacía, ni siquiera el psicólogo con el que me llevaron, me hicieron muchas terapias y yo seguía soñando lo mismo.
El viejo Rey y Dorys, al ver que la niña se entristeció por el recuerdo de aquellos días junto a su madre, decidieron no continuar con el tema, para evitar que la tristeza, embargara de nuevo a los niños que desde ese entonces, formarían parte de la familia, por lo que en un cruce de miradas, esperando aprobación de parte del Rey, el ama de llaves les dice a los niños:
―Bueno, ya que veo que han comido todo su desayuno, por lo tanto, pueden salir a jugar. Lyam, llévalos a conocer los alrededores y preséntales a los demás niños. Recuerda que de ahora en adelante, Ian y Sarah, son parte de nuestra familia. ―dice Dorys, recalcando el término.
―Sí nana, así lo haré. Vengan chicos, vamos afuera, los llevaré a conocer a mis amigos.
Los niños se levantan de la mesa, no sin antes pedir permiso para hacerlo, pues sus padres les habían inculcado buenos modales y valores. Cuando Lyam se levanta, su nana lo llama aparte para decirle:
―Niño Lyam, no le hables acerca de la manada ni de lo que somos realmente, no queremos que se vayan a asustar, ya tu padre y yo, nos encargaremos de hacerles saber quienes somos, ¿está bien?
―Sí nana, descuida. He notado que aún no están preparados, pero no te preocupes, sé que con el tiempo, entenderán.
Las palabras de Lyam llenaron de orgullo a su padre y a la misma Dorys, sabían que el futuro príncipe y heredero, sería un buen rey a futuro, así como también sabían que su luna lo respaldaría siempre, desde el primer momento, pero como bien dicen los ancestros, todo debe llegar a su tiempo.
Hacía una mañana asoleada y muy hermosa, los árboles de la zona se balanceaban con la suave brisa que los invadía.
Ian y Sarah, se sentían queridos y no es que estaban olvidando a sus progenitores, no, pero al menos, sabían que podían refugiarse en el calor de ese hogar, que si bien, no era el que ellos añoraban, era lo único que tenían y a lo que sabían que poco a poco se amoldarían con el recuerdo de sus padres en sus corazones.