—¡Ay, caramba! Perdón por interrumpir —dijo Becky Ann—. Supongo que tienes que entrenar... y esas cosas de estrellas porno... —Entonces abrió mucho los ojos—. ¡Tengo que orinar ahora mismo! —Saltó al cubículo del baño. ¡Zas! Se le cayeron los pantalones y las bragas. ¡Splash! ¡Fsssssh! Un gran suspiro mientras seguía orinando a borbotones en el inodoro. Cuando solo le quedaban gotas y chorritos, dijo—: ¿Qué haces aquí un sábado por la noche? ¿Fue todo mentira? Parecía tan real lo que tenías. No es que yo lo sepa. Pero me dieron muchas ganas de saberlo. Muchísimas. Desde entonces no he parado de moverme. —No lo sé —dijo Kelly—. ¿Te parece buena idea casarme con una estrella del porno? —Casi me orino de la risa cuando bromeaste con presentárselo a tus padres —dijo Becky Ann—. Todos lo hici

