Los días pasan con una premura enloquecedora, como si no fuera capaz de recordar la fecha o el día. Mi madre se la pasa horneando tartas de manzana, para tratar de consolar su corazón con el dulce de las recetas de mi abuela. Apoyo mi cabeza de mis manos postradas en la isla de mármol blanco de la cocina, para ver a mi madre con un impecable delantal, hornear otra tarta. Dejo salir un suspiro fuerte, cuando el olor llega a mis fosas nasales, dándome un lindo recuerdo. ─Presiento que alguien más que yo, necesita un poco de azúcar─ menciona mi madre, dejando sus ojos verdes en mí para cerrar el horno. ─La verdad necesito como una tonelada, no sé qué me ocurre─ pronuncio, irguiéndome en el taburete. ─Estás enamorada, es eso. Y como madre, sé que eso es nuevo para ti ¿Lo extrañas? ─Madre,

