Una mano de él se interpone en mi vista, llegándome la duda de si tomarla. Cuando poso mi mano encima de la de él, inmediatamente mi tacto le reconoce, llevándome a sentir algo en mi piel. Quedo erguida al frente de él, mis piernas quieren fallar ante su imponente presencia, tambaleándome. Él me sostiene, colocando su otra mano en la parte baja de mi espalda, creando aún más el crecimiento de mis sentidos que están enloqueciendo. Me alejo de él, como si tocarme ardiera. O para colocarme a salvo de que no salte encima de él y sus labios. Mis nervios no se esperaban esta interrupción de su presencia tan pronto, no se esperaban que sintieran lo mismo al verle de nuevo. Trago con dificultad, observando lo hermoso que se denota aún con sus ojeras malvas debajo de sus ojos azules y su barba de

