Habitación

1340 Words
EMMA Nunca hemos sido una familia tan unida a pesar de no ser un grupo grande. Digamos que el núcleo familiar de esta casa la conforman mi madre, la abuela Elsa, Kate y… bueno, creo que yo. Ahora ya no estoy tan segura. De todas las mencionadas anteriormente la única que quizá me ha tolerado desde que comenzó mi existencia, es mi abuela, aunque tampoco es como si fuéramos muy unidas. Creo que Kate no es del todo de su agrado.  A medida que me voy adentrando en la casa, me voy dando cuenta de los cambios que ha tenido en estos años. La puerta que antes era de madera, ahora tiene un marco de metal y está hecha de vidrio templado, con pequeños y finos acabados de cristal en forma de diamantes. El corredor, que tenía un pequeño bache en medio del piso, de una vez que dejé caer una bola de boliche en él, porque estábamos molestando a jugar a los bolos con Noah, ya no está; El ventilador de techo hecho de madera, con decoraciones colgantes en forma de estrella ha desaparecido, y en su lugar se encuentra un lujoso ventilador de metal y plástico con adornos de vidrio, y las pinturas y diplomas que dejé sobre mis días buenos en el colegio, ahora han sido suplantado por logros, medallas, reconocimientos y condecoraciones de Kate.  Me siento una visita, pero es que de hecho lo soy, y quizá no debería importarles lo que hagan o dejen de hacer con las paredes y cada uno de los rincones de esta casa, pues al final fui yo quien decidió irse, pero por alguna tonta razón me importa y también me afecta.  Ahora pienso que por qué no me quedé en la casa de papá.  Es más grande, hay más espacio, no estaría incómoda y aparte de que hay más silencio para meditar, no estaría cerca de Kate y Noah, viendo su romance de película desde la primera fila.  —¡Vaya, querida, pero si que has engordado! —menciona mi tía Loise, hermana mayor de mamá. Una señora de cabello rizado en exceso, pechos caídos, dientes un poco salidos y mirada criticona. No hay nada que se escape de su radar. Como la libra de más que gané en el aeropuerto mientras comía una golosina y esperaba a mi madre. Sí, seguro ella tenía rayos láser para saber eso.  Dibujé una sonrisa amable, de esas que me había acostumbrado a dar una vez que empecé a trabajar con la señora Wood. No solía ser una chica hipócrita, pero en el camino te encuentras con personas que te enseñan a ser así. No me gustaba, pero en ocasiones era de manera automática que esa actitud salía.  —Yo la veo bien. —Defiende la abuela, mirando con desdén a mi tía. —Tú a su edad apenas y subías las escaleras.  —¡Mamá! ¡Yo a su edad ya estaba embarazada!  La abuela, como toda persona que sabe como callar a la gente sin tanto rodeo, expulsa un bufido y hace una mueca.  —Peor todavía.  Mi tía la mira mal, se levanta del sofá y sale de la sala dando grandes zancadas.  —Bueno. —Sonríe Kate con falsa simpatía. —Dos minutos aquí y ya provocaste una pelea.  Estira su brazo por sobre mi cuello, me abraza como si quisiera decirme algo en secreto, y así es, pero solo me dice algo que confirma que mi presencia aquí es nada más para fastidiar mi vida.  —Que ni se te ocurra provocar una pelea entre Noah y yo. Más mío no puede ser, así que aléjate, hermanita.  Cuando se aparta me sonríe con inocencia, como si no tuviera maldad en su alma.  Siempre he creído que las personas que obran mal, en algún momento pagarán por ello, pero mientras más pasa el tiempo siento que solo los que no han hecho nada malo, pagan las maldades de otros.  Estudio psicología porque siempre pensé que la maldad solo estaba en la mente. Que la mente era la causante de todo. Ahora comienzo a creer que el aura de Kate es mala y oscura.  Por una parte ignoro lo que dice, pero por otra ese: «Más mío no puede ser» me lastima, porque sé que es verdad.  Saludo a mi abuela con un beso en la mejilla, luego paso de largo por donde está parada mi tía, hablando con mamá, y subo a la que era mi habitación.  Siempre pensé que al regresar sería así como en las películas. Llegaría a mi habitación, abriría despacio la puerta, y tras ella encontraría mis cosas tal cual las había dejado. Pero contrario a eso lo que encuentro hace que se me revuelva el estómago y me duela el corazón.  Ya no hay nada mío. Ni mi cama, ni mis cuadros, ni siquiera el papel tapiz con figuras de osos que yo dejé puesto antes de irme. Ahora todo se reduce a una cuna, una bañera para bebé y muchos artículos infantiles.  «No puedo más». Trato de dar la vuelta, pero al momento de girar me llevo un exabrupto golpe en el rostro al chocar con un pecho duro.  Es Noah. —Emmi… —Y-Yo...—mis lágrimas están a nada de salir y al parecer Noah lo nota porque intenta abrazarme, pero me aparto con premura y retrocedo. —Creo que lo mejor es que llame a papá y…  —Lo siento, olvidamos decirte que habíamos arreglado todo para cuando creímos que Kate estaba embarazada…  —¡¿En mi cuarto?!  El chico asiente rascando su nuca y evitando mirarme a la cara.  —No contestabas, te fuiste de la nada y… No puedes culparnos por usar tu cuarto si ni siquiera pensabas volver, Em. Sacudo mi cabeza apartando algunas lágrimas de mis ojos.  Siempre creí que conocía a Noah, desde que éramos pequeños compartimos todo, inclusive hasta el chicle, pero ahora él también, al igual que la casa, era desconocido para mí.  Lo único que lamentaba es que mi idiota corazón no comprendiera que las cosas hace mucho habían cambiado, y que la persona que amaba ya no existía.  Me costó reprimir mis lágrimas, pero después de un fuerte intento lo logré, sequé mis mejillas y negué.  Él tenía razón en algo, no podía culparlos por hacer como si yo no existía cuando la decisión de marcharse y apartarse había sido mía, pero creía que esta, incluso con todo en mi contra, seguía siendo mi cuarto.  Miré el cuarto de huéspedes que estaba justo a la par.  —Había un cuarto de huéspedes, Noah…  —Kate dijo que quería este…  —¡¿Y tú haces todo lo que dice Kate?!  —¡Sí!  —¡¿Por qué?!.  —¡Porque la amo!  «Adiós estocada final al corazón».  En este punto de mi vida es cuando me autocompadezco, pero no, ya no más.  Quizá es hora de empezar a madurar y aceptar que las cosas no siempre van a estar bien, o en mi caso, siempre me saldrán mal.  —De acuerdo. —Tomo mi maleta y miro a Noah a los ojos. —Me quedaré en el cuarto de huésped…  Me detengo al abrir la puerta y ver todas las cosas de la tía Loise dentro.  —Em… —No. —Detengo a Noah y lo escucho suspirar. —Está bien. Quizá deba quedarme en la sala esta noche o… llamaré a mi papá…  El rubio suspira y deja su mano en mi hombro.  —De verdad lo siento.  —Descuida. —Me alejo de él tan rápido como puedo. Es como si el toque de su mano me quemara. —Gracias.  Tomo mi maleta de nuevo, bajo las escaleras y le marco por el móvil a papá, para avisarle que llegué y me quedaré una noche en su casa.  Mañana comienza a una semana ajetreada de la que por desgracia seré parte.  A lo mejor solo me tengo que rendir.  De igual manera la batalla está perdida. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD