EMMA Estoy en la entrada del salón y siempre que digo que voy a dar un paso, que lo voy a lograr y que soy valiente, caigo en cuenta de lo cobarde que puedo llegar a ser cuando se trata de mi familia. Todavía no caigo en cuenta de que fue lo que se apoderó de mí el día que decidí irme. Sea lo que sea, necesito que regrese y me haga ser valiente. Alex no me ayuda para nada. —¿No piensas entrar? —Pregunta hastiado y a punto de explotar de la impaciencia. Me vuelvo un ovillo. —Es que porque lo pienso es que no lo hago. —Me doy la vuelta y lo tomo de las orillas de saco, dejando mi cabeza sobre su pecho. —Soy un desastre. —Comienzo a golpear mi cabeza contra sus duros pectorales, decayendo en gran manera mientras él desliza una mano por mi cabello. —¿Y si mejor olvidamos todo esto?.

