EMMA Supongo que siempre es más fácil aceptar las mentiras, incluso las que nos creamos que la verdad que sabemos que nos lastimará. Constantemente pensaba en mi familia cuando estaba en Los Ángeles, pensaba en Noah, pensaba en Bonnie, Sam y todo lo que había dejado atrás. A menudo me daban ganas de volver al pueblo cuando la situación se volvía difícil allá. Solía decepcionarme que las cuentas fueran muchas y el dinero fuera poco. Sin duda extrañaba eso de Aberdeen. No tener que preocuparme por perder un tiempo de comida porque no tenía para almorzar, la comodidad de no tener que correr de un lado a otro para llegar a clase a tiempo o ser puntual en mi empleo, el cual durante mis primeros once meses fue en una céntrica y colorida cafetería en el centro de Long beach. Y no, no tenía tiem

