EMMA
Pedirle ayuda a mi padre tampoco había sido tan buena idea. Le hablé por la mañana después de una, para nada, gratificante noche en el sofá viejo del ático de mi casa, para decirle que me quedaría en su casa, en la antigua habitación donde dormía cuando iba de visita a su casa. La habitación que me había sido otorgada en el pasillo principal de su cómodo hogar.
Sin embargo, no había salido como lo esperaba, puesto que él había salido de viaje por dos días y en casa solo se encontraban Sam, mi madrastra. Lo malo no era eso. Como había dicho antes ella y yo éramos muy cercanas, pero daba la casualidad que mi habitación había sido ocupada de repente por el hermano de Sam y yo estaba en el mismo punto donde comencé.
Podía rentar un apartamento, ir a un hotel, vivir en la calle o solo volver a California. Quería, pero por alguna razón seguía ahí, siendo el ser más masoquista del planeta, o tratando de que aunque sea una vez en la vida me notaran.
Quería ser psicóloga, pero si el paciente fuera yo, diría que solo quería llamar la atención convirtiéndome en la víctima, y eso era algo que definitivamente no permitiría.
—Buen díaa… —Murmuro con voz cantora, caminando hasta el mostrador de madera de aquel pequeño local. Tengo que distraerme con algo, y ya que salir a correr temprano por la mañana no me había funcionado, decidí ir de visita a la única cafetería que sabía que me serviría de aliento y de paso, el café no me daría la impresión de que podía llevar veneno, como el que Kate había preparado en casa por la mañana.
—Buen día. Bienvenida al coffee cup de Bonnie. ¿Qué le sirv…?.
Se detiene al ver que soy yo. Sus ojos se vuelven agua, lleva sus manos a su boca y forma una sonrisa tan ancha y genuina que me provoca ganas de llorar de la emoción.
Sale corriendo, se salta la pequeña barandilla donde se hacen los pedidos y me abraza como si le acabase de decir que se ganó la lotería y que es billonaria.
Es la clase de recibimiento que toda persona normal y en sus cabales espera recibir de su familia después de dos largos años de ausencia, pero que al final yo solo he obtenido aquí, con ella, la única y verdadera mejor amiga que puedo tener.
—Es increíble. —Le digo a puras penas, conteniendo el nudo en mi garganta. —A ti te vi hace dos días a través de la pantalla de mi laptop y me saludas como si no me hubieras visto en años, y a mi madre, Kate, Noah y hasta la abuela parecía que me habían visto hace apenas dos horas.
La hermosa morena se aleja, me mira con un poco de pesar y me jala de la mano hasta una de las mesas. Para ser específica, donde nos sentábamos siempre antes de que yo me diera a la fuga.
—No te sientas mal. Siempre has sabido que son así…
—No con Kate.
—No, pero tú no eres Kate, eres mi mejor amiga. —Alienta y, como si fuera un milagro, me hace sentir mejor. —Y si esperas que tu familia te trate igual que a ella, estás muy loca y demasiado equivocada. Nadie de tu familia te merece. — dice, ofreciéndome un panquecito. —Y sí, me molestó que te fueras sin decir nada, pero lo entendí cuando vi a Kate pasear por el pueblo de la mano con Noah. —Rueda sus ojos y hace una mueca de desagrado. —No me imaginé que Noah fuera tan idiota.
—No es idiota. —Hablo como la idiota que soy, defendiendo lo indefendible. —Él solo está enamorado.
—¿Enamorado?. La tipa se ha tirado a varios tipos, la tiene más abierta que la posibilidad de convertirse en actriz porno, y sabes que audicionó.
Mis mejillas se calientan al escucharla recordar aquello. Había olvidado por completo aquel tema de Kate, y es que descubrí un video entre su ropa vieja un día que me invitó a una salida con sus amigos y yo no tenía nada que ponerme. Quería ser social, pero mi falta de vestuario adecuado me bajaba la moral, así que de ella salió la idea de prestarme uno de sus vestidos. La chica tiene buen gusto en ropa, así que no me importó que hubiese sido usada antes por ella. Quería encajar. Sin embargo, luego de haberme alistado con la ropa que me había sugerido, fuimos a la reunión con sus amigos y durante toda la fiesta me humilló junto a sus amigas por haberme puesto su ropa, que por lástima a mí no había tirado todavía a la basura, pero que después de que yo lo usara lo haría.
Sí, un golpe duro para mi autoestima, y un inminente disparo a nuestra relación fraternal.
Después de eso ya no pude confiar en ella, pero tampoco pude sacarme el trauma de ver su videito erótico en el que audicionaba para una película para mayores llamada "Métela lento".
No podía con mi trauma, tenía que desahogarme y la única en quien confiaba era ella.
Pensando en eso estaba cuando un estremecimiento me sacudió entera, y al levantar la mirada lo vi…
Era él…