Después de salir del consultorio de la señora Wood ya nada fue lo mismo. En mi memoria tenía grabada aquella mirada, en mi piel los estremecimientos que me hizo sentir y en el corazón la sensación encontrada de un latido fuerte e incontrolable. No presté atención al resto del camino. Solo sé que de alguna forma llegué a casa, encontrando a Bonnie y a Melanie preparando un postre, mientras mi bebé dormía sobre el enorme sofá. Lo tomé despacio, cuidando de que no despertara y lo llevé a la habitación. Me recosté a su lado, le di un beso en la sien y lo abracé fuerte a mi pecho, recordando ese día, ese momento, ese pequeño minuto en el que me dijo que quería tanto un hijo, pero ahora lo tenía y no estaba aquí. Ni lo estaría. —Una cosa es cierta. —Le dije, antes de quedarme dormida. —F

