Las manos me temblaban, podía sentirlas ligeramente húmedas, me sentía más nerviosa de lo que esperaba mientras nos colocábamos frente a las gigantescas puertas que nos separaban de la sala del trono, lugar donde se celebraría el gran baile, el suave sonido de música llegaba de un modo apagado hasta donde nos paramos, mi amado príncipe me dedicó una sonrisa mientras daba un ligero apretón en mi mano, sostenía firmemente entrelazados nuestros dedos y observe atentamente mientras dos sirvientes colocaban las coronas tanto del príncipe como de la princesa sobre sus cabezas, y tratando de relajarme imite su misma postura, cuando una voz desconocida hasta cierto punto y conocida de maneras inexplicables llegaba hasta mi.
*“No temas mi niña, eres una reina en tu propio derecho, y esta noche tú eres mi representante, te daré mi seguridad para que te mantengas en pie ante nuestro enemigo, deberás tener cuidado, pero siempre pisa firme y deja una huella allá donde vallas.” *Supe muy dentro de mi que esa era Morgana, dándome su apoyo, había enfrentado cosas mucho peores en mi vida, al ser una huérfana en un mundo que siempre te obligaba a competir, en un mundo tan lleno de buenos como malos, había enfrentado cosas peores, así que tomé toda la fortaleza, tanto mía como ajena y me paré firmemente mientras seguía los pasos del grupo adentrándonos hacia la gran e iluminada sala donde todos los invitados de gran alcurnia nos esperaban.
-¡Con ustedes sus altezas reales el príncipe heredero William Draconi, comandante del ejército imperial y protector de su pueblo, y la princesa Meryot Castillana, duquesa del reino de Marion!- La potente voz del anunciador real llegó hasta nosotros en cuanto abrieron las gigantescas puertas, dejándonos ver una sala hermosamente decorada y completamente llena de personas que en ese momento hacían una reverencia, se podía sentir el momento reverencial que estaba presenciando, pero el sonoro carraspeo del anunciador hizo que varios levantaran la mirada hacia nosotros. -Acompañados por Lord Marco Hillmester, Gran Duque de Hillsmond y Lady Hana.
Un murmullo de sorpresa lleno la habitación en cuanto mi nombre fue pronunciado, las miradas atónitas de todas las damas de la sala se centraron en mi, por un segundo me sentí algo intimidada; sin embargo la mirada tanto furiosa como atónita del rey logró sacarme una sonrisa, un lado macabro y sadico de mi amaba molestar a ese horrible hombre y disfrutaba con la envidia velada de las demás mujeres.
Caminamos los cuatro hasta colocarnos justo frente a los tronos de los reyes, que se encontraban en una elevación del terreno, separados del resto por unos cuantos escalones, al llegar hasta ellos realizamos las reverencias de protocolo y observé cómo la reina sonreía verdaderamente feliz al vernos tomados de las manos, parecía que ella disfrutaba del cambio en la historia tanto como yo.
-Sean todos bienvenidos a este día de celebracion,- en cuanto la música se detuvo, el Rey se puso de pie y tratando de disimular su molestia sonrió sin expresar verdadera alegría y pronunció su discurso de bienvenida -celebramos el aniversario del nacimiento de mi primogénito esperando poder afianzar y perdurar las relaciones entre nuestros reinos, por favor comed y bebed tanto como os gusteis, disfruten de nuestra hospitalidad y ¡que inicie el baile!
Sentía como si sus palabras escondieran una amenaza velada, pero no pude pensar mucho más en eso ya que la música volvió a soñar con más fuerza y William me tomo de la mano llevándome hasta la pista de baile, la cual estaba completamente despejada, al ser él el celebrado y el heredero del reino, el primer baile debía ser suyo, recordé cuando escribí esta escena la primera vez, se suponía que él estaría al lado de su padre cuando la princesa fuese anunciada, que esa sería la primera vez que se verían, que ellos iniciarían el baile y la magia surgiría entre ellos, que al verla con el hermoso vestido dorado que le había enviado se enamoraría perdidamente de ella, de su inocencia y ternura.
Pero eso no había pasado, y ahora estaba yo aquí, luciendo como la reina de la noche y bailando al compás de una canción que había venido a mi mente durante esa primera noche de escritura, siguiendo un ritmo que me era desconocido pero que sin dudar podía seguir, cerré los ojos y dejé que el calor de la mano de mi príncipe contra mi cintura y en mi mano me llenara por completo, lo dejé guiarme a través de la enorme pista de baile y me sentí como la verdadera princesa de un cuento, de mi propio cuento, sabía que aún habían murmullos al rededor nuestro, que el rey seguiría ahí parado observándonos con odio, pero nada de eso importaba ahora, la felicidad me inundó por completo y me hizo sonreír, disfrutar algo que la mayoría solo puede vivir en sueños, una experiencia única por la que valía la pena arriesgarlo todo.
-Te vez aún más hermosa cuando sonríes.- Sintiéndomelo algo tímida alcé la vista hasta un sonriente William, suprimí mis ganas de besarlo solo por estar rodeados de personas que nos observaban atentamente.
-Gracias, este será un momento que llevaré conmigo hasta mi último día, ha sido más mágico de lo que esperaba.- La música comenzaba a aumentar su ritmo, provocando que William acelerara nuestro paso, nuestro alrededor giraba a gran velocidad por la periferia de mi vista, pero mi atención estaba centrada en mi príncipe, en su sonrisa y en la forma en que me observaba.
-Me aseguraré de que disfrutes de tantos momentos especiales como sea posible reina mía, mi felicidad será la tuya por siempre, y mi corazón será tuyo aún cuando deje de latir, así deba seguirte a través de vidas, siglos y mundos, te seguiré amando.
-Te amo William, siempre lo he hecho, aún antes de conocerte, y por siempre lo seguiré haciendo, te juro mi vida y mi corazón, siempre estaré contigo, aún cuando ya no puedas verme, estaré ahí, amándote.- Hablamos en susurros apenas audibles a través de la música que poco a poco adoptaba un tono más lento y bajo, acercándose al final de este maravilloso momento que guardaría por siempre en un lugar especial de mi corazón, finalmente nos habíamos podido decir esas palabras secretas que podían meternos en más problemas de los que podríamos imaginar, esas palabras que había querido tanto decir como escuchar desde la primera palabra que escribí de esta historia, ahora sabía que cuando fuese mi momento de volver, mi corazón se quedaría aquí, junto a él.
Para el momento en que la música finalmente se detuvo nos alejamos un poco el uno del otro y nos hicimos reverencias mutuas, el murmullo y los aplausos de los espectadores rompieron poco a poco la magia en que nos habíamos encerrado, centrados por completo en nuestro propio mundo de dos pobladores, con una sonrisa nos volvimos a tomar de las manos y comenzamos con la siguiente pieza de baile, los demás se fueron uniendo a la pista de baile con sus propias parejas mientras el baile cobraba vida propia.
Recargue mi cabeza contra el hombro de William disfrutando de ya no ser el centro de atención, ahora perdidos entre los demás bailarines gozábamos de un poco más de libertad y me dejé llevar por la hermosa música, parecida a los ritmos que alguna vez había escuchado como tonadas medievales de mi propio mundo, acompañados por el firme sonido del latir del corazón de William, perdida entre la hermosa música y su calor corporal disfrute del primer y quizá único baile real que tuve el honor de asistir.