Ni bien cerré el portal me dejé caer de rodillas sobre la h****a, perdiendo toda la fuerza sollocé cubriendo mi rostro con las manos, deje que la obscuridad del bosque me cubriera y arropara con su silencio, casi como una madre abrazando a su amada hija, un grito desgarrador salió de mi pecho, no sabía porque me sentía tan rota, tan dolida, pero sabía que mi furia se podía sentir, palpable, y cada vez con más fuerza recorriendo cada rincón, le había gritado al mundo que no solo era real y estaba viva, también había gritado que estaba lista para luchar, y ahora que lo había comenzado pensaba llevarlo hasta sus últimas consecuencias.
A los pocos segundos logre escuchar suaves trotes, pasos que comenzaron a rodearme desde todas direcciones, traté de controlar mi respiración y sentí una pequeña y peluda cabecita chocar contra mis manos, tratando de llamar mi atención, sabía de quien se trataba sin tener que levantar la cara, pero el suave ronroneo reconfortante me confirmó la presencia de Mika restregándose contra mi, quite las manos de mi rostro y observé su mirada preocupada y atenta, su dulce carita me hizo sonreír por encima de la tristeza que me envargaba, riendo acaricié el suave pelaje de su cabeza y tomándola en brazos me puse en pie, admiré a mi alrededor y observé que estaba rodeada de una gran serie de seres mágicos, tanto Kiki estaba a mis pies frotándose contra mis piernas, como unicornios, zorros de nueve colas, elfos, pixis, hadas, quimeras, una manticora, lobos gigantescos, entre algunos más que se cubrían con las sombras.
-Todos vimos lo que ocurrió,- Sin dejar de ronronear comenzó a explicar Mika produciendo una voz que sonaba graciosa pero adorable, -sabemos que el ha amenazado no solo tú vida, sino nuestra existencia al completo, y estamos listos para seguirte a la guerra contra ese rey, cuentas con todo nuestro apoyo y lealtad.- Lucho por un segundo para bajar de mis brazos, dejándose caer al piso y cubriendo su figura con una resplandeciente luz brillante, asombrada vi como su cuerpo cambió poco a poco hasta convertirse en una gigantesca tigresa de proporciones descomunales, su cabeza con facilidad llegaba a la altura de mi pecho, en medio de mi incredulidad la observé mientras se inclinaba con elegancia haciendo una profunda reverencia, seguida por todos los seres que nos estaban rodeando. -Su majestad, la seguiremos hasta la victoria o hasta la muerte, la apoyaremos hasta el inevitable final.
-Gracias Mika, eres la mejor compañera del universo,- acaricié con ternura el pelaje entre sus orejas, sin importar su tamaño, siempre sería mi pequeña gatita. -lamentó haberme expuesto imprudentemente ante el enemigo,- comencé a hablar dirigiéndome a todos los seres que me observaban atentamente -pero lo qué pasó hoy, sé que ha servido para sembrar una semilla de duda entre los regentes que vieron lo ocurrido esta noche, sin embargo, estoy segura de que no se dejará derrotar fácilmente, amigos míos, la guerra tocará nuestra puerta antes de lo que podríamos imaginar y debemos estar listos para enfrentarnos a aquellos que han despedazado nuestro hogar, arrebatándonos a nuestros seres queridos, es tiempo de poner fin al reinado de terror que hace ya años cayó sobre nosotros, somos más fuertes que la maldad que nos acecha y ahora estaremos listos para derrotarlo, para vengar cada pérdida, para terminar con aquello que robó la magia y recuperaremos todo aquello que nos pertenece, no nos cubriremos más con las sombras, estamos listos para levantarnos y gritar ¡Basta! Estamos listos para levantarnos y luchar, ¡es tiempo de que nos alcemos con la victoria!
Un gran clamor de pesuñas, gruñidos, aullidos y gritos procedentes de cada habitante del bosque se alzaron a mi alrededor, este sería el grito de guerra que se haría escuchar hasta el más remoto rincón del mundo, los seres mitológicos estaban listos para la batalla y yo, en la forma de su regente, me encargaría de llevarlos hasta la victoria, no dejaría que ese ser maligno nos arrebatara nada más, y mas importante aún, salvaría a mi amado príncipe, pasará lo que pasará, protegería cada vida que ahora estaba bajo mi protección, y la suya, era ahora una de ellas.
-Majestad.- Una voz masculina me saco de mis pensamientos, observé como un hombre alto y de buena constitución física caminaba hasta mi, su tez era extremadamente blanca, las orejas ligeramente puntiagudas y poseía un largo y rubio cabello casi llegando al blanco, parecía un hijo de luz de Luna, pero era la pequeña tiara que parecía brotar de su cabeza fue lo que llamó más mi atención, camino hasta mi y a unos pasos de distancia tomo mi mano y se inclinó ante mi, besando ligeramente mis nudillos.
-Príncipe Elion- Mika corrió a ayudarme con el ser que se presentaba ante mi, luche por recordar las partes que seguían en borrador en mi computador y recordé al príncipe de los elfos, me había sentido insegura de usar a los otros personajes que habían venido a mi, involucran más de lo que me sentía capaz de representar, sin embargo, la gran bruja del bosque no estaba sola, había luchado por años con las alianzas entre las especies mitológicas previendo el momento en que el rey pretendiera invadir lo que quedaba del bosque, la historia estaba demostrando ser mucho más que una bruja maligna solitaria en un bosque encantado y ella me estaba obligándolo a ver.
-Alteza.- Realize una leve revenrencia ante él, en deferencia a su título de príncipe heredero del reinado de los entes terrenales. -Agradezco profundamente su presencia esta noche, espero poder contar con su asistencia en los días venideros, como sabe esta será una batalla que dejará un solo ganador, y con apoyo de su reino nos ayudará a asegurar la victoria.
-Por supuesto Majestad.- Me respondió dedicándome una seductora sonrisa, la cual estaba segura derretía a toda chica que tuviese la suerte de verla, pero no surtía el mismo efecto en mi, la magia de los elfos se centraba en las emociones de aquellos que los rodearan, y para poder encantar a alguien debía lograr provocar en ella amor profundo e inexplicable, sin embargo, mi corazón ya estaba ocupado, por lo que resultaba inmune a su encanto magnético. -Siempre ha contado y contará con el apoyo de mi reino, lamentamos mucho no haber podido acudir a ustedes cuando asesinaron a los antiguos reyes, pero pretendemos corregir ese incidente con nuestro apoyo leal a usted y su mandato.
-Gracias príncipe Elion, informe a su madre lo antes posible de que prepare a sus tropas para movilizarse hasta las fronteras del gran bosque, es tiempo de sacar la artillería pesada.- Comencé a caminar hasta la cabaña que tenía escondida en el bosque.
-Por supuesto Majestad, y d***o de corazón que una vez termine este percance, considere usted, la propuesta de unir nuestros reinos, sabe bien que mi madre ha esperado mucho tiempo por su respuesta a su propuesta.- Me detuve en seco por algunos instantes, observé al joven frente a mi, sentí a Morgana susurrándome al oído, ella había recibido una propuesta de matrimonio, la reina Fae pretendía unir a su hijo Elion con Morgana, quería unir las dos especies de magia más poderosa de esa forma, quizá pretendía así poder abandonar el reino terrenal y adentrarse en el reino mortal, esa reina era de cuidado y debía andar con precaución en todo lo que la involucrara.
-Alteza, como sabrá este no será un enfrentamiento sencillo, primero debemos superarlo y después hablaremos de aquello que ocurra después.- Con eso continué con mi camino, usando al bosque para cambiar de posición de forma estratégica, así aunque el rey usara magia para tratar de averiguar donde me escondía, le sería imposible encontrarme.
-Como usted ordene Majestad, nuestro pueblo le debe mucho, mi reina ha protegido la entrada a nuestro mundo, permitiéndonos de gozar de siglos de paz y prosperidad, pretendo honrar el tratado que mis ancestros hicieron con los suyos, la protegeré con mi vida sin importar lo que decida.- En cuanto dijo eso se volvió a inclinar ante mi y se fue.
Suspire profundamente, si bien no confiaba en su madre, sabía que ese príncipe era un buen muchacho, Morgana había considerado seriamente ese matrimonio, encontrándolo agradable, amable y de fiar, sin embargo ella no era su destinada, y sabía que no había magia más grande que el amor real, en cuanto el encontrara a su mujer predestinada debería dejarla, así que mantuvo en suspenso la propuesta, esperando a que el príncipe encontrase a su verdadero amor.
-Hanna, deberías saber lo que ocurrió en cuanto te fuiste,- me hablo Mika en cuanto cruzamos la puerta de la cabaña, retomando su tamaño original -el rey casi se volvió loco, el reino de Aragat ha decidido romper relaciones con el suyo, declarando que solo volverían a apoyarlos cuando el príncipe tomara el trono,- me dejé caer sobre el sillón descansando mis pies por un segundo y dejando que la nostalgia me invadiera poco a poco, extrañaba a William, no me lo podía negar a mi misma -el muy idiota trato de arrestarlos, eso solo provocó que muchos otros reinos apoyaran a los jóvenes herederos y se opusieran al actuar del rey, incluso William tuvo que abandonar el castillo por temor a las amenazas de su padre.
Me observo por algunos segundos esperando mi reacción, pero me sentía abrumada con la información, sin saber que hacer con eso, suponía que había logrado algo, pero el peso de lo que debía afrontar me limitaba la felicidad.
-Pero, ¡deberías estar celebrando! ¡Lograste romper la unión de aliados del rey! ¡Felicidades Hanna! Ahora se tendrá que movilizar con menos de la mitad de sus aliados, y si bien los que se retiran no nos apoyarán, al menos serán menos con los que habrá que luchar….. Ademas…
-Ademas ¿qué?- Pregunte impaciente al verla dudar.
-Los regentes de Aragat y el príncipe William junto con algunos aliados más se dirigen hasta las fronteras oeste del bosque, William les está dando la idea de buscar refugio en tu bondad, y aunque están dudosos y temerosos lo están siguiendo.
-¿Cómo haces para saber todo eso?- La cuestione intrigada y nerviosa.
-Estás conectada con el bosque y cada ser que en el habita, puedes escuchar sus susurros si te lo propones, yo, llevo demasiado tiempo al lado de Morgana, también me ha enseñado a hacerlo, podrás escuchar el rumor de cada planta si lo deseas, y como nuestro bosque rodea al reino es sencillo conocer sus movimientos. Y Hanna… una cosa más…
-¿Qué te pasa, porque tan dudosa de pronto?- Me llamaba la atención su constante duda ante las palabras.
-Tomaste algo que el rey nunca pensó caería en tu poder, esa espada en tus manos,- mencionó mientras señalaba con su cabecita la espada que había olvidado aún sostenía -se la dio una bruja enemiga de tus padres, una que envidiaba su poder, está encanta para robar la magia de aquel a quien se enfrente, estaba destinada a asesinarlos a todos, ahora en tu poder puede ser utilizada en tu favor, aún posee magia que perteneció a tus padres y estoy segura ellos desearían que la usaras de la manera correcta.
-Ufff… de acuerdo, suena a una gran responsabilidad, y si bien no me gusta usar la espada que se uso para asesinar a los padres de Morgana, tampoco desaprovechare esta oportunidad.- Decidida, me puse de pie, camine hasta el armario y la metí en una funda, cambié rápidamente mi atuendo por unos pantalones ajustados de color n***o, una blusa de color morado profundo, a juego con unas botas hasta las rodillas, una capa negra y agarre mi pelo en una coleta alta, dejando de mi hermoso atuendo, solo la tiara que William me había dado, amarre la espada a mi cadera y me preparé. -Deacuerdo, vayamos a la frontera oeste, demos la bienvenida a nuestros nuevos huéspedes.
Salí a paso apresurado y seguro de la cabaña, con una Mika y una Kiki trotando felices tras de mi, usando la magia de las sombras nos movilizamos por el bosque varios kilómetros en dirección de las voces humanas que comenzaban a adentrarse en las fronteras prohibidas, sin mi permiso explicito pronto llegarían a un punto del cual no podrían cruzar, utilice el tiempo para escuchar los susurros del bosque siguiendo el consejo de mi gatita, podía escuchar que estaban nerviosos y asustados, que la mayoría creía que era una locura y que si no los asesinaba yo, lo haría el rey por querer buscar refugio en el bosque que pretendían destruir, aburrida de la misma cháchara incesante y ansiosa por ayudar a William decidí mostrarme ante ellos, pero antes de que pudiese hacer algo pude sentir el lazo que me unía con mi príncipe y lo escuché invocándome.
-Hanna… es decir, ¡Bruja Morgana! Por favor ven hasta aquí, te pido asilo para mi y mis acompañantes, te imploro que nos concedas un refugio en tu bosque encantado, ayúdanos a mantenernos a salvo y a cambio te ayudaremos a proteger el bosque.- Su masculina y sexy voz me hizo sonreír, se escuchaba tan seguro y perfecto que me hizo feliz escucharlo llamarme.
-Príncipe William.- Salí de las sombras con paso lento, dejándome ver por todos en el claro que delimitaba la frontera del bosque y el reino humano, observé a los demás regentes y personas que acompañaban a William bajarse de sus monturas y reticentemente inclinarse ante mi. -No esperaba volver a verlos a todos tan pronto, menos cuando aseguraron darme cacería.
Un silencio atónito y aterrado acompañó mis palabras, pude sentir como un sudor frío bajaba por las espaldas de la mayoría de las personas frente a mi.
-Si me permites, Morgana, reina mía, yo…- Levante la mano instándolo a guardar silencio, quería correr y abrazarlo, asegurarme de que se encontraba bien, pero en este momento era Morgana, reina de la magia y debía actuar como tal, esperaba que el conservar la tiara le dijera que confiara en mi.
-No necesito palabras bonitas joven príncipe, pueden pasar, pero el bosque será quien decidirá si todos los que os acompañan son dignos de atravesar su frontera, confío plenamente en el juicio del bosque y mientras estén en el, estarán también bajo mi protección, tu padre ha iniciado con la cacería, está formando ya los grupos que comenzarán a recorrer la frontera entera buscando la manera de entrar, así que les recomiendo que se apresuren a elegir su bando.
Sin decir nada más me adentré una vez más en las sombras de la frondosa vegetación, escuche que muchos pasos me siguieron, tanto de caballos como de humanos, esta vez los equinos lo hicieron sin temor, todo animal sería digno de entrar a mi reino si así lo desease, son las malas intensiones de sus dueños las que lo impiden, pronto sabría quienes habían decidido creer en las palabras de William, pero antes debía preparar a mis propios guerreros para defender su hogar, dejando que Mika y Kiki guiaran a la comitiva invitada hasta un lugar para que pusiesen acampar, me dirigí hasta donde me encontraría con mis soldados, listos para recibir instrucción, la noche apenas comenzaba, y la guerra ya estaba cobrando vida.