La emoción de una pequeña niña en la mañana de navidad me embargaba, casi no podía contener mis brincos de felicidad al dirigirme hasta el armario y pasar mis dedos por las suaves telas de aquellos hermosos atuendos que alguna vez había descrito, podía recordar la historia de como cada uno había sido creado, el como las pequeñas arañas tejedoras le habían obsequiado el hermoso vestido plateado cuando la bruja había rescatado su cueva de un incendio comenzado por los humanos, sonreía mientras disfrutaba de la sedosa textura entre mis dedos.
-Es un vestido muy hermoso, pero un poco demasiado elegante para nuestra misión de hoy, te recomendaría uno un poco más resistente.- Mika me regañaba mientras me observaba desde la cama, podía sentir que me presionaba para apresurarme, sin embargo yo solo le respondí con una risa emocionada mientras tomaba un atuendo más apropiado para un paseo por el bosque, el cual sin embargo también lucia hermoso y elegante, con un toque de misterio y magia al acompañarlo con una capa a juego.
El vestido de un profundo color azul se amoldaba a mi nueva y estilizada figura a la perfección, siendo ajustado en la parte de arriba y más suelto y cómodo en la parte inferior cubriendo hasta la altura de mis tobillos, coronado con un bello corset de una tonalidad de un morado muy obscuro que combinaba a la perfección con los botines y la larga capa, haciéndome sentir como la verdadera bruja del bosque, aquella destinada a proteger la flora y fauna que habitaba en estas mágicas tierras.
-Bien, mucho mejor diría yo- mencionaba mi dulce gatita mientras daba vueltas a mi alrededor aprobatoriamente. -Ahora toma la pequeña bolsa que está colgada de la cabecera, es una bolsa mágica que te dará todo aquello que puedas necesitar en el camino. Y por el amor a los dioses antiguos, deja de brincar como si fueras una pequeña niña, que esto es serio.- Apesar de sus duras palabras incluso ella sonreía tímidamente.
-Ya, ya, lo entiendo, ¡pero es que esto se siente como la aventura de mi vida!- Menciono emocionada y sin evitar mis saltitos de emoción. -Aunque en parte es una pena que me toque ser la villana, me hubiera gustado ser la heroina y así poder estar con el príncipe, no he podido evitar enamorarme de su gallarda, noble y valiente personalidad.
-¿Que? ¿Y desperdiciar la oportunidad de tu vida siendo una inútil, frágil, recatada y rescatada princesa? ¿Viendo a los otros divertirse mientras tu solo defiendes tu nobleza y pureza? No, perdón pero no íbamos a desperdiciar un hechizo tan impresionante para traerte a jugar un papel secundario, además te queda mejor la personalidad de la bruja, aunque si sigues brincando como niña puede que lo reconsidere.- Con su suave caminar abrió el paso dirigiéndose al exterior.
Aguante una risa al verla en una actitud tan dura cuando ella misma es una bebe que suele pedirme caricias y que le arroje un ratón de peluche por toda la casa, sin embargo guarde el comentario para mi misma y trate de mantener la calma siguiéndola a través del bosque, ese paisaje mágico que solo había podido soñar mientras lo describía, repleto de ese aire fresco y mágico que guardaba gran poder en su interior, destinado a proteger a toda criatura mágica que en el habita.
-Y…. ¿Exactamente a donde vamos? ¿En que parte de la historia debo empezar?- La curiosidad me embarga por completo mientras camino tras ella tocando y oliendo todo aquello que me rodea, sintiendo aquel poder que en cada planta vibra, casi como si me dieran la bienvenida.
-Al principio por supuesto, o al menos al inicio que tú le diste, cuando la bruja conoce por primera vez al joven príncipe, iremos al día de la cacería que se celebra en el cumpleaños número 25 del joven regente.
-Oh…- Mis pasos se detienen ligeramente y mi mente duda sobre el siguiente paso a dar, este debía ser el día en que la bruja hiere de gravedad al príncipe al defender a una de las criaturas mágicas, este es el momento en que ella se convierte en la villana a derrotar de la historia.
-¿Que? ¿Acaso te incomoda algo? Porque parecías muy segura de que eso es exactamente lo que debía pasar mientras lo escribías la primera vez.- Me observa fijamente mientras se detiene frente a mi y mueve su cola con movimientos rápidos y decididos, mostrándome que de alguna manera está de hecho molesta, suelto el aire que contenía, expulsándolo por la boca y retomando el camino.
-Bueno, si me equivoqué y esa parte debe ser reescrita, lo haré, ahora veamos qué es lo qué pasa y que es lo que se puede hacer.
Continuamos caminando en silencio por algunos minutos más, hasta que el ruido de caballos, voces masculinas y esporádicos disparos nos alcanzan, se que debemos estar ya en los límites del bosque pues ningún humano se aventura al interior de este territorio, ninguno es tan tonto o valiente para hacerlo, al menos hasta hoy. Me detengo a la sombra de uno de los árboles y uso inconscientemente el poder que ahora habita en mi para camuflarme y esconderme, prestando atención a las voces que se escuchan cada vez más fuertes y cercanas.
-No vaya para allá alteza, el zorro se ha escapado, es demasiado peligroso hacer enojar a esa maldita bruja adentrándose en su territorio.- Distingo perfectamente las palabras del hombre, reconociendo el discurso de aquel que se supone el mejor amigo del protagonista que se entrena para ser el jefe de su guardia personal.
-No puedo decepcionar a mi padre, el espera que cace a ese animal y si lo dejo escapar ahora no me lo perdonará.- Una corriente eléctrica me atraviesa cuando escucho por primera vez su voz, una sensación extraña recorre mi cuerpo, llevo enamorada de ese hombre más tiempo del que quiero admitir y por primera vez podré verlo como alguien real, aunque en este momento debo detenerlo, dañarlo, no puedo controlar mi erratico y acelerado corazón.
Puedo escuchar como se acerca con su caballo hasta que este se niega a seguir avanzando, se niega a adentrarse en el bosque siguiendo sus instintos y mostrando respeto ante la bruja que cuida de toda vida natural, puedo distinguír el sonido de sus botas al bajar de su lomo y el como se rompen las ramitas y hojas que cubren el terreno mientras camina directo hacia donde yo me encuentro y más bajo, más nervioso el movimiento de la pequeña zorra corriendo un poco más adelante, de pronto la primera detonación me estremece, el pánico y la rabia me sobrepasan y sin pensarlo me dirijo hacia donde podía escuchar al pequeño animal, dejando atrás a Mika que curiosa se sube a uno de los árboles y me observa alejarme.
A los pocos segundos localizó al pequeño animal que corre a esconderse detrás de mi, dejando un rastro de sangre detrás suyo y haciendo que mis propias facciones se deformen y me llenen de odio hacia quien se atrevió a lastimar a tan indefenso animal. Una inhalación rápida y temblorosa hace que suba lentamente la vista de las manchas de sangre.
-Eres real… tu… ¿Eres la bruja?- Debo admitir que siempre pensé que la primera vez que viera a él hombre que se había robado mi corazón sería algo más romántico, o al menos que podría admirarlo de lejos como colegiala enamorada, admirar ese bello rostro, el magnífico cuerpo, esa sexy mirada que ahora me observaba con una mezcla de temor, fascinación y duda; pero no fue así, la ira recorría cada célula de mi cuerpo y sin pensarlo alce poco a poco la mano.
-Nadie caza en mi bosque, nadie hiere a ningún animal en mi presencia, tu pagarás por tu atrevimiento.- Pude sentir claramente como su corazón latía fuerte y rápido en la palma de mi mano, como mi magia se había concentrado en ese punto y sabía que si apretaba lo suficiente lo detendría, comencé a apretarlo y vi como su rostro se contorsionaba de dolor mientras llevaba una mano a su pecho y caía de rodillas, su respiración se hacía más y más errática impidiéndole incluso exclamar un grito de auxilio, una parte de mi me pedía a gritos que me detuviera, sabía que así ni siquiera iba la historia, pero mi rabia me había cegado y justo ahora solo podía pensar en tomar la vida de quien había tratado de robar una.
-Es suficiente Hana.- De la nada Mika brincó desde uno de los árboles cercanos cayendo justo sobre mi mano y rompiendo mi concentración, con un gemido el cuerpo del príncipe cayó desmayado sobre la h****a y a la vez yo misma caí de rodillas, debilitada. -Creo que entendió el punto, aunque quizá lo estabas llevando un poco demasiado lejos.- Acercó su suave naricita hasta el rostro del joven chico revisando su respiración y asintiendo en conformidad cuando comprobó que se encontraba aún con vida. -Bueno, será mejor que nos vayamos antes de que vengan a buscarlo, ya sabemos lo que sigue de aquí, ahora empezarán a cazarte a ti en venganza por dañarlo.
Con su suave trote comenzó a caminar de vuelta a la cabaña, pero yo estaba paralizada, no podía creer lo que casi había hecho, el poder y el odio me habían nublado la vista y la mente por completo y ahora veía al joven valiente, amable y noble principe en el piso, con una respiración dificultosa, la frente sudada y un gesto de dolor en las facciones, no podía dejarlo así.
Me di vuelta para revisar al pequeño zorro, la bala le había rozado la pata y lo hacía cojear ligeramente, así que pase mi mano sobre el área dañada y concentrando mi poder sane la herida dejando un suave resplandor detrás.
-No puedo, simplemente no puedo dejarlo aquí, así no es como la bruja lo debía dañar, debía lanzarle una bola de fuego al pecho y causarle quemaduras, algo que un médico humano podría curar, pero lo que hice…- Suelto un suspiro pesado y apenado. -Lo que hice esta más allá incluso de mi comprensión y no se cuanto daño pude haber causado, lo llevaremos a la cabaña y una vez que me asegure que se pondrá bien lo dejaremos aquí para que lo encuentren, al final su desaparición solo llevará al mismo resultado, me darán caza, pero al menos resolveré el error que cometí.
-De acuerdo, pero tú lo cargaras.
Con esas simples palabras se da la media vuelta y comienza a alejarse nuevamente, dejándome algo asombrada, esperaba que se negara o que dijera algo más, pero no había sido así y ahora debía averiguar cómo movería el cuerpo de un hombre que medía más de 1.80 metros y pesaba unos 90 kilos, torciendo la boca me dispuse a cargarlo agarrándolo por las axilas y tratando de aguantar su peso lo m ejor posible y me dirigí de regreso a la cabaña.