Capítulo 21. Perdiendo las máscaras.

1652 Words
Las criaturas de obscuridad comenzaron a penetrar en mi bosque, podía notar a cada uno de mis soldados en su posición, trataríamos de realizar una distracción rápida de cada hombre del rey, dejándolos inmovilizados a los lados del camino hasta dejarlo lo más solo posible. Sin embargo, pronto eso demostró ser una tarea más difícil de lo esperado, aún con mi constante presencia ordenando a cada planta el detener a los pocos que habíamos logrado capturar, estos eran muy agresivos y salvajes, peleaban con cada fibra de su ser sin importar si en el proceso se dañaban a sí mismos, por lo que se esforzaban en romper cada atadura que les era colocada y se necesitaban más manos de las que teníamos para lograr contenerlos, el mal había tomado sus almas y me tenía que nada se pudiera hacer por ellos, por lo que cayendo en la desesperación algunos de mis soldados trataron de someterlos dejándolos inconscientes, por desgracia, el rey estaba entrando haciendo tanto daño como le era posible y debía mantener mi atención en lo que esté planeaba y tuve que dejar a que los elfos se hicieran cargo como mejor les pareciera de aquellos que podían capturar. -¡Maldita bruja cobarde ven aquí y enfréntame ahora!- La potente voz del rey se logró escuchar clara y fuerte a pesar de que la batalla entre los soldados estaba en pleno apogeo, usando una figura incorporea creada de la propia niebla me presenté ante él. -Yo soy el bosque y el bosque soy yo, siempre te he estado enfrentando Rey Sombra.- Pude obsérvalo sonriéndome con esa perversa mirada en sus ojos, creía que estaba ganando terreno, pero debía seguir manteniéndolo en movimiento para que el cuello de botella funcionara, por lo que decidí picar en su orgullo para provocarlo. -Tendrás que demostrar que mereces enfrentarme, si continúas siendo el cobarde que se esconde detrás de estos mortales nunca serás capaz de tomar aquello que más deseas y te encerrare en este camino sin fin, continua si es que realmente quieres arrebatarme el corazón. Con una última sonrisa desaparecí de su vista, volviendo a fundirme con la niebla, lo escuchaba gritar llamándome de vuelta, pero sentía como poco a poco su obscuridad se comía la energía viva del bosque debilitándome, aunque era solo un goteo en medio del océano, sabía que si no lo detenía rápido, terminaría por cansarme, decidí volver a la vigilancia, empujando con todo en mi poder a los soldados a separarse o seguir avanzando, los necesitaba en constante movimiento. Un movimiento en la retaguardia del rey me hizo prestar atención a lo que ocurría, noté que algunos de sus mercenarios trataban de escabullirse por entre los árboles, quemando algunas cosas a su paso, querían tener luz, bueno pues yo me encargaría de que eso no pasará, no permitiría que nada en mi territorio les diera ninguna clase de ventaja. Rápidamente ordene a mis hombres a retroceder empujándolos suavemente con el aire, una vez que los supe a salvo y que los mercenarios se creían que realizábamos una retirada, ordene a los árboles dejarse caer, levantándose desde sus raíces se alzaron imponentes y creando un gran estruendo a su paso cayeron, atrapando bajo sus inmensos troncos a todo aquel que estaba a su paso, sonreí victoriosa cuando observé a los caídos, todos ellos eran seres despreciables que estaban aquí solo por el poder y el dinero que se les había prometido, asesinos sin piedad que el día de hoy, serían alimento para los gusanos de mi fértil suelo. Permití que el acto se repitiera en varias ocasiones, aprovechando la oportunidad para cerrar el paso de vuelta y obligando a los soldados restantes a moverse en pánico, empujando a su rey hasta el centro de mi trampa, sin los humanos cuyo corazón contaminado liderando el movimiento, el rey se halló solo en medio de bestias sin inteligencia creadas por su propia maldad y que ahora se dedicaban a pelear incluso entre ellos, la maldad sin control generaba un hermoso caos que aprovecharía al máximo. Movilice a mis tropas de inmediato de forma que cerraran todo paso, enfrentaría al rey muy pronto y era de vital importancia que nadie interfiriera, ya que necesitaba toda mi concentración en aquella batalla y saber a toda mi gente a salvo para lograrlo. En cuanto sentí que el rey tocaba territorio idóneo para mi movimiento me apresuré a recuperar mi forma corpórea, una nueva yo se presento ese día entre el bosque, no era Morgana y no era del todo yo, era una mezcla perfecta entre las dos, se sentía como si dos reinas estuvieran en el mismo momento y lugar, seríamos ella y yo enfrentándolo, sin saber muy bien el porqué, se sentía correcto, esta batalla nos pertenecía a ambas y juntas la enfrentaríamos. Me coloqué Justo en medio de aquel claro y cerré los ojos, coloqué mis brazos en mis costados con los dedos apuntando al suelo preparándome para el siguiente paso, mientras usaba parte de mi energía en lograr detener el tiempo suficiente a los inocentes, al menos hasta que los soldados humanos pudieran llegar a apoyarnos, cuando finalmente el rey salió de entre las sombras y golpeó el claro cayendo de cara por culpa de sus alocados soldados, sonreí, no sabía si era Morgana o yo, pero se sentía bien humillar a quien había matado a los anteriores guardianes del bosque. Su profundo gruñido indignado me obligó a abrir los ojos, podía sentir como su maldad crecía desmesuradamente, la furia lo estaba llevando a perder el control, por lo que antes de que pudiera llamar refuerzos, hice el primer movimiento de mi venganza, con un firme golpe de mi pie sobre el suelo, una inmensa pared de fuego rodeó el claro, encerrándonos justo en el medio y dejando fuera a cualquier intruso, finalmente estábamos frente a frente, en esa ansiada batalla final. -¡Ja!- Se rió con malicia mientras se ponía de pie con la mayor dignidad que le fue posible. -¿Así que tu brillante plan era quemar tu misma el bosque?- Su pregunta me hizo ensanchar mi sonrisa y mover mi cabeza ligeramente, pretendiendo inocencia. -El fuego purifica rey sol, tu más que nadie debería saber eso, purifica y renueva, crea el ambiente óptimo para que cualquier habitad resurja, más fuerte y fértil de lo que fue.- Reí ante su cada vez más molesto rostro, que estaba empezando a tornarse de un curioso tono púrpura. -¡Maldita bruja! ¡Caerás esta noche y después quemaré cada m*****o rincón de este lugar! ¡No te permitiré seguir riéndote de mi!- Comenzó a gritar frenético, observé como los tentáculos de maldad salían una vez más de él, pero esta vez se veían más frenéticos y descontrolados, usar las emociones para generar y controlar la magia puede ser tan beneficioso como peligroso, si perdías el control podrías perder también el control de la magia y hacer que esta te estalle en la cara, con eso en mente decidí jugar un poco, quería que perdiera hasta el último gramo de control. -¿De verdad crees que eres capaz de eso rey sol? Sin tus trucos baratos no eres nada, posees solo la magia que robaste cuando te alimentaste de los corazones frescos de mi familia, ese poder no es tuyo, no realmente y jamás te reconocerá realmente como su amo, por eso mismo es que en realidad no te obedece y jamás lo hará.- Sonreí más ampliamente mientras el rey se ponía de un oficialmente, color morado de rabia. -¡Tú maldita bruja! ¡no sabes lo que dices!- Gritó airado. -Yo nací para ser el ser más poderoso sobre la faz de la tierra y así deba matar a todos y cada uno de tus protegidos, lo seré, seré más grande y poderoso de lo que tú jamás serás cuando robe el corazón de este m*****o bosque. Me reí genuinamente cuando finalmente agarró la espada y trato de arremeter en contra de mi, esquive relativamente fácil los primeros golpes, ni siquiera había necesitado sacar la espada que colgaba de mi cadera mientras observaba los movimientos de un rey avejentado y desquiciado. -¡Deja se esquivar y pelea maldita sea!- Estaba comenzando a jadear, los frecuentes ataques, sumados a su esfuerzo por mantener los tentáculos obscuros como amenaza constante estaba empezando a cobrar factura en su cuerpo humano. -¿Así que eso es lo que eres rey sol?- Sonreí mientras sacaba poco a poco la espada que alguna vez le había pertenecido y la tomaba firmemente entre mis manos, cuando la noto bajo mi completo mando y control palideció, disminuyendo el tono morado de su tez. -No eres más que un ser vicioso que creyó podría controlar un poder que no le pertenecía, que se enfocó tanto en cumplir los caprichos del niño berrinchudo que lleva dentro, que ni siquiera es capaz de pelear una batalla por si mismo, eres patético rey sol. Daba pasos pequeños pero seguros hasta él, mientras aumentaba la pared de fuego a nuestro alrededor logrando que su obscuridad comenzara a retroceder ante la potente luz que se creaba. -La única patética aquí eres tú, la triste niña huérfana, la sobreviviente de una familia de perdedores, disfrute asesinando a tus padres, el cuerpo de tu madre fue una delicia, tu hermana y abuela ni siquiera representaron un reto para mi y ahora te haré lo mismo que le hice al cadaver de tu madre, disfrutare de ti mientras imploras.- Trato de arremeter un par de veces más contra de mi, pero lo esquivaba con cierta facilidad, el cansancio y calor que nos rodeaban lo hacían más lento y torpe. Ante su desagradable discurso, logro que la rabia asomara por mis ojos por unos segundos, pero un detalle llamó mi atención, distrayéndome de todas sus asquerosas palabras… ¿Morgana tenía una hermana?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD