Helena observaba la ciudad desde su oficina, la luz del atardecer tiñendo los rascacielos con tonos dorados y naranjas. Su mente estaba en otro lugar, en el consultorio donde, hacía apenas unas horas, su vida había cambiado para siempre. La noticia de su embarazo seguía retumbando en su cabeza, como un eco interminable que despertaba en ella sentimientos encontrados. Sabía que tarde o temprano tendría que tomar decisiones, pero ¿cuál sería el camino correcto? Siempre había sido una mujer fuerte, independiente, capaz de controlar cada aspecto de su vida. Pero esto… esto era diferente. El sonido de la puerta abriéndose la sacó de su ensimismamiento. Sebastián entró con una mezcla de emoción y preocupación reflejada en sus ojos. Desde que ella le dio la noticia, él había estado ansioso por

