Un Nuevo Horizonte La brisa nocturna se filtraba por el enorme ventanal de la suite presidencial en la que Helena y Sebastián se hospedaban. La ciudad a sus pies resplandecía con luces vibrantes, pero nada podía compararse con el fuego que ardía entre ellos. Sebastián la observaba con intensidad, sus ojos oscuros reflejando la pasión contenida. Helena, envuelta en una bata de seda, sintió su piel erizarse cuando él se acercó lentamente. Su mirada la devoraba, su presencia era como una tormenta a punto de desatarse. —No sabes cuánto te he deseado —susurró Sebastián, rozando su mejilla con la punta de sus dedos. Helena sonrió con una mezcla de coquetería y seguridad. —Entonces deja de desearlo y hazlo realidad —murmuró, deslizando la bata por sus hombros, dejándola caer al suelo. Sebas

