Mientras Helena y Sebastián abandonaban la clínica privada donde el doctor Takahashi acababa de confirmar que todo seguía bien con el embarazo. A pesar del cansancio que ella sentía, la última revisión le había dado un soplo de alivio: el bebé avanzaba sin complicaciones, y cada día estaba más cerca el momento de su llegada. No obstante, las amenazas recientes y la guerra abierta contra Kagura Holdings seguían pesando en la mente de ambos. —Te ves mejor —comentó Sebastián mientras la ayudaba a subir a la limusina. —Supongo que saber que nuestro hijo está sano me da algo de tranquilidad —respondió Helena, acomodándose con cuidado en el asiento. Aun así, sus ojos reflejaban la tensión acumulada de semanas de batallas empresariales y personales—. Pero no podemos bajar la guardia, no mientra

