Retorno de las Sombras El día siguiente amaneció con un sol tímido sobre Tokio. Las nubes bajas presagiaban una jornada húmeda y calurosa, pero Helena, desde la suite de su penthouse, no pensaba en el clima. Despertó con la espalda ligeramente adolorida, un recordatorio constante de su avanzado embarazo, y con la mente abarrotada de asuntos pendientes. Había pasado la noche revisando documentos y atendiendo llamadas de última hora: la inminente caída de Kagura Holdings parecía tan próxima como la tormenta que se cernía sobre la ciudad. Sin embargo, un presentimiento la inquietaba: algo en el aire anunciaba que la guerra aún no había llegado a su fin. Se incorporó con cuidado, palpando su vientre con una mezcla de ternura y determinación. El bebé se movía con relativa frecuencia, y cada p

