El sonido de la lluvia golpeando los ventanales de la suite en Tokio era casi hipnótico. Helena observaba la ciudad iluminada, su reflejo en el cristal se fusionaba con las luces parpadeantes de la metrópolis. Había pasado demasiado tiempo luchando para llegar hasta aquí, y ahora, con su imperio amenazado por Ricardo, no tenía más opción que contraatacar. Su teléfono vibró en la mesa. Un mensaje de Natalia: "La junta directiva de Yamamoto Corporation está lista para la oferta. Si movemos bien las piezas, podemos tomar el control esta misma semana." Yamamoto Corporation era una de las pocas compañías que aún le hacían competencia en Tokio. Durante años, habían sido un obstáculo, pero con la crisis provocada por Ricardo, el valor de sus acciones había caído. Era el momento perfecto para a

