La tarde caía lentamente sobre Tokio, tiñendo el horizonte de tonos naranjas y rosados que se reflejaban en los cristales de los rascacielos. Helena, sentada en su despacho de la torre que albergaba ahora la sede fusionada de sus empresas, contemplaba el panorama con una mezcla de orgullo y desasosiego. Acababa de cerrar el trato que la convertía en la accionista mayoritaria de Yamamoto Corporation, un paso que la situaba a la cabeza de un imperio empresarial todavía más vasto. Pero la reciente confirmación de su embarazo había sacudido su mundo interior, recordándole que, más allá de las estrategias y los contratos, su vida estaba a punto de cambiar de forma irrevocable. Sebastián entró en la oficina sin anunciarse, como era su costumbre. Ella levantó la mirada y encontró sus ojos llenos

