Capitulo 13: Llamada Telefónica

1255 Words
Las primeras horas de la mañana, llegaron acompañadas de la brisa fresca de un clima templado. A las siete de la mañana, Martín y Cristina bajaron las escaleras corriendo, estaban alarmados, el día parecía estar más claro y aún estaban en casa. Ayer se divirtieron muchísimo con sus nuevos compañeros y aunque fue difícil la separación de su padre, pronto se olvidaron con el ambiente animado del jardín. Ahora estaban deseosos de volver, pero papá a un no los llamaba. Los pequeños recordaron la escena anterior, dónde su padre estaba siendo molestado por los adultos y aceleraron el paso bajando asustados a buscarlo. —¡¡Papi!! —¡¡Papá!! Los dos hombres acurrucados en el suelo, se movieron ligeramente anten las suaves voces, el joven libertino que abrazaba a su camarada inconscientemente, subió su pierna y se volvió a acomodar. Cristina, molesta por la situación, hizo un pequeño puchero y gritó. —¡papá la escuela, papá despierta, quiero ir!! Sebastián se sacudió sorprendido, sus ojos se abrieron enormemente. Sintió el pesado cuerpo de quien se hallaba a su lado y un escalofrío recorrió su columna. Movió su codo hacia atrás con violencia, golpeando al individuo que se aferraba a él. —¡Ung! ¡Duele! Mencionó en protesta el dentista que despertaba. Al verse tan cerca se alejó contrariado, y se frotó ambos brazos un tanto asqueado —¿Qué haces? ¡Toma distancia! Con los labios fruncidos la niña comentó —Tío, eres una mala influencia para él… por tu culpa, papi no ha ido a despertarnos y no hemos ido al jardín. Parpadeando rápidamente incrédulo de la vil acusación, el joven tomó su chaqueta, se sentó en el sofá y comenzó a colocarse los zapatos. —¡Me voy, ash, mierda, mi cabeza va a estallar.! No olvides lo que hablamos anoche, no te acobardes ahora que los tragos han perdido su efecto. Comienza a prepararte mentalmente para lo que se viene, pronto recibirás una llamada de tu amada, que alegrará tu corazón. Asegúrate de aprovechar la oportunidad que te voy a dar Cuando estuvo a punto de salir, se detuvo por un momento. —oye, deberías aclarar a los mocosos quién es el verdadero culpable de que ellos no hayan asistido a clases, no me gusta ser culpado por algo que no inicié, no quiero dañar mi imagen con ellos El clínico sacudió su mano instándolo a marcharse. —Sí, vete, yo hablaré con ellos La culpa lo carcomía, no podía creer su propia irresponsabilidad, a causa de su despecho emocional había acabado arrastrando a sus hijos, qué hace muy poco habían iniciado su vida escolar. Su Cabeza punzaba de dolor, sentía el estómago revuelto y unas fuertes náuseas que apenas y podía controlar. —Suban a arreglarse, los llevaré al jardín. Llamaré a la maestra, para avisarle que llegaremos algo tarde. Se dirigió el padre de familia a los infantes, avergonzado de su comportamiento. — ¿papá, ya hiciste las paces con los adultos de ayer? Preguntó curioso el hombrecillo de 6 años, que era especialmente sensible y perceptivo para descubrir las cosas. Sebastián reconociendo esta virtud del menor, no quería engañarlo, pero tampoco había forma de decirle la verdad. —Sí, estamos bien, ya somos amigos. Papá los hizo enojar, pero no pasa nada, ya arreglamos nuestras diferencias. Los dos menores, de almas inocentes, creyeron de inmediato en la mentira, pues a sí lo interpretaban sus puros corazones. Porque cuando entre ellos peleaban se arreglaban fácilmente, o incluso a veces olvidaban sus antiguas discusiones y volvían a hablar y a jugar, sin guardar ningún remordimiento. Martín rio con claridad y se relajó, mientras la inquieta Cristina comentó imitando a su maestra. — buen trabajo papi. Ya no estás solo, ahora tienes nuevos amigos en la ciudad “Seguro que si todos pensáramos y actuáramos como los niños, la humanidad sería más pacífica” Pensó el médico, para sí mismo. . . . Con una potente resaca causada por la bebida de alcohol de la noche anterior, el traumatólogo se vio obligado a pedir a un compañero para que lo reemplazará durante la jornada de la mañana, y a las dos de la tarde ya se encontraba de nuevo en el hospital, soportando el malestar general que lo atormentaba, producto de su mala decisión. Afortunadamente, durante la faena laboral qué le esperaba, no estaría en urgencias, sino realizando procesos de documentación e informes, aparte de la atención de algunos clientes VIP que no requerían un mayor servicio. Examinando una radiografía de uno de sus pacientes, de repente recordó las últimas palabras de José durante la despedida de la mañana. —¿Que esté listo? ¿Pero para qué? ¿Que voy a recibir una llamada de Ana? Eso es imposible. Me preguntó que estará pensando ese tipo. Bueno, hoy tiene que trabajar, no tendrá tiempo para ocasionar problemas. . . . Participando de la popular feria de belleza "Beauté qui transforme" Ana, supervisaba las fascinantes y atrayentes exposiciones de cosméticos que representaba a su empresa. —Obsequien cincuenta productos a las primeras personas que visiten nuestros estands. Sin importar si realizan una compra o solo se acercan para visualizar. Valoraremos su buen gusto. —Entendido señorita, a si lo haremos. —¿Presidenta, porqué ha venido usted misma a la exposición? No era necesario que lo hiciera. No debe sobrecargarse de tareas. Comentó con respeto Lucas, el fiel asistente de la CEO, que llevaba acompañándola durante los últimos cuatro años de su trayectoria organizacional. —Me gusta asegurarme, eventos como estos tienen una gran trascendencia para las compañías. Y ya que todo está preparado, iré a dar una vuelta, sé que puedo encontrar socios prometedores en este lugar. Sonriendo perspicazmente, la brillante dama sacudió su cabello, pero cuando estuvo apunto de abandonar el puesto, una empleada se acercó agitada. —Por favor espere… —¿qué ocurre? Habló directamente la arrogante presidenta Pero mientras preguntaba, otro empleado se acercó sosteniendo un magnífico ramo de flores, envuelto en una tela decorativa elegante. El hermoso arreglo de rosas vistosas atraían la atención de las mujeres, que susurraban secretamente. —este manojo ha sido enviado para la presidenta. —¿para mí? Expresó sorprendida la anterior psicóloga. ¿Quién carajos podría enviarle esto? No existía nadie que en estos momentos pudiera mandarle un detalle tan cursi y típico de los amantes. Revisando la pequeña tarjeta del remitente. El calor subió a todo su rostro. —¿ese imbécil quiere jugar conmigo? ¿De nuevo trata de burlarse de mí? Se está divirtiendo con este tiro y afloja. Confundido el empleado interrogó con cautela. —¿Presidenta… que debo hacer.? —¡Arroja esa basura lejos de mí!! Ana, que se quedó con el postal del ramo, dígito en su teléfono móvil el número enmarcado en negrilla. Y evidentemente enfadada comenzó a realizar una llamada. En la tarjeta adornada con corazones, un claro mensaje se transmitía: “Todo lo que dije anoche fue un error. Quiero volver contigo, dame otra oportunidad. Contáctame, este es mi celular: 324******6” En el consultorio Sebastián despedía a su último paciente, cuando su teléfono celular empezó a sonar con insistencia, al mirar la pantalla un número que no conocía continuaba repicando repetidamente. —¿Hola? —¡Habla Ana, voy a denunciarte a la policía!! —… … … El doctor anonadado por la “llamada de su amada” guardo absoluto silencio en la línea, sin comprender nada de lo que estaba pasando. … Continuará…
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