Poco tardé en entender que la repentina llamada, se trataba de algunas de las estupideces cometidas por mi molesto amigo entrometido.
—al menos déjame conocer la razón por la que seré llevado a la estación.
Sin dudar, la chica al otro lado de la línea contesto enojada, aunque con esa dulce voz que la caracterizaba
—¿Te haces el inocente? ¡Cobarde! Esas patéticas flores que has enviado ya reposan en la basura. Oh, una cosa más, ahora odio las rosas, a sí como nuestro pasado.
Su rencor hacia mí es pesado y me es difícil acostumbrarme a sus duras palabras. Los vívidos recuerdos del ayer en el que nos amamos con intensidad me persiguen. Su rostro sonriente, la gentileza de su corazón, la calidez con la que charlábamos. Mantengo la esperanza que dentro de ese frío aspecto, en su interior aún reposa la bondadosa y tierna muchacha, que irradiaba las complejas mentes de las personas a quienes intervenía, siendo una empática profesional y un excelente ser humano.
Aun con tantos pensamientos prosigo la conversación con valentía;
—Lo siento, no he sido yo quien las ha enviado, pero creo que fácilmente te puedes hacer una idea de quien ha sido.
Luego de explicarlo, oigo una débil voz llena de frustración.
—ese tipo…
Supe que después de esta frase la llamada terminaría enseguida, así que aprovechando los últimos segundos exclamé con determinación;
—Si ya no te gustan las rosas, te enviaré tulipanes, si esos tampoco son de tu agrado, te llevaré orquídeas, o tal vez margaritas. Es cierto que ahora poco te conozco, la Ana del presente es desconocida para mí, pero volveré a reconquistar tu corazón.
Dicen que grandes locuras se comenten cuando un alma está enamorada, la misma psicología relata que las emociones que se mantienen suprimidas durante tanto tiempo, tarde o temprano, se desbordan como olas del mar incontrolables que llegan a la superficie con una velocidad abrumadora.
Entiendo perfectamente que estoy siendo desconsiderado, descarado y sinvergüenza, pero este órgano palpitante en mi pecho ha comenzado una carrera y yo ya no lo puedo detener más.
Cuatro años han sido demasiado, sé que pocos lo comprenderán, mucho me mirarán con desprecio y me culparán, pero cuando el amor toque sus puertas entenderán mi decisión, pues una vez que se forma el huracán se es imposible de detener.
—PFF ajajajjajaj
Una risilla burlesca me hizo retirar el teléfono de mi oído, pero la siguiente frase me tomó por sorpresa
—Inténtalo si puedes. Vamos, reconquístame, pero no debes olvidar que lamentaras perder el tiempo.
—Una batalla perdida es aquella que no se intenta. Guardaré tu número, espero no me evadas y termines cambiando tu celular
—No voy a escapar, ven a mí Sebastián, tus falsos trucos ya no significan nada.
---Piii- piii-piii—
Fue de esta manera que el hilo de nuestras vidas nuevamente se encontró, pero ¿se volverían a unir?
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Como si la pubertad estuviera regresando en el adulto médico que trabajaba en el hospital reconocido, comencé a recibir todas las mañanas en mi oficina un ramo de flores, y cada día eran de una especie diferente, y como lo mencionó en aquella llamada, desde claveles a geranios, conocí distintas especies de plantas que ni siquiera sabía que existían.
—Presidenta, ¿seguirá aceptándolas? Puede que rumores comiencen a expandirse
Con el dedo índice y pulgar tocando mi quijada, sonreí con curiosidad hacia mi secretario
—¿Qué clases de rumores?
—Hem presidenta, sé que esto no es de mi incumbencia, pero, ¿Por qué manchar su reputación? Si el hombre detrás de esas flores no le interesa ¿porqué sigue recibiéndolas?
Los empleados siguen observando sus acciones, cada que llega un ramo, usted solo le echa un ligero vistazo, pide que anoten el nombre de la flor y luego las manda arrojar a la basura. Esto a los ojos de los demás puede percibirse como cruel e inadecuado.
—¿Y a mí que me importa lo que piensen?
Fijé mi mirada en el suelo y observé a Lucas dar golpecitos suaves con su pie derecho, un extraño hábito que suele hacer cuando está impaciente o disgustado. Pero pocos lo notarían, pues la parte superior de su cuerpo permanece siempre inmutable, él es el tipo de persona que busca mantenerse sereno y controlar sus emociones sin importar la situación.
—Presidenta, esto no puede ser bueno para su imagen, a sí como para la empresa. Es solo por su autorización que se permiten la entrada de esos ramos, si no sería imposible que estos pasaran por la estricta seguridad que maneja la compañía.
Jugueteando con el vaso de vidrio que tengo a mi lado, pasó delicadamente uno de mis dedos por el borde circular
—Lucas, cálmate pronto el envío de esas plantas terminará.
Con los ojos en blanco mi asistente cuestionó con singularidad
—¿puedo saber por qué manda a escribir el nombre de las flores que llegan, cuando ni siquiera le presta atención a los manojos?
Sacudiendo mi cabellera expresó con simplicidad
—para saber cuándo comenzarán a repetirse. Lucas, en el momento que ese hombre envié una flor ya recibida anteriormente, deja de aceptar su entrada.
—Lo comprendo, presidenta
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A las ocho de la mañana, como se había vuelto costumbre, el exuberante ramillete hizo su aparición, traído siempre por el mismísimo jefe de seguridad, que lo examinaba cuidadosamente, justo antes de entregármelo.
Viéndolo ocupada que estaba con el equipo de diseño, el fornido sujeto dudo en irrumpir en la sala cuyos paneles de vidrios hacían visible el interior y exterior.
Supe enseguida quién había llegado, pues la atmosfera se tornó extraño y la atención de los presentes fue captada por el ente natural. Como si leyera mi mente, Lucas invito a entrar a Rubén, el agente que llevaba diez años de servicio en la organización.
—Anótalo
Cortó y simple mi secretario escribió con agilidad la clase de la flor en su libreta. Ni siquiera lo recibí en mis manos, Rubén tampoco se esmeró en dármelo, pues ya conocía la rutina habitual, cuando estuvo a punto de salir, con vacilación se detuvo.
—Como es costumbre, arrojaré el ramo en los residuos, pero…
¿Debo también botarlo?
Analicé vagamente lo que el guardia sostenía, era un sobre blanco o mejor dicho… era talvez una carta o mensaje, que por primera vez había sido colocado en el ramo de flores enviado. Y como si el remitente conociera que no lo abriría, una pregunta estaba escrita encima de él.
"¿Alguna ha sido de tu gusto? ¿O debo continuar enviándolas, hasta que encontremos juntos una que se adapte a tus preferencias?"
Arqueando una ceja expuse con indiferencia
—Señor Rubén, no se moleste en preguntar lo obvio, todo lo que venga de él, arrójalo sin titubear. Sin embargo, si alguien desea quedárselo que lo haga, pero que salga de inmediato de esta empresa.
… Continuará…