Capitulo 11: Arrepentimiento

1093 Words
Cuando le hice esa pregunta, su cara se alteró y su expresión facial cambió radicalmente, divisándome con desagrado. —Esta es la primera vez que hablamos presencialmente desde el día de nuestra boda. No, desde el día que me abandonaste… Y… ¿Tienes la insolencia de consultar eso? Un profundo odio se percibía en su hermoso y delicado rostro. Con la frente arrugada y sus cejas levantadas en señal de desprecio, comprendí que el solo hecho de mirarme provocaba en ella sensaciones desagradables. ¿Qué más debía decir? Qué excusas podría dar a la mujer que lastimé y dejé en él altar, sé que eso no es algo fácil de perdonar, sé que nadie toleraría tal traición. Un nudo doloroso se envolvía cruelmente en mi garganta. Luego de huir cobardemente, al fin había vuelto a su lado, pero todo cambió, ya no éramos los mismos y no podíamos regresar a aquel feliz pasado. Pero aunque sonara egoísta, lo que más me lástima, es que aquellos ojos que un día me miraron hoy miran rumbo a otro lado para evadirme. Esas manos que en su momento me acariciaron se controlan ahora para no golpearme. Y sus labios que con calidez me besaron ya no arrojan cariño, sino frases de aflicción. —Ana, me arrepiento y lamentaré por siempre no haber sabido tomar una decisión. Solo, en ese momento estaba desesperado… con la mente confusa… me equivoqué, sé que ya no hay vuelta atrás. Ella, dejó de apoyarse en las barandas de la azotea y me confrontó cara a cara. —Eres la peor basura con la que me pude encontrar en el camino. Un sentimiento de vacío en el pecho me inundó el espíritu al escuchar su duro vocablo. —Lo siento, de verdad que lo siento mucho, pero a pesar de como haya terminado nuestra relación, guardo eso como un precioso recuerdo. Yo, no me arrepiento de amarte. Estaba tan apresado de mis emociones que fui descuidado al expresarme. Incluso tomé su antebrazo para demostrar mi sinceridad. Sin embargo, eso lo acabó por completo, fue la gota que rebasó el fracturado vaso, que yo arruiné con mis acciones. Se soltó de mi agarre tirando con fuerza hacia abajo su extremidad. Su voz se elevó y vocifero a gritos. — ¿lo sientes? ¿Estás arrepentido? ¡Oh, de acuerdo, volvamos a estar juntos! ¡Planeemos de nuevo nuestra boda! ¿Por qué no le marcas a la madre de los niños y le pides que se nos una? —Ana, eso no es… La mamá de los pequeños… no está… No vive con nosotros Traté de argumentar, pero siguió enunciando eufórica y totalmente molesta. — oh, que pena, ¿no me digas que también te abandonaron? ¿Cuántos años tienen? ¿Desde hace cuánto tiempo me engañabas? ¡¡eres un imbécil! No sabes cuánto te detesto… ¿No te arrepientes de amarme? Yo, si lo hago, me pesa el día que te conocí y aún más el momento en que me enamoré de ti. En ese instante la realidad me golpeó, la verdad me remató y me destruyó. Yo, le hice tanto daño. Frente a mí, una dama destrozada por el amor sollozaba con intensidad, lágrimas abundantes que no se detenían eran acompañadas de reclamos penosos, que exponían su dolor. Parecía que su yo pasado de veintiséis años demandaba las explicaciones que no se le fueron dadas. El alegato, para encontrar la razón de su sufrimiento, esos motivos por los que fue dejada atrás, traicionada y humillada. —¿En qué me equivoqué? Manifestó con tristeza e impotencia. Yo, aunque deseaba darle una explicación, sabía que nada calmaría su herido corazón. —Tú… No hiciste nada mal. Es mi culpa, fui yo, quien se equivocó. Como si la liberaran de un hechizo, su postura se volvió más erguida, sacó un pañuelo húmedo de su bolsa y limpió pulcramente los restos del líquido claro en sus mejillas. —Bien, eso era lo único que quería saber, lo único que buscaba obtener de ti. No volvamos a vernos, yo, ya no te amo. En tan solo unos minutos se había recuperado, No, talvez hoy después de cuatro años, luego de esta respuesta al fin ha logrado pasar a una nueva página La dulce psicóloga se ha esfumado, pero una gran empresaria se ha alzado. Mientras ella avanzará hacia adelante, yo permaneceré aferrado al dulce pasado dónde mis preciadas mujeres sonreían llenas de vida y alegría. Luego del escándalo, el temple de la calma rocío el ambiente, las pocas personas que se hallaban en el lugar fingían inocencia, conversando entre sí, tratando de ocultar todo lo que habían oído con entretenimiento y atención. Ana salió con elegancia sin nada de vergüenza. La dama de sonrojos y timidez también se perdió en las lesiones del amor. Era demasiado tarde para perseguirla, saque un cigarrillo y me quedé solo, en la fría azotea, ocultando mi ensombrecida llorosa vista. Personas desconocidas murmuraban cerca, parecían creer tener el derecho de criticarme y juzgarme. . . . Incumplí mi promesa y regresé tarde a casa, rondaban las diez de la noche. En la sala de estar el sonido de la televisión encendida me hizo pasar directo a esta. José, descansaba en el suelo junto al sofá dónde Martín y Cristina dormían plácidamente. No tenía idea de cómo lograban dormir con la pantalla brillante cerca de ellos y el bullicioso sonido del programa de entretenimiento. La casa ciertamente era cómoda y conocida. Pero luego de volver cuatro años después, no conseguía encontrar la calidez que antes sentía cuando mi madre me recibía con una maternal sonrisa y un plato de comida caliente en la mesa. Me estremecí en nostalgia al observar el retrato de mi madre colgado en la pared —mamá, te extraño. Lamenté consiente en mi interior. Los niños percibieron mi voz o fue los sonidos que hice al entrar. Ambos, aún adormilados, abrieron los brazos en un gesto acogedor, comentando con ternura. —Papi!! ¡Bienvenido! Parpadeó lentamente y los envuelvo en mi regazo. Subo las escaleras sintiendo el soplo de sus respiraciones. En lo profundo de mi ser sabía que me había equivocado con Ana, que no supe responder a las eventualidades que en ese momento acontecieron. Así como nunca me arrepentiré de haberte amado y te seguiré amando, por favor perdóname porque nunca lamentaré, haber tomado estas diminutas manitas que me dieron la fortaleza para seguir adelante. Y que en una etapa ellos me llamaron Papá. Perdóname por dejarte, pero seguiré añorándote en silencio. … Continuará…
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