Capitulo 10: ¿A dónde se fue todo el amor?

1069 Words
—¡Aléjate de el ahora mismo! Escuché la voz protestante de mi madre, ordenándole a Andrés con disgusto que se alejara de aquel hombre, al cual ella señalaba con su dedo índice de manera despectiva. Ese mismo que una vez fue el gran amor de mi vida, que me había cautivado no solo a mí, sino también a mi progenitora, quien le tenía un gran aprecio. Mi hermano reaccionó molesto y dió un paso adelante hacia el perplejo sujeto de bata blanca. Fulminándolo con la mirada, lo empujó hacia atrás y expresó dominado por la rabia. —¡Vete…! Mamá y yo comprendíamos lo mucho que se estaba controlando y estoy segura de que aquel médico también lo sabía. Se escapó de mi boca una risa divertida cuando observé al desalmado individuo cubrir con su cuerpo a los pequeños niños, se puso frente a ellos como si quisiera resguardarlos del peligro. Los chiquillos nos miraban con desprecio con sus ojos cristalinos, a punto de romper en llanto. —Llévalos a casa. Pronunció bajamente dirigiéndose al desagradable y desvergonzado tipo que seguía manteniendo un terrible gusto al vestir. Fue un acto bastante nostálgico, como salido de una película de cine, él abrazó a los infantes, y les susurró sutilmente. Quisiera haber escuchado que artimañas utilizó para que los bebés se fueran tan tranquilamente y en silencio. No entiendo como, pero mi familia y yo terminamos convirtiéndonos en los villanos, en los malos de aquella situación. —¿Estás seguro? Creo que será mejor si me quedo. Aquel chico estaba espantado de lo que le pudiéramos hacer a su primo, supongo que no era ajeno a cómo nuestra relación había acabado. —Jum Con la cabeza baja, un gruñido, fue con todo lo que respondió. Las tres figuras se fueron desvaneciendo por los pasillos, quedando solo cuatro personas en la desolada área. Estaba preocupada por mi hermano, ahora que los muchachitos se habían marchado ¿Quien iba a poder detener a este gigante entrenado? Temía que se metiera en problemas y terminara en la comisaria, eso no sería bueno para su reputación. Entonces sentí un gran alivio de que mamá estuviera, ella sin duda lo retendría. Por su parte, Sebastián permanecía allí mismo, pero conservando una distancia prudente, con una expresión pensativa. —Ven, acércate En una postura decaída mi madre lo llamó, Él, se aproximó frotando nerviosamente una parte de su cuello. Con cada paso que él daba se acercaba cada vez más a nuestro lado y mi mente se llenaba de recuerdos dolorosos que prefería olvidar. Cuando mamá lo tuvo frente a frente, sus ojos centellearon y la comisura de su boca se curvó. ¡Paf!! Sin previo aviso, su mano se elevó en el aire e impactó contra la mejilla de Sebastián, fue tan fuerte que esta resonó en un sonido agudo. Al instante pude visualizar como la marca roja de la palma se estampó contra la piel de su rostro. —¿Tu ego aumentó al burlarte de mi familia? ¡Creíste que mi hija era un juguete con el que podías divertirte y luego desechar a tu antojo!! Estaba tan sorprendida que ni siquiera pude moverme, pero las cosas no terminaron ahí. Ella continuó gritando, cada vez más desesperada. —¡Contéstame bastardo!! ¡Jamás la conocí hablando en un lenguaje tan vulgar, estaba furiosa.!! Pero ese chico, permanecía impasible, no emitía una sola palabra y su atención no se apartaba del suelo. Como si fingiera ser una inocente víctima. ¡Lo odiaba! Me disgustaba su actitud hipócrita y desvergonzada. —¡Ay! Un clamor de dolor me hizo despertar. Andrés, que se encontraba junto a mí, comenzó a reír dichoso —Jajaja, Ni siquiera será necesario que yo me involucre. La distinguida señora de la familia Leroy se había abalanzado sobre mi ex pareja aferrándose a su cabello, lo tiraba bruscamente, incitándolo a hablar. —No tengo nada que decir señora, por favor suélteme ahora. Rompiendo su reserva, eso fue lo único que con descaro pronunció, su semblante estaba contraído por el dolor, y mentiría al decir que no sentí satisfacción. El ruido de voces acercándose me llevó a suplicar irónicamente a mi hermano para que la detuviera. Sin embargo, ella misma se alejó al oír que algunas personas abordaban el lugar. De inmediato mi ex amante retrocedió. La señora Leroy también se apartó y tomó su elegante bolsa, recobrando la compostura y su boca se torció, fingiendo amabilidad al doctor que se encontraba a su costado. Con el pelo desaliñado y la ahora arrugada bata blanca, saludó torpemente al colega que pasaba con un paciente en silla de ruedas. Con los brazos cruzados, Andrés temblaba entretenido. Le era incapaz contener la risa. —Quiero hablar a solas con Ana. Por favor déjenme hacerlo… Inesperadamente, el cobarde se dirigió de repente a mí. Por supuesto, mis dos acompañantes se negaron a dejarme ir, y se atravesaron a mi paso. Imposibilitando que avance. —Soy una mujer lo suficientemente adulta como para tomar mis propias decisiones. Ustedes lo saben, no soy una cobarde. Encontrémonos en el estacionamiento. Manifesté a mis familiares que me observaban con ansiedad. Con un carácter similar, ellos gruñeron al unísono, pero al final partieron, no obstante caminaron lentamente y reiteradamente se giraban para vigilar. —Vayamos a la azotea Propuso con cautela, yo simplemente asentí con apatía y lo seguí. . . . Subimos las escaleras en lugar de tomar el elevador, a lo lejos pude divisar la azotea. Era un sitio amplió con algunas sillas y mesas de plástico, dónde el viento soplaba implacablemente, el lugar perfecto para charlar con tranquilidad, más aún como es de noche, solo unos cuantos profesionales de la salud entraban a fumar un cigarro o a tomar una bebida, y salían rápidamente de regreso a sus puestos. Caminando junto a él, solo siento tristeza, dolor y rabia. ¿A dónde se fue todo el amor? Tiró de una silla y la cedió para mí con la cortesía de todo un caballero, pero no acepté su penosa atención. Me dirigí a un rincón más apartado cubierto por las sombras de unas cuantas plantas y me adherí a las barandas de la azotea que deslumbraban un paisaje nocturno con prominentes edificios. Él, no tardó en llegar a mi lado, y con su mirada perdida en la penumbra acentuó con melancolía —¿Cómo has estado? … Continuará…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD