Capitulo 9: Encuentro

1134 Words
El universo es asombroso e inmenso, la esfera de la tierra es extensa y sublime. En el razonamiento humano llegas a considerar, que jamás volverás a ver a esa persona con la que dejaste de mantenerte en contacto. A pesar de ello, la vida es tenaz, impredecible y te obliga a enfrentar eso de lo que siempre huisteis. Una visita inesperada de mi madre a la empresa, me intranquilizó de tal manera que tuve que atenderla de inmediato. Sus ojos estaban húmedos y todo su rostro reflejaba ansiedad. —¿qué pasó? ¿Te encuentras bien? La interpelo nerviosa Ella, con su espontánea y bien refinada figura, comenzó a relatar el extraño y dramático sueño que sostuvo durante su siesta de la tarde. Todo el tiempo estuve escuchándola estupefacta. — ¿Y si tu hermano se está muriendo? ¿Qué tal y tenga una enfermedad terminal? Fueron las conclusiones a las que llegó. Mi expresión de asombro fue tan grande que terminó haciéndome la misma pregunta que le hice al inicio de nuestra charla. —Hija, ¿estás bien? Posicioné mi mano en mi cabeza y froté con fuerza mi cabello. — Oye mamá, no puedo creer que hayas venido hasta aquí para interrumpir de esta forma, solo porque tuviste una pesadilla, dónde mi hermano está mortalmente enfermo. Este es el resultado de esas novelas trágicas que sigues viendo. Pasó saliva y continúo desahogándome, el trabajo me mantiene estresada y en mi casa se vuelve difícil encontrar paz. — ¡Mamá, tuve que cancelar la reunión para verte! ¡Lucas interrumpió en el salón, se hallaba pálido porque te recibió llorando! ¡Y allí estaba yo, huyendo como una tonta, porque realmente pensé que algo muy malo estaba pasando!! Con los brazos cruzados y una actitud desafiante, mi madre, que ni siquiera parpadeaba ante mis quejas, elevó su voz y comentó solemnemente. — Soy tu madre, mocosa. Piénsalo bien antes de levantarme la voz. Podría sacarte de la empresa tirando de tu oreja. No porqué tu padre y tu hermano te consientan y soporten tus caprichos, yo haré lo mismo. Soltando frases mordaces, ella continuó. —Reconozco que me precipité y actúe con imprudencia. Pero aun así cuida de tu lenguaje, si tratas a todos de manera tan insolente, no estarán a tu lado cuando tú los necesites. Mis cejas se fruncieron ligeramente, no hubo manera de que pudiera contrarrestar esa última frase, así que guardé silencio. Mostrando incertidumbre, un suspiro escapó de sus labios. — No importa, no discutamos así, sólo nos estamos lastimando. Coge tu bolso, iremos al hospital. Conoces lo testarudo que es, debo ir yo misma y cerciorarme de su estado de salud. Disgustada, tomé una gran bocanada de aire, me levanté, agarré mi abrigo, mi bolso y me acerque a la puerta de mi oficina —Vayamos ahora y terminemos con esto. Ella no iba a desistir de su idea, así que solo aceleré el proceso para salir pronto del problema. La comisura de su boca se extendió y corrió hacia donde me encontraba, dándome una palmadita en el pecho. —Gracias, sabía que me entenderías . . . Con el cabello desordenado y exhausto por su largo viaje, Andrés seguía buscando el consultorio del especialista, fijándose en el número que le habían indicado. Tal vez debió permitir que la recepcionista lo guiará. Luego de dar múltiples vueltas por el sector, encontró finalmente el despacho. De espaldas un hombre con bata blanca hablaba con una enfermera, pero luego ella se marchó tras escuchar la llamada de un paciente. El amplio corredor quedó despejado, Andrés queriendo hacer notar su llegada exclamó con cortesía —Doctor… —¿SÍ? Respondió con afabilidad el joven traumatólogo que giró su cuerpo pausadamente. Al voltear y observar el conocido rostro, sus ojos se dilataron ampliamente, unidos en un destello de asombro. El coronel de las fuerzas armadas quedó momentáneamente inmóvil, y como si se hubiera encontrado con el peor de sus enemigos, los vellos de su piel se erizaron haciéndole respirar agitadamente. —¡¡La vida te tenía que poner frente a mí en algún momento!! Su frente estaba arrugada en irá, su mandíbula se apretaba con vigor, quería golpear con todas sus fuerzas al sujeto que se encontraba frente a él. Y ni siquiera lo dudó, caminó hacía él y lo sujeto con sus dos corpulentos brazos. A una distancia realmente corta, a su llegada, José contempló la situación. Con su cerebro pensante y su cuerpo agitado rebuscaba la forma de salvar a su amigo. —Tío, ¿porqué ese hombre quiere golpear a papá? ¡¡Tenemos que ayudarlo!! Una idea brillante cruzó su mente. Se arrodilló e insto a los pequeños. —Niños escuchen, si quieren salvar la vida de su padre, vayan hacia él y griten papá y abrácenlo muy fuerte. —¿Por qué? Cuestionaron los chiquillos —¿Qué porqué? Bueno… ese tipo está loco… Ah carajo, no hay tiempo para esto, es verdad que no soy la mejor persona, pero tampoco soy un mentiroso. Confíen en mí, esto es una misión, ¡¡vayan y aléjenlo de ese señor!! Martín y cristina corrieron e hicieron lo que les mandaron. Detrás ellos un odontólogo asustado los seguía amargamente. Un ligero movimiento sacudió al musculoso soldado. Bajó su mirada y se encontró con dos diminutas siluetas aferradas a las piernas del médico a quien deseaba golpear. Los dos infantes gritaron groseramente. —¡¡Suelta a papá!! Sintió que perdía el equilibrio, tembló incontrolablemente, el terror se manifestó en su cara. -pa.. pa.. ¿Papá? Un tono de voz más fuerte y áspero mostró su disgusto. El individuo mujeriego, claramente reconoció su error. Había empeorado las cosas. A un así tenía que avanzar. Se aproximó y sostuvo una de las duras muñecas que apresaban el cuello de su primo. —¡Suéltalo! ¿Vas a golpearlo delante de los niños? —Sigues siendo un cretino. Fueron las respuestas del militante —sí, pero al menos no soy tan mal tipo como para pegar alguien delante de sus hijos. Andrés lo examinó con disgusto y se alejó, Porque sintió lástima por los críos que con impotencia estrechaban las piernas del profesional de la salud. Sin embargo, le advirtió susurrando al oído —“No te aparezcas de nuevo ante mi hermana o alguno de mi familia. Por que te destrozaré”. ¡Pop! El sonido de un objeto cayendo al suelo advirtió a los presentes de una repentina llegada. El temor del hermano mayor se hizo realidad, cuando a la desastrosa escena llegó su madre y la orgullosa CEO. Denis, con una expresión endurecida y arrastrada por el asombro, dejo caer su costosa cartera de lujo. Por su parte, Ana, permanecía de pie imperturbable y serena. ... continuará...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD