Capitulo 5: Dolor devastador

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Rumbo a la iglesia, al elegante doctor le sudaban las manos reiteradamente y su corazón latía a gran velocidad. Iban allí en el coche del dentista, un mustang GT, convertible color n***o, con rines de lujo. El auto pulcramente decorado con un set de flores en la parte delantera Y con grandes lazos y flores blancas en el capó, destacaba en la carretera. En el vehículo, el activo conductor incomodaba al futuro esposo tarareando la indispensable marcha nupcial; —Ta Ta Ta Tan Con la piel erizada y exhausta de soportar a su irritante sobrino, la madre del novio gritó enfadada. — déjate de tonterías, ya verás cuando llegue tu momento, seremos Yo y tu primo quienes reiremos gozosamente de tu agitación. Un escalofrío le recorrió la espalda al joven libertino; — carajo, tía, ¡no me desees la mala suerte.! No prestando atención a las comunes discusiones que tenían lugar siempre que su madre y José se reunían, el apuesto doctor no dejaba de mirar su teléfono celular, atento a cualquier mensaje que pudiera recibir de su amada, el tiempo seguía pasando, la hora se acercaba, a sí como su llegada al templo donde se realizaría la gran ceremonia. Una sonrisa resplandeciente cubría su rostro mientras se encontraba inmerso en sus pensamientos; En estos momentos me siento el hombre más feliz de la Tierra, jamás pensé en casarme, pero hoy mi corazón salta de alegría. Durante todos estos años de relación Siempre me he imaginado un futuro contigo. Sé que cuando llegues al altar serás la más hermosa rosa que irradiara todo el lugar. Nuevamente, me pongo ansioso al saber que ya falta tan poco. Algunos kilómetros lejos de allí una ostentosa camioneta blanca, Claramente arreglada; con un lazo gigante decorando la parte frontal y globos en tonos rosados colgando del techo. La novia y su familia se dirigían también a la iglesia. Por decisión de ambos novios, los dos carros de los próximos esposos fueron preparados y adornados para embellecer y resaltar su llegada al lugar. El ambiente adentro era diferente, en este caso, Ana, tenía los labios tiritando por la emoción, su madre reía a carcajadas desde que salieron de la casa, por otro lado, el padre y el hermano tenían los ojos vidriosos y guardaban silencio. —Cariño, si algún día llegan a discutir, deben tratar de resolverlo inmediatamente, jamás abandonen la cama matrimonial. ¿Lo entiendes? Un amable consejo salió de la dama que había estado casada durante treinta años. Pero Alberto que protegía a su hija en exceso protesto; —Cariño, si algún día ese tipo te hace enojar, solo debes decirlo, tu hermano y yo no te abandonaremos, es más, si en algún momento te cansas de él, puedes volver a tu casa. Denis no pudiendo sobrellevar más la inaguantable actitud de su marido se quejó ofendida; —¡¡Concéntrate en conducir, porque si tenemos un accidente, no te alcanzará la vida para compensar el daño de este importante momento!! El tipo de aspecto bien cuidado, con el cabello teñido en blanco minuciosamente y una elegante barba, mantuvo la boca cerrada y busco ayuda y consuelo, visualizando por el retrovisor al coronel, que evadió la mirada pretendiendo estar concentrando en el paisaje que vislumbraba en la ventana. 04:30 Pm Bajando refinadamente de la furgoneta, la psicóloga sobresalía con su gran atractivo y el bello vestido que envolvía magnamente su cuerpo, resaltando su figura esbelta. Con el templo a reventar, todos los asistentes esperaban en el interior y Ana fue llevada al salón conexo de la iglesia, mientras iniciaba la ceremonia, como era costumbre la novia ingresaría con sus padres por el pasillo y el novio la recibiría cerca del altar. La Basílica estaba abarrotada de personas, la invitación tuvo una gran recibida de parte de los compañeros de trabajo del médico y de la profesional de salud mental, familiares, amigos, muchos aceptaron el llamado con alegría. Sentada en un cómodo mueble con su petulante vestido, esperaba ansiosa el comienzo del rito. A las cuatro y cuarenta de la tarde el teléfono celular de la muchacha sonó implacablemente. Observo la brillante pantalla y su semblante se iluminó, arriba el nombre de guardado del remitente decía; “Sebastián esposo” —¿hola? ¿Qué pasa, amor? Exclamo jubilosa la doncella. —Lo siento… No puedo llegar a la boda Después de escuchar aquella corta frase de Sebastián, mi cerebro no comprendió las palabras siguientes que prosiguieron… Un zumbido resonaba en mi mente, todo se volvió blanco, el color en la sala desapareció, mi rostro luciente escapó y pequeñas gotas de agua comenzaron a descender por mis mejillas. Andrés, mi hermano, que también estaba al teléfono, colgó de inmediato y corrió hacia mí, papá, se puso pálido y se acercó, mi madre, al igual que yo, no comprendía lo que estaba pasando, y se aproximó hacia donde me encontraba. Me alejo de mis familiares que me rodearon alarmados, solo doy tres pasos y me mantengo de pie, sostengo con fuerza el bouquet de novia, lo sujeto tan firme que mis manos se lastiman, Pero no me detengo, debo dejar salir estas emociones que se desbordan de mi pecho. Tomó un jarrón de vidrio cilíndrico que se hallaba en el lugar y lo aviento al suelo con vigor, entonces observo que hay muchos más recipientes similares y sigo arrojándolos desestabilizadamente a la superficie, estos hacen un sonido estremecedor. Los cristales se extienden por todo el habitáculo, es un verdadero desastre. Una sensación de mareo me acompaña, junto con la respiración entrecortada, observo en una esquina el ramillete abandonado, me vuelvo a recogerlo y lo agarro entre mis ya heridas manos, un suspiro de resignación sale de mi cuerpo exhausto. . . . Ana consideró durante largo tiempo que él sería la persona con quien caminaría el resto de su vida. Un romance tranquilo, acogedor y cálido los envolvió ambos en la primavera de su juventud. No obstante, contrario a sus deseos, todo se derrumbó en un instante, dejando ahora, solo los amargos recuerdos de un amor que lastimó su corazón. Macetas rotas, junto a vidrios esparcidos, llenaban la habitación. Aquel día la mujer de atractiva belleza sollozaba con dolor, mientras sostenía fuertemente el ramo de rosas con sus delicadas manos, pronto las espinas penetraron su piel y gotas de sangre descendieron sobre el elegante vestido blanco, manchando lastimosamente el encaje de la cintura. —¡¡Nunca me enamoraré de nuevo!! Murmullos de aflicción, resuenan en la sala, una madre desconsolada abraza a su hija en impotencia y dolor. ... Continuara...
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