—Yo, el príncipe Leif II de la dinastía Dankworth, príncipe de Nightrom, los subalternos y del mar Sogen. He decidido tomar como esposa y futura reina consorte a; Lady Aleera de la dinastía Lancaster.
El salón de llenó de murmullos, el príncipe Leif estaba de pie frente al trono n***o mientras tomaba la mano de su futura esposa.
Venus sonrió con suficiencia al ver una unión tan fuerte.
En uno de los berrinches de Venus, ella zarpó rumbo a el “Valle de Clare” un lugar conocido por la mayor cantidad de asesinatos en todo el continente, Venus hizo su pequeño imperio y gracias al algunos de sus abanderados mató a quienes desafiaran su voluntad, el “Valle de Clare” era un lugar sin reglas ni autoridad pero eso acabo con la llegada de la princesa.
La noticia llegó a oídos del Lord Lancaster por lo que fue a hablar con Venus para una posible alianza entre ellos dos, Venus simplemente había respondido con un «lo pensaré» acompañado de un movimiento desinteresado de mano.
«mi esposa murió hace algunas lunas, mi hija será preparada para ser la futura esposa del príncipe Leif, quiero que nosotros unamos fuerzas y seamos la unión más fuerte».
Claro está que Venus lo pensó, Robb Lancaster era un señor guapo que se conserva de maravilla y su familia tiene poder y riquezas, pero primero tendría que ver para que le serviría esa unión de manera personal.
—espero que haya considerado mi propuesta princesa. —Lord Lancaster estaba tras ella con la mirada puesta en su hija y el príncipe.
—por supuesto mi Lord pero me inquieta el hecho de que usted tendrá más poder y quizás con que intenciones.
—mis intenciones no son malas princesa, yo solo quiero que mi familia lo tenga todo.
Venus lo miró por sobre su hombre y sonrió. —no quiero opacar a mí dulce sobrino, luego de la boda real anunciaremos el compromiso. —sentenció dando por terminada la charla.
Robb Lancaster sonrió de manera victoriosa, si bien el no sería un enemigo para los Dankworth, el podría llegar a cometer cualquier acto por su familia, y ahora la princesa Venus se uniría a su familia.
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Al terminar la ceremonia de anunciación, Venus fue a los aposentos del príncipe Elijah para contarle de su tan repentina decisión.
—tía, que gusto verte aquí.
Venus lo miró detalladamente y a paso tranquilo se sentó en la gran cama recién ordenada por las criadas.
—quería que tú antes que nadie sepa que me casaré. —murmuró viendo cómo el rostro de el príncipe se volvía más sombrío. —no es por amor si no por conveniencia, y quiero que sepas que…
—solo te interesa poder que hay de mí.
—Elijah tus sentimientos hacia mi no son apropiados, eres un niño que ni siquiera sabe lo que quiere, un matrimonio no significa que me detendrá de ser quien soy, pero lo que tú quieres conmigo es indebido… eres mi sobrino carajo.
Elijah bajó la cabeza y tomó la mano de su tía.
—los años pasarán y yo me hago vieja, créeme que no querrás estar con una anciana.
—digas lo que digas no me harás cambiar de opinión Venus, te amo y te quiero para mí… solo, solo quiero un beso de despedida.
Venus ignoró el hecho que la haya llamando por su nombre y lentamente se puso de pie para tomar a su sobrino del cuello.
—un matrimonio no me detendrá de hacer lo que quiero.
Venus chocó sus labios con los del joven príncipe sintiéndose culpable de besar tan apasionadamente a un niño al que le llevaba diez años.
Venus despegó sus labios de los del príncipe y rápidamente salió de los aposentos sin decir ni una palabra más.
Caminó a paso apresurado por los pasillos del castillo sintiéndose confundida y como una pequeña niñata que hace estupideces.
Por otro lado, para el joven príncipe le era tan sencillo soñar, desear y anhelar a la princesa rebelde.
Miraba con suspiros su sensualidad y su seguridad que le hacía ver más atractiva aún.
El príncipe Elijah ansiaba poder acariciar aquella desafiante perfección que robaba suspiros entre los Lores de la corte, le era sagrado imaginar sus manos trazando caricias en cada rincón del cuerpo de su tía. «ahora sé lo que se siente ser Leif el pervertido» se repite mentalmente mientras su estómago daba un vuelco de vergüenza o quizás angustia.
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Cuando el tan anunciado “festín de herederos” dió inicio, familias de todo el continente viajó a la capital esperando tener un lugar en el “bloody place” y darle las felicitaciones a los comprometidos.
La fiesta dio inicio con un festejo durante la mañana como un desayuno agradable seguido de un torneo variado entre distintos concursos, justas, tiro con arco y luchas con solo un arma en mano, algo sangriento para una celebración de compromiso pero nadie se quejó.
Con arma en mano, sir Tynan de Loughty destrozó el pecho de su contrincante sin piedad alguna provocando que Lady Aleera volteara la mirada encontrándose con la mirada de la princesa Venus quien solo la observó detalladamente y le dio una sonrisa ladina para continuar mirando el torneo. Lady Aleera bajó la mirada avergonzada y buscó algo más que mirar para perderse de esa desagradable escena.
Un caballero entre los competidores se acercó al palco real antes de que comience su batalla. —yo, sir Daren de Berrycloth le dedico mi victoria a la princesa Venus Dankworth como muestra de nuestra eterna lealtad a su gracia.
Venus soltó una carcajada y alzó el pulgar restándole importancia a las acciones del caballero.
A su fortuna el caballero ganó en las justas después de que su caballo destrozara las piernas de su contrincante. Con una exagerada reverencia ante el palco real, Lord Robb Lancaster sonrió mirando hacía los escalones más alto en dónde se encontraba su prometida y el resto de la familia real.
En otro combate que acabó en masacre, Aleera volvió a voltear la mirada viendo a la princesa Venus quien estaba más pendiente al vino en su copa que a las palabras que su hermano Fermín le decía recibiendo solo un “mmm” de su parte.
Cuando Venus se percató de la mirada de Aleera sonrió de manera burlesca y le guiñó un ojo procurando recorrerla con la mirada par volver a preocuparse por su vino, mientras que el príncipe Fermín hablaba de manera animada sin saber que su hermana lo ha estado ignorando todo el tiempo.
—¡En la próxima ronda, deberán competir entre ustedes y quién salga ganador recibirá una bolsa con cien pondrás de oro y una armadura nueva! —anunció el rey.
—y con eso descubrí en dónde esconden el mejor vino. —le comentó Fermín a su hermana.
—¡Oh! Fermín aún sigues aquí, pensé que te habías marchado.
Fermín resopló indignado cosa que no duró mucho ya que se distrajo viendo a las criadas a su lado sirviendo vino.
«por todos los dioses, cómo es posible que mi familia sea un montón de idiotas» se maldijo Venus mientras al igual que su hermano, tenía la mirada puesta en las criadas, el rey miró en dirección de ambos encontrándose con la imagen de ambos con el cuello prácticamente torcido solo para ver a unas cuantas criadas.
El rey masajeo su sien y evitó enojarse en aquel bello día.