♡𝘚𝗎𝔯𝓰𝖊 𝗎𝖓 ɑmօ𝔯♡

1630 Words
ღIvanღ 🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟 2 horas antes. Hoy las chicas se ven muy entusiasmadas. Yadira me comentó que quieren ir a bailar al lugar que está aquí en la plaza comercial. Quiere que Isa se anime un poco... Después del incidente con Irina, ha estado evitándome mucho. De por sí es muy reservada y ensimismada; ahora lo está más. Algo dentro de mí ha surgido para con ella. No sé qué es, pero estoy consciente de que ella está muy mal emocionalmente. Y que si yo le hablara de algo más que no sea la relación laboral que tenemos, ella no estaría dispuesta. La verdad no quiero lastimarla y mucho menos agobiarla con mis tonterías. Tengo la necesidad enorme de querer verla feliz, que sonría, así como solo ella lo sabe hacer. Ya que se fueron a divertir, las veo muy felices, pero Isa está indecisa. Quisiera saber sus miedos, para poder protegerla. Lo que pasó con Irina no me duele. Creo que en el fondo todo lo que pasó lo deseaba descubrir, porque sabía que algo estaba mal, pero no quería aceptar que me estaban pintando los cachos. Vine al lugar donde las chicas están. No me acerco a ellas, solo las veo de lejos. Están bailando con sus bebidas en la mano. Isa se ve feliz, pero con una canción se pone triste. Está llorando. Algo le dice Yadira y la anima un poco. La veo y sé bien que ella ni siquiera sabe lo perfecta que es, lo maravillosa que se ve bailando y sonriendo. Sonrío con genuina felicidad. Isa se dirige a la barra y toma asiento en uno de los bancos de ahí. Se ve realmente ebria. Se recuesta en la barra, pero sus ojos me encuentran. Nuestras miradas se unen. Me pongo un poco nervioso. El bajo de la música me retumba en el pecho. Voltea a mirar a las chicas y aprovecho para acercarme a ella porque se ve mal. Alcanzo a detenerla porque al momento de bajarse del banco y dar la vuelta le falla el equilibrio y está a punto de caer. Tiempo actual ... —Te salvé... —le digo, sosteniéndola de la cintura. Su cuerpo es ligero, tibio. Huele a alcohol dulce y a su shampoo de coco. Me mira a los ojos y le sonrío. Nos miramos fijamente y en este instante... sé que algo dentro de mí empieza a surgir. Ya no lo voy a reprimir. Me gusta Isa, y me encanta estar cerca de ella. —Jeeefe... ¿cobo esta? ¿Vino a bailar con noshotrooos? ¡Hip!... Berdón... je, je, je... —Isa está evidentemente ebria. Tomo su cabello y lo paso detrás de su oreja. La miro más de cerca. Es muy hermosa, con sus ojos café claro, su cabello suave y color castaño, largo hasta los hombros. La luz del neón le pinta la piel de violeta. —Ya estás borracha, Isa —le digo, sin poder dejar de sonreír. —Yo... do... do, borrasha... ¡Hip!... —niega con la cabeza, y casi se va de lado. —¡Iván! ¿Qué haces aquí, eh? —Yadira llega con nosotros e Isa la ve y la abraza efusivamente. —¡Awww, mi abiga!... —se le cuelga del cuello. —Isa... ay, ya se le subió mucho la bebida —dice Yadira, sosteniéndola. —Mejor las llevo a su casa. No se pueden ir así, todas han bebido. Las pueden detener. No puedes manejar así, Yadira. Ve a Isa, está muy mal. No debiste darle tanto de beber —la regaño, aunque sé que lo hizo con buena intención. —Solo tomó tres copas... como no está acostumbrada, por eso se le subió —se justifica Yadira. —Vados... a bailar... abigaa... ven, ven ¡hip! —toma a Yadira y la mueve para bailar con ella. Yadira le hace señas a las chicas para que nos vayamos. Toman a Isa y salimos de ahí. Marlene y Julia la llevan agarrada; apenas y puede caminar. Sus piernas flaquean y se ríe sin control. Llegamos a mi camioneta y las chicas suben. Isa va riéndose, diciendo incoherencias. De pronto empieza a llorar desconsolada. La miro por el retrovisor. Julia y Marlene, que van con ella, la intentan consolar. Yadira me ve y me guiña un ojo. Comprendo que sabe lo que estoy pensando. —Yo creo que me voy a llevar a Isa a mi casa, Iván. No puede estar sola en ese estado —dice Yadira, seria. —Me parece bien... —contesto, aunque el pecho se me aprieta. Llevamos a Julia y a Marlene a sus respectivas casas, ya que Yadira vive un poco más lejos. Dejan a Isa dormida en la parte de atrás. Su respiración es suave, tiene la boca entreabierta y las pestañas le tiemblan. —¿Ya me vas a decir qué hacías ahí? —me pregunta Yadira cuando arrancamos de nuevo. —Solo quise pasar... —miento, mirando el camino. Las luces de la calle se reflejan en el parabrisas. —Iván... —me advierte. —¿Qué, Yadira? —aprieto el volante. —Ella está mal... —su voz se endurece. La miro a los ojos y veo por el retrovisor a Isa dormida. Tan vulnerable. Tan ajena a todo. —Lo sé... —susurro. —Y tú acabas de terminar tu relación... no creo que estén bien para... —deja la frase en el aire. —No hay nada, Yadira. No especules cosas —corto, más brusco de lo que quisiera. —Solo te digo, aprecio mucho a Isa, y a ti también. Los dos han pasado cosas tristes, pero, de los dos, ella está muy mal. No tienes idea de todo lo que pasó... —Yadira se queda pensativa. Ya no digo palabra alguna. No tengo idea qué es eso que vivió Isa para estar tan mal. No quiero ni imaginar. Se ve que su exmarido es un patán. Me bastó verlo unos minutos para ver que es un verdadero poco hombre. Llegamos a la casa de Yadira. Lo primero que hace es abrir la puerta para que lleve a Isa. La bajo de la camioneta cargando. Está profundamente dormida. Su cabeza cae sobre mi hombro y su aliento cálido me da en el cuello. Entramos a la casa de mi amiga y recuesto a Isa en el sofacama que Yadira tiene en su sala. Va a su habitación por una cobija y mientras llega, veo detenidamente a Isa. Le acomodo su cabello. Tiene la piel suave, las mejillas sonrojadas por el alcohol. —¡Iván... Iván...! —de pronto dice mi nombre entre sueños. Sonrío con mucha felicidad. ¿Ella también piensa en mí? —¿Qué pasa? —llega Yadira con la cobija y me levanto rápido. De pronto me siento avergonzado por estar viendo a Isa dormir. —Me tengo que ir, Yadira. Mañana tengo mucho trabajo —me paso la mano por el cabello, nervioso. —¿No quieres un café? —ofrece. —No, gracias, amiga. Me voy... —miro a Isa por última vez. Tan en paz. Tan rota. Me despido de Yadira. Una vez en mi departamento, Jovita sigue despierta. La luz de la cocina está encendida y huele a té de manzanilla. —Joven, me tenía con pendiente —dice, con su bata puesta. —Jovita, disculpe. Tuve un contratiempo. Vaya a dormir —le pido, dejando las llaves en la mesa. Me dirijo a mi cuarto. Me tumbo en la cama. La imagen de Isa bailando me viene una y otra vez a la mente. El movimiento de su cabello de un lado a otro con esa sonrisa hermosa en sus labios. Se veía realmente feliz. No tiene idea de lo hermosa que es. No sabe que es una mujer maravillosa, inteligente, trabajadora y que lucha ante toda adversidad. Estoy pensando en ella cuando me interrumpe de mis pensamientos el sonido de un mensaje en mi celular. Lo veo y es de Yadira. Me incorporo de inmediato. Pienso lo peor, no sé por qué. Solo es una foto de Isa dormida, con la cobija hasta la barbilla y el cabello esparcido en la almohada. Yadira es una tonta. Sonrío por su detalle y me quedo viendo la foto por largo rato. Quiero guardar esa bella imagen en mi corazón y en mi mente, para nunca olvidarla. Me manda otro mensaje: _Para que sueñes con ella, tonto_. —Yadira, qué atrevida eres... —pienso en voz alta, negando con la cabeza. Estoy feliz solo con ver la foto de Isa, pero mi felicidad se opaca con los recuerdos de todo lo que está pasando en mi vida. Todo es un caos. Todavía no les digo a mis padres que terminé mi relación y compromiso con Irina. Mi vida justo ahora es un desastre. No puedo ofrecer estabilidad a Isa, ya que todo está revuelto por aquí. Ella merece lo mejor, y por ahora no puedo darle eso... Maldigo en mis adentros. Por ahora solo puedo ser su jefe y nada más. Me levanto y me dispongo a tomar un baño. Quiero descansar y relajarme un poco de mis estúpidos pensamientos. Irina no ha vuelto a hacer nada desde el día que hizo el desastre en mi negocio. Espero que deje a un lado su absurdo comportamiento. Si no me ama, ¿por qué demonios fue a hacer todo eso? Ya sabía que es una caprichosa de lo peor. Seguro es solo eso, un capricho nada más. Herí su ego. Siempre se creyó superior a mí, siempre demeritando todo lo que hacía y le decía. Es que soy un idiota. ¿Cómo pude ser tan tonto ante ella? Nunca ver todo lo que hacía frente a mi nariz.
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