Bárbara sintió ganas de gritar, pero habló en voz baja. — Yo... no sé cocinar; — Entonces aprende, porque a partir de hoy, haré todas mis comidas en casa— — ¡No tengo que cocinar para ti! — replicó, irritada. Paco, entonces, la agarró del brazo y la hizo sentarse en la cama, con su rostro muy cerca del de ella: — Mira, Bárbara. Si quieres entrar en guerra conmigo, lo harás, pero perderás, y perderás feo. Después, tendrás que arrastrarte para conseguir cualquier cosa de mí. Yo trabajo, traigo comida a esta casa y todo lo que necesites. Ni siquiera sabes cómo limpiar una casa, mucho menos trabajar fuera. Pero aprenderás. La casa ahora es tu responsabilidad. Ella lo miró con rabia, pero se percató de que él no estaba bromeando. Entonces él dijo: — Haz un sándwich y vístete. Vamos a beb

