Una Conversacion en el Parque

1029 Words
Willow estaba escuchando música cuando la empleada vino a avisar que Bartolomeo estaba en la puerta. — Mande entrar — dijo Willow, quitándose los auriculares. — Está con los hermanos, señorita, y dijo que los cuatro van a un parque. Ten cuidado, niña. — ¿Por qué dices eso? — Porque dicen que tienen ciertas costumbres, Bartolomeo y Francesco. Yo, en tu lugar, no saldría con los tres. Dile que no vas. Pero Willow bajó las escaleras de la casa, decidida. Encontró a los tres hombres apoyados en el coche, esperándola. Francesco le sonrió, pero Caio permaneció distante, ni siquiera la miró. Cuando finalmente se movió, fue solo para saludar ligeramente. Willow se dio cuenta de que él era el más joven y el más peligroso de los tres. Los tres hermanos la observaban en silencio, como si esperaran algo. Bartolomeo abrió la puerta del coche para ella. — ¿A dónde vamos? — preguntó Willow, tratando de ocultar su nerviosismo. — A conversar en una plaza. — Fue la respuesta de Bartolomeo. — ¿No podemos conversar aquí? — No, Willow. Vamos a un lugar más tranquilo. — No voy a ser forzada a nada, ¿verdad? — Claro que no. Es solo una conversación en el parque. Ya le avisé a tu padre, así que tranquila. Willow entró en el coche, pero el nerviosismo no la abandonaba. Se sentó en el asiento al lado de Bartolomeo, que conducía, y casi salta cuando sintió los dedos de alguien tocar su cabello. Era Caio. —¿Caio? — llamó Francesco. Él seguía jugando con su cabello, en silencio. Willow giró la cabeza para mirarlo a él. — ¿Por qué tocas mi cabello? — Él no habla, Willow — explicó Francesco. — Escucha y entiende todo, pero nunca ha dicho una palabra. — ¿Es autista? — Tal vez. Pero funciona bien, solo es... diferente. No le gusta mucho la gente. Pero parece que le gustó tu cabello. Caio tiró del cabello de Willow de pronto, y ella gritó. Bartolomeo estacionó el coche en el parque. — Caio, no así — dijo Bartolomeo. Francesco tomó la mano de su hermano y le enseñó a acariciar. Willow observaba la escena, sintiéndose cada vez más incomodada. — Bartolomeo — comenzó ella, tratando de mantener la calma. — Dime, Willow, — ¿Por qué él... — Willow se estremeció cuando Caio pasó la mano por su cuello. Ella salió del coche rápidamente, sin querer más esa proximidad. Los hermanos la siguieron hasta una mesa debajo de un árbol, donde se sentaron. Caio intentó acercarse de nuevo, pero Willow se levantó, notando la mirada fija de él en su camiseta. Él miraba sus senos. — Caio, concéntrate en las plantas — dijo Bartolomeo — No es apropiado, chico, no. Caio cerró los ojos, obediente. — ¿Por qué me trajeron aquí? — preguntó Willow, nerviosa, sintiendo que había algo más que solo una conversación. — Porque necesitamos ser sinceros contigo — respondió Bartolomeo. — Y con las otras novias también. Willow ya sabía que estaban organizando otras bodas, pero aún no entendía todo. — ¿Sinceros sobre qué exactamente? — Los tres vamos a casarnos, Willow. Y después de la boda, continuaremos juntos. Tú serás mi esposa, pero convivirás con Caio y Francesco. Y también con sus esposas. Willow comenzó a entender la situación. Vivirían todos como una gran familia. — ¿Y ellas me aceptarán? ¿Les gustaré? — La idea es que sean amigas — dijo Bartolomeo, tratando de parecer razonable. — Hay más, ¿verdad? — Sí — admitió él. — No sabemos exactamente cómo funcionará todo, pero probablemente estaremos todos juntos en esto. Willow tardó un poco en procesar lo que él estaba diciendo. — Bartolomeo — comenzó ella, con la voz temblorosa — ¿esto va a ser una de esas bodas abiertas, en las que cada uno se queda con quien quiere, sin sentimientos, sin compromiso? La idea de estar involucrada en algo tan impersonal la dejó inquieta. Ya había enfrentado frialdad y soledad antes. Eso no es lo que quería. Willow sintió su cuerpo temblar, tratando de absorber lo que acababa de oír. Eso no parecía correcto. Era un Dilema para Willow Willow se levantó de repente, con la tensión creciendo dentro de ella. — No me voy a casar, no así. Sin compromiso, sin afecto. No me gusta este tipo de matrimonio abierto, donde cada uno se queda con quien quiere. — No es así, Willow — respondió Bartolomeo, con paciencia. — No va a ser nada liberal. Estoy hablando de nosotros, de mis hermanos y de sus esposas, y no de otras personas. Seremos capaces de amarlas a ustedes. — ¿Ustedes también se quedarán con mujeres de afuera? — preguntó ella, aún desconfiada. — No. Ni siquiera iba a hablar de eso ahora, pero nuestro hermano Gideon dijo que no sería justo ocultarlo. Tienes derecho a saber cómo será — explicó Bartolomeo. Willow dudó por un momento, antes de preguntar: — ¿Qué han pensado Savana y Alexandra de esto? — Aún no hemos hablado con ellas — admitió Francesco. Willow se sentó de nuevo, completamente indecisa. Miró a Caio, luego a Francesco y finalmente a Bartolomeo. Eran intimidantes, pero al mismo tiempo, algo en ellos la hacía reflexionar. Su propia casa era tan fría, tan insensible, que la idea de algo diferente parecía tentadora. — ¿Tienen certeza de que serán buenos? — preguntó, con la voz temblando. — Claro — aseguró Bartolomeo. — Aprenderemos. Caio nunca ha tenido contacto con otra mujer, pero vamos a ayudar. ¿No es así, Caio? Caio asintió, aún sin decir nada. Por primera vez, dio un asentimiento afirmativo sobre el matrimonio. — ¿Pueden llevarme a hablar con Savana y Alexandra? — pidió Willow. — ¿Quieres hablar con ellas? — Quiero. Solo les daré una respuesta después de hablar con ellas, porque si no están de acuerdo, no funcionará. Pero estoy asustada, con miedo. Ustedes tres son... extraños — admitió, con un suspiro de nerviosismo. Francesco se inclinó un poco hacia adelante, tratando de tranquilizarla. — Las vamos a tratar bien, Willow. Lo prometemos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD