Capítulo 7

2506 Words
Castillo Dracul en Bran, Braşov, Transilvania, Rumania, una semana después del ataque a territorio Höller en Perú. Cinco noches después de presentarse ante La Corte, cuando Lucian continuaba revisando los manuscritos que los Dracul guardaban en la enorme biblioteca del castillo, junto al brujo Sasha, fue contactado telepáticamente por Morgan. «Hijo, nuestros espías han detectado la presencia de Kerem de Anatolia, el mago oscuro, acercándose por el camino que une el pueblo de Bran con el castillo. Oculta al brujo y a su familia, así como a tu predestinada». Sin decir palabra alguna, Lucian pidió a Sasha dejar lo que estaban haciendo y regresar a las habitaciones donde el brujo y su familia residían en el castillo. Al encontrar a Laura junto con Paula y los niños híbridos, les pidió que lo acompañen hacia el punto más alto de la torre. Ileana, la vampira de aspecto adolescente y hermana menor de Darius, se unió a ellos durante el recorrido. Lucian no se había comunicado con ella, no le había pedido que hiciera algo por ellos, a Ileana le nació ayudar, ya que su poder de nacimiento le permitía saber quién estaba en camino y que la existencia de esos sobrenaturales estaba en peligro. «No te preocupes, yo me quedo con ellos. Si fracasas en alejar del castillo a Kerem, yo impediré que pueda acercarse, y le pediré al brujo que nos teletransporte a un lugar seguro donde luego nos puedas dar el alcance», dijo Ileana a Lucian por medio de una conexión telepática cuando llegaron a la pequeña habitación vigía en lo alto de la torre del príncipe vampiro. Lucian caminaba de regreso a la biblioteca cuando su padre volvió a comunicarse con él. «El mago oscuro quiere hablar contigo. Se han enterado de la incursión que hiciste junto a los guerreros en territorio licántropo y tiene muchas preguntas que hacerte. He reunido a La Corte y a los consejeros, por si es necesario que tomemos una decisión hoy mismo». El príncipe vampiro se llenó de ira al saber que el mago oscuro quería hablar con él, ya que Lucian despreciaba a todo humano que fuera capaz de vender su alma a Satanás por obtener poder, uno que, si fuera para los humanos, el Dios Supremo se los hubiera entregado. «Y ahora, ¿qué quiere ese asqueroso rastrero seguidor de Satanás? ¿Acaso no se percata que su presencia no me es agradable? ¡Y encima exige hablar conmigo! Espero que no hayan detectado al brujo y a su familia, sino tendremos problemas, o, mejor dicho, él los tendrá porque me veré obligado a acabar con su miserable vida», pensaba Lucian caminando con obvia molestia a encontrarse con quien menos quería tratar. Como lo indicó Morgan, La Corte y los consejeros acompañaban al líder Dracul ante el inesperado visitante. Kerem de Anatolia era un mago oscuro de más de cuatro mil años de existencia terrenal. Alguna vez fue un humano, un sacerdote del Imperio Acadio, y fue por ello que Satanás lo contactó, ya que notó que, por más que era considerado un hombre digno para representar a la divinidad en La Tierra, en realidad escondía oscuros deseos de poder para acabar con sus enemigos, que eran los verdaderos dignos de espíritu para ser un sacerdote acadio. Este mago oscuro no era uno de los más antiguos que estaba al servicio del embaucador, pero su edad sobrepasaba los límites físicos de los humanos. Este ser, como todos los magos oscuros que superaron las décadas de juventud, mantenía su fortaleza corpórea a través de rituales que implicaba tomar la esencia divina que toda alma contiene, por lo que se había convertido en un asesino de humanos, prefiriendo las almas de aquellos que recién llegan a este plano. Sí, Kerem prefería a los recién nacidos para fortalecer su cuerpo, aunque, si no había posibilidad de obtener alguno cuando era necesario revitalizarse, tomaba a cualquier otro infante o niño que tuviera a mano. En el camino hacia el salón de La Corte, Darius se sumó a Lucian. El segundo general Dracul se había enterado por los guardias que vigilaban la entrada del castillo sobre la llegada del mago oscuro, así que decidió acercarse y oír el motivo de la repentina llegada de uno de los secuaces más sanguinarios que Satanás tenía entre sus huestes. – ¿A qué has venido, Kerem? –preguntó Lucian mientras ingresaba al salón. Metros detrás Darius hizo lo propio, pero este se quedó parado a un lado de los asientos que estaban distribuidos para los miembros de La Corte Dracul, mientras que el príncipe vampiro detuvo su andar al estar enfrente del mago oscuro. – Vaya, saludar antes que preguntar con tanta rudeza no te haría daño, querido Lucian –dijo el mago oscuro con notoria intención de hacer que el vampiro pierda la paciencia-. Si fueras un poco amable, serías más bello de lo que ya eres –se me olvidaba comentar que Lucian odiaba a Kerem porque era de aquellos magos oscuros que gustaba de los placeres de la carne, pero de manera violenta, por lo que era su pasatiempo favorito violar a machos y hembras jóvenes, tanto humanos como vampiros, algo que el Príncipe Dracul detestaba. – Habla, que no estoy para perder el tiempo –respondió con más fastidio Lucian, mostrando sus colmillos al mago oscuro, a quien, por más rituales que hiciera para mantenerse joven y vivo, era un mortal al que fácilmente podría matar. – He venido hasta aquí para preguntarte en persona sobre lo que ocurrió en Perú. ¿Qué hacías tan lejos de tus territorios? –la mirada del mago oscuro enfurecía a Lucian porque le hacía sentir que estaba en desventaja. – Decidí atacar a la Manada Höller al enterarme que su nueva Luna es una humana –soltó Lucian con una expresión desinteresada en la mirada. – Y te vencieron, otra vez –señaló el mago oscuro empezando a caminar alrededor de Lucian. El príncipe vampiro permaneció en silencio, apretando los puños para no acabar con la vil existencia de Kerem-. La verdad es que no me interesa si los derrotaste o te patearon el trasero. Lo que quiero saber es cómo hiciste para trasladar a tu ejército hacia Perú en cuestión de segundos –ahí supo Lucian que Kerem ya sabía de la presencia de un brujo entre Los Dracul. – Ese no es tu asunto –soltó Lucian en un gruñido, ya que apretaba la mandíbula. Se sabía descubierto, por lo que quería saltar sobre el mago oscuro para tomar su vida, pero esa acción haría que todos los miembros de su clan sean considerados unos traidores al pacto que los vampiros mantenían con Satanás. – Pero qué divertido eres, Lucian –soltó Kerem entre carcajadas-. Crees que puedes ocultarme la verdad –Kerem se pegó al cuerpo del príncipe vampiro, quien miraba un punto fijo en el salón y mantenía todos sus músculos tensos al hacer el esfuerzo de controlar sus ganas de acabar con el mago oscuro-. Sabes que conozco tu secreto, a medias porque no sé el nombre de ese brujo, pero que en este castillo tienes oculto a un ángel encarnado es real. Solo porque desde que te conocí, hace varias décadas atrás, me encantó tu belleza, voy a darte la opción de que me lo digas ahora que estamos tan cerca uno del otro –Kerem susurraba las palabras en el oído de Lucian-. Vamos, Príncipe Dracul, sé un buen vampirito y revélame el nombre de ese brujo. – No hay ningún brujo en el Castillo Dracul, en Bran, en Transilvania, ni siquiera en toda Rumania –fue lo único que dijo Lucian esforzándose por no atacar al mago oscuro. Kerem se alejó del vampiro y continuó hablando. – Bien. Te di la opción de que sea por las buenas, pero parece que, al igual que a mí, te gusta jugar rudo –la expresión lasciva y malvada de Kerem asqueó a Lucian. El mago oscuro recitó unas palabras en antigua lengua acadia para abrir un portal, del cual salió un demonio. Aunque los demonios no son seres materializados, los sobrenaturales pueden ver la apariencia que tienen, y ese demonio era como un sabueso, uno de tres cabezas, con afilados dientes y grandes patas, cola que terminaba en un aguijón y mirada perdida al haber detectado lo que buscaba ni bien apareció en el salón de La Corte Dracul. – Vaya, pero qué rápido este sabueso del infierno ha podido detectar el aroma de un brujo –el demonio gruñó, y los ojos del mago oscuro se abrieron de par en par por la sorpresiva noticia que acababa de recibir-. El olor es intenso porque no solo hay un brujo, sino cuatro –Kerem empezó a reír a carcajadas porque ya se imaginaba todo lo que podrían hacer con la sangre, carne, grasa, piel y huesos que obtendrían de esos brujos-. La dicha que voy a darles a mis hermanos al llevar a estos brujos. – No te atrevas a dar un paso más –dijo Lucian al ver que Kerem le pedía al demonio que lo guíe hacia donde estaban los brujos. – ¿Qué pasa, Lucian? ¿Acaso quieres desobedecer el pacto con mi señor? –soltó el mago oscuro mostrando mucha seguridad de su parte-. Mira que el portal sigue abierto, y al otro lado hay miles de demonios prestos a cruzarlo para devastar tus dominios. – Te lo repito, no te atrevas a dar un paso más –las manos que Lucian tenía pegadas a los lados de su cuerpo, haciendo puño, se soltaron y extendieron, negándole el paso al mago oscuro y al demonio. – Tú a mí no me das órdenes, asqueroso vampiro –soltó iracundo Kerem-. Tú, que alguna vez fuiste un humano como yo, que por ambición entregó su alma a mi señor para gozar de los placeres terrenales por mucho más tiempo de lo que ofrece esta vida, no me vas a decir qué debo hacer. Me llevaré a los brujos que escondes. Sin que nadie se lo esperara, Lucian soltó su don de nacimiento en contra de Kerem, inmovilizando al mago oscuro. El demonio se sorprendió al ver la respuesta del vampiro, y ya iba a ir en contra del Príncipe Dracul, pero una fuerza invisible lo golpeó e hizo retroceder hasta que cruzó nuevamente el portal hacia el Inframundo. Darius había manifestado su don de nacimiento, impidiendo que los demonios que se veían detrás del portal puedan cruzarlo. El General Dracul se acercaba lentamente hacia donde estaba Lucian, quien miraba serio a Kerem, que al no poder moverse empezaba a perder la sonrisa que hasta hace unos minutos atrás sostenía al creer que tenía la ventaja en la situación. – ¡¿Qué estás haciendo?! –soltó Kerem sintiendo que mientras más intentaba moverse, más poderosa se volvía aquella fuerza invisible que detenía su movimiento. – Lo que debí hacer hace décadas atrás –dijo Lucian mirando altivamente y con un toque de desprecio al mago oscuro-. Puede ser que mi pueblo haya nacido de la ambición de los humanos, de ese lado oscuro y perverso que esa especie tiene en su interior y decide poner por encima de la bondad que también nace en ellos; pero yo no fui un vil humano deseoso de poder, yo nací siendo vampiro, yo tengo un alma y puedo decidir –la mirada de Kerem lo decía todo, el mago oscuro desconocía que Lucian era un vampiro por nacimiento-. Y te sorprenderá más el saber que no soy el único. Todos en este salón somos vampiros por nacimiento –de uno en uno, los miembros de La Corte, consejeros y el mismo Morgan Dracul, dejaron sus asientos para apoyar lo que Lucian revelaba a Kerem. Sin proponérselo, Los Dracul estaban tomando una decisión de lo que harían por el bien de su clan a partir de ese momento en adelante-. ¿Crees que quienes tenemos alma vamos a estar recibiendo órdenes de un simple peón del embaucador? Tú, que por migajas has perdido lo más preciado que se te entregó, tu alma, ¿crees que puedes llegar a mis tierras y exigir que te sirvamos? ¡Eso se acabó! – ¡Estás declarando la extinción de tu clan! –soltó Kerem entre iracundo y temeroso. Lucian miró hacia el portal, y vio a los cientos de demonios que golpeaban la barrera que Darius había creado, una que era irrompible. – Pensé en dejarte con vida para que seas el mensajero que lleve a Satanás la decisión que el Clan Dracul ha tomado sobre romper el vil, desproporcionado e injusto pacto que nos ha mantenido por siglos bajo las órdenes de ese que fue derrotado por Los Celestiales y expulsado de los Cielos por el Dios Supremo; sin embargo, detrás de ese portal hay cientos que pueden cumplir con esa misión. – ¡ELLOS NO ESCUCHAN LO QUE ESTÁS DICIENDO! –gritó Kerem sospechando que su vida estaba en peligro. – Una acción vale más que mil palabras. Y verte morir por mis manos será el mensaje que lleven y tenga la misma finalidad: manifestarle al embaucador que el pacto con Los Dracul se ha roto. Lucian tomó el cuello del mago oscuro con una de sus manos. Él no necesitaba usarlas para matar a Kerem, pero sí requería graficar lo que con su don de nacimiento haría. El Príncipe Dracul podía inmovilizar a cualquier ser vivo. No solo era evitar el desplazamiento, sino que podía hacer detener el movimiento involuntario de cualquier órgano, aparato o sistema del cuerpo de su víctima. Mientras una enorme sonrisa se dibujaba en el rostro de Lucian, el corazón y pulmones de Kerem se paralizaban. La falta de sangre oxigenada en cada una de las células empezaba a dañar la fisionomía del mago oscuro, pero al ser un cuerpo que hace milenios debió hacerse polvo, la descomposición de este fue mucho más rápida que si se tratara de un humano normal. Los demonios observaron cómo el vampiro apretaba el cuello del mago oscuro, y cómo la piel de este empezó a tomar un color azulado que luego dio paso a un tono grisáceo. Las extremidades y la cabeza de Kerem cayeron al suelo del salón, y luego el resto del cuerpo, el cual se había convertido en fino polvo. Al morir el mago oscuro, el portal se cerró. – Está más que claro que hoy hemos manifestado nuestra decisión –soltó Morgan observando a cada m*****o de La Corte, consejeros, Darius y a su hijo. – Sí, padre. Ahora es el momento en que debemos prepararnos para repeler el ataque de Satanás y sus aliados. De seguro los primeros que vendrán contra nosotros serán los de nuestra misma especie que aún no han abierto los ojos –dijo Lucian. – Pues, que vengan –mencionó Darius sin mostrar preocupación-. Por primera vez Los Dracul pelearemos usando nuestros dones de nacimiento en su máximo nivel.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD