-¿Te sientes bien, mon amour? Acaricié su barriga, aún plana, para sentir con agrado su escalofríos. Sonreí y me arrimé a su cuerpo, aún recostado en nuestra cama de dos plazas. Alicia sonrió con los ojos cerrados y envolvió sus brazos en mi cuello. -Ahora mucho mejor.- Solté una suave carcajada y escondí mi rostro en su cuello, mi lugar favorito. -Hablo en serio. Tienes que cuidarte, ya escuchaste al doctor. -Mario, estoy embarazada, no convaleciente.- Abrió los ojos y me miró con reprobación y un poco de gracia. La luz de la ventana de nuestra alcoba le llegaba al rostro, haciendo que luciera simplemente perfecta. -Tienes que cuidarte. A ti, y a mi hijo. Así que hoy te quedarás en nuestra cama y te consentiré en todo lo que quieras. Había pasado casi un año del matrimonio fallido
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