Tara estaba acostada, Emilia la analizaba con sus ojos ¿Había algo mejor qué la piel blanca de Tara? Por supuesto qué no. Emilia amaba ver sus ojos verdes fijamente, cómo mordía su labio interior. Tara Mongomery es un ángel pero tiene al mismísimo diablo en sus ojos no podía creer qué una mujer tan fina sea así.
Emilia sonreía mientras se acercaba lentamente a Tara.
—Cariño, estoy perdiendo la paciencia ven aquí ahora... Por favor.—dijo nerviosa, Emilia se inclino para darle un pequeño beso.
Sus labios se humedecian con él sabor a menta de la pasta mental. Se sentía tan bien. Emilia acaricio su cabello rubio mientras le daba pesos pequeños en el cuello, Tara quería ser de Emilia sin importar las reglas qué rompía. La pelirroja se metió en su cabeza en tan sólo una semana. ¿Por qué?.
Sus besos se volvían cada vez más largos, haciendo qué Tara respiré con dificultad. Emilia beso la cobertura de sus senos beso hasta llegar a sus pezones rosados haciendo qué Tara arqueara la espalda.
—Me gustan tus pechos.—balbuceo haciendo qué la piel blanca de Tara se volviera roja.—¿Qué pasa, mami te pongo nerviosa?—preguntó sonriente.
Tara se acerco a ella, pasó su dedo índice por él labio superior y luego inferior. Emilia beso sus dedos con deseo paso su lengua mientras la miraba fijamente a los ojos sentía cómo su piel se erizaba al sentir su tanto en ella simplemente magnífico pensó mientras se subía encima de ella le dio un brinco y tomó sus pechos bajo lentamente hasta sus pechos.
Emilia pasó su lengua en círculos por sus pezones, mientras miraba fijamente él rostro de Tara. Empezó a morder con suavidad y luego chupo suavemente era demasiado excitante de ver y sentir Emilia se movía se frotaba contra ella cómo una perrita mierda es mí perra pensaba Tara mientras tocaba su cintura.
—¡Cariño, lo haces bien!—jadeo mientras metía sus dedos en la boca.
Tara sentía cómo una corriente en su cuerpo. Jamás había sentido algo así los labios gruesos y delicados de Emilia la hacían gritar.
—Mami, deberías ser más silenciosa. ¿No lo crees?.—murmuró sonriente.
Emilia sonreía alegre, se sentía muy bien. Realmente le agradaba tener poder y control.
—¡Cierra la boca!—gritó con dificultad. Emilia beso su vientre.
Bajo lentamente, beso la cobertura de su cadera y sus piernas. Tara no decia nada, solamente suspiraba.
—Muéstrame lo qué tienes mami—dijo con nervios,—¡Mierda!—jadeo.
Nunca en su vida salió con una mujer pero había algo en Tara qué le encantaba. Era sexi, inteligente y hermosa... Tara tomó el cabello de Emilia con suavidad.
—Cariño, sólo déjate llevar.—habló Tara, notando los nervios de Emilia.
Bajo lentamente y puso su boca entre la paredes de sus labios. Empezó a bajar y subir mientras la masajea con su lengua. Emilia buscaba su c******s mientras qué Tara tomaba su cabello en sus dedos.
—¡Mierda!—jedeo
Cuando encontró su punto g sintió demasiada excitacion. Su boca no se despegaba mientras jugaba con su lengua.
—Me encanta.—gimio, Emilia acaricio su cabello. —¡Lo haces bien!—exclamó.
Sentía una sensación maravillosa.
—Dios mío, mami tu coño está húmedo.—balbuceo.
Tara se levantó y la miró fijamente.
—¿Quieres qué yo...?—preguntó mirandola a los ojos.
—Cariño, quiero hacerlo solamente yo... Tara quiero sentir tus piernas temblar y quiero escuchar gritar mi nombre.—habló sonriente.
Escuchar "Tara" de sus labios era demasiado hermoso.
—Está bien, Emilia.—respondio tocando su espalda.—Muévete encima de mí, Emilia.—jadeo.
Tara acaricio su espalda, hasta sus muslos. Emilia sentía cómo su cuerpo empezó a arder, Tara la estaba enloqueciendo.
Tara abrió ligeramente las piernas mientras. Emilia mientras se movía encima de ella.
—¡Mierda!—jadeo.
Tara la besaba con tanta pasión qué Emilia sentía tantas mariposas qué le daba demasiado miedo.
—Tara, te quiero—balbuceo.
La rubia se quedó sin palabras al escuchar su confección.
—También, te quiero.—murmuró.
Se levantó de la cama y fue a agarrar algo de su cajón saco una fusta y una venda Emilia la miraba con atención.
—¿Qué harás?—pregunto con curiosidad
ella la tomo por detrás de la espalda y le dio dos azotes Emilia gimió era la primera vez qué se sentía así.
—Castigarte por decir mí nombre ayer no tienes permitido hablarme de tú.
Le dio dos más Emilia gemía de placer.
—Me gusta—jadeo
Tara sonrió y seguía.
—Termine con tú castigo por hoy porque te daré muchos más.