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1000 Words
El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte. La luz dorada entraba por la ventana como un susurro cálido, iluminando la habitación con un brillo suave. Kael estaba sentado en la misma silla de siempre. No se había movido en toda la noche. Sus ojos estaban cansados, pero firmes, vigilando cada respiración de Nyxara. Lady Nymera había intentado convencerlo varias veces de dormir, pero fue inútil. Kael no se permitiría descansar si ella no despertaba. Fue entonces cuando notó algo distinto. La respiración de Nyxara cambió. Se volvió más profunda… más consciente… más viva. Un leve suspiro escapó de sus labios. Kael se enderezó al instante, su corazón golpeándolo contra el pecho. —Natasha… —susurró, con una mezcla de esperanza y miedo. Los párpados de Nyxara temblaron suavemente. Sus dedos se movieron, rozando las sábanas con torpeza, como si buscara algo… o a alguien. Kael tomó su mano. —Estoy aquí. Finalmente, los ojos de Nyxara se abrieron. Al principio estaban nublados por el sueño y la debilidad… pero luego, al enfocarse, se llenaron de una luz suave, casi dorada. Kael sintió que el aire se le escapaba. —Hola… —dijo ella con una voz ronca, suave como un pétalo. Kael tragó saliva, intentando mantener la compostura. —Hola, Natasha. Bienvenida de vuelta. Nyxara frunció ligeramente el ceño, tocando su propia frente con la mano libre. —Me duele un poco… pero… —miró a Kael— …estás aquí. Él cerró los ojos un segundo, como si ese simple hecho le quitara un peso enorme del alma. —No me moví de tu lado —dijo con sinceridad, sin intentar suavizarlo. Nyxara sonrió muy poquito… una sonrisa débil, pero hermosa. —Lo sé. Te escuché… en mis sueños. Kael se tensó. —¿Qué escuchaste? Nyxara extendió una mano temblorosa y tocó su mejilla, dejándolo inmóvil. —Tus palabras. Tu voz llamándome. Y esa luz dentro de mí… respondiéndote. Kael tomó su mano y la sostuvo contra su rostro, cerrando los ojos. Pero entonces ocurrió algo que ninguno esperaba: Un destello dorado salió de la palma de Nyxara. Pequeño, suave, cálido… como el primer rayo del amanecer. Kael abrió los ojos sorprendido. Nyxara también, con un sobresalto. —¿Viste eso…? —susurró ella, asustada. Kael tomó aire, firme. —Sí. Y no voy a dejar que te asustes de algo que eres. Nyxara sintió las lágrimas brotar. —Kael… tengo miedo. Él se acercó, rozando su frente con la de ella con una delicadeza que ninguna armadura de guerrero podría contener. —No temas. Estoy aquí. Y no voy a dejarte sola en esto. Ni ahora… ni mañana… ni nunca. Nyxara cerró los ojos y apoyó su frente contra la de él. La puerta se abrió suavemente. Lady Nymera había ido y venido incontables veces durante las últimas horas, siempre con un nudo de angustia en el pecho. Pero esta vez, cuando cruzó el umbral, se detuvo en seco. Nyxara estaba despierta. Y no solo despierta… Kael estaba inclinado hacia ella, sosteniendo su mano con una mezcla de devoción y alivio imposible de disimular. Nyxara, aún débil, sonrió al ver a Lady Nymera. —Mi lady… —susurró con voz suave. Los ojos de Nymera se llenaron de lágrimas al instante. Casi dejó caer la bandeja que traía. —¡Mi niña! —exclamó, corriendo hacia ella. Con una delicadeza maternal infinita, tomó su rostro entre las manos y la cubrió de besos en la frente y las mejillas, como si hubiera recuperado a una hija perdida. —Nos diste el susto más grande de nuestras vidas —dijo con voz entrecortada—. Mi corazón no habría soportado perderte. Nyxara sintió otra lágrima escapar por su mejilla, pero esta vez no era miedo… Era cariño. Kael se movió un poco hacia atrás para darle espacio a su madre, aunque su mano no soltó la de Nyxara ni un segundo. Lady Nymera lo notó. Y sonrió con una ternura orgullosa. —Después hablaremos tú y yo, hijo —dijo con un guiño suave, pero con significado claro. Kael se tensó ligeramente, pero no respondió. Los pasos apresurados de alguien subiendo la escalera resonaron por el pasillo. Un segundo después, la puerta se abrió de golpe. Era Lucian. Tenía el cabello despeinado, aún en ropa de estudio, y los ojos enrojecidos por no dormir y… por llorar. Al ver a Nyxara despierta, se quedó paralizado. —Na… Natasha… —dijo con voz temblorosa. Los ojos de Nyxara se iluminaron al verlo. —Lucian… Él dio dos pasos hacia adelante, como si temiera que fuera una ilusión. —¿Estás… de verdad estás bien? —preguntó con la voz rota. Nyxara asintió, dulce como siempre. Lucian no pudo más. Se llevó una mano a los ojos, intentando ocultar las lágrimas que le escapaban, pero Lady Nymera ya lo abrazaba sin decir nada. —Estábamos tan preocupados, hijo —susurró ella—. Todos. Lucian se separó, respiró hondo… y por fin se acercó a Nyxara. Se sentó a un lado de la cama y tomó una de sus manos (la que Kael no tenía, claro). —No vuelvas a asustarnos así —dijo con un intento de sonrisa, aunque su voz todavía se quebraba—. No sabes lo que… lo que sentí cuando caíste. Nyxara apretó su mano suavemente. —Estoy aquí, Lucian. Gracias por preocuparte. Kael miró la escena en silencio. No había celos… pero sí un dolor silencioso al ver cuánto la quería su hermano menor y lo que había sufrido. Lucian levantó la mirada hacia él. Ambos hermanos se sostuvieron la mirada unos segundos. Kael no apartó la mano de Nyxara. Lucian no soltó la suya. Lady Nymera suspiró. —Qué hermoso caos —murmuró con cariño. Nyxara cerró los ojos un momento, respirando hondo. Por primera vez en días… se sentía a salvo. Amada. Protegida. Y rodeada por una familia que había decidido quererla incluso antes de saber quién era en realidad.
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