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1184 Words
El viento helado cortaba como cuchillas mientras Kael y Lucian cabalgaban hacia la frontera. Desde lejos ya se veía el resplandor de llamas verdes y sombras retorciéndose en la oscuridad. Los monstruos habían llegado. Criaturas enormes, deformes, con piel hecha de roca y músculo, ojos encendidos como brasas… y bocas capaces de partir un caballo en dos. Eran Gor’thams, bestias antiguas que solo aparecían cuando la magia del mundo se agitaba. Kael bajó del caballo antes de que este se detuviera por completo y desenvainó su espada. El metal cantó como un trueno. Lucian saltó del suyo, golpeando el suelo con su bastón; una onda azul se expandió bajo sus pies. Los soldados gritaron de alivio al verlos llegar: —¡¡ES LORD KAEL!! —¡¡EL MAGO LUCIAN ESTÁ AQUÍ!! Los Gor’thams avanzaban en oleadas, destruyendo todo a su paso. Kael apretó los dientes. —Lucian —dijo sin mirarlo—. Mantén distancia. Cúbrenos. Lucian sonrió por primera vez en serio. —No pienso quedarme atrás, hermano. Kael no discutió. No había tiempo. Un Gor’tham gigantesco rugió y se abalanzó hacia Kael. La tierra tembló bajo su peso. Kael corrió hacia él sin miedo. La espada chocó contra las garras del monstruo, sacando chispas. El impacto fue tan brutal que varios soldados cayeron de espaldas. Pero Kael no se movió. Sus músculos se tensaron. Su rostro se endureció. Un grito salió de su pecho mientras empujaba al monstruo hacia atrás. —¡¡AHHHH!! Con un giro perfecto, Kael cortó el antebrazo de la criatura. Sangre negra salpicó el campo. El monstruo rugió de dolor. Y antes de que pudiera atacar de nuevo… —¡RAYO ARCANO! —gritó Lucian. Un relámpago azul cayó del cielo y atravesó el cráneo del Gor’tham. La criatura cayó muerta, levantando una nube de polvo. Kael miró a Lucian de reojo. —Bien hecho. Lucian sonrió. —Apenas empiezo. Más monstruos salieron del bosque. Cientos. Kael corrió directo hacia la horda. Era un torbellino de acero: Saltaba entre los monstruos, cortaba cabezas, desviaba golpes que matarían a cualquier otro. Su espada se movía tan rápido que dejaba trazos plateados en el aire. Los soldados lo miraban con reverencia. Kael era una fuerza de la naturaleza. Mientras tanto, Lucian levantó su bastón hacia el cielo. —¡Barrera luminosa! Un escudo de luz envolvió a los soldados justo a tiempo para detener un aluvión de rocas lanzadas por las bestias. El joven mago se abrió paso entre el caos, enviando hechizos con precisión quirúrgica: —¡Explosión ígnea! ¡Lanza de hielo! ¡Tormenta eléctrica! Cada conjuro convertía a un Gor’tham en cenizas o hielo quebrado. Los soldados gritaban: —¡¡LUCIAN!! —¡¡MAGIA!! —¡¡SIGAN A LORD KAEL!! El campo era un infierno. Entonces la tierra tembló. Desde las montañas apareció un monstruo todavía más grande. Un Titán Gor’tham, de diez metros de alto, cubierto de placas rocosas y ojos rojos como lava. Lucian tragó saliva. —Ese… no lo habíamos visto antes. Kael apretó la empuñadura de su espada. —Tú lo distraes. Yo lo bajo. El Titán rugió, levantando un boulder del tamaño de una casa y lanzándolo directo hacia ellos. Lucian golpeó el suelo con su bastón. —¡Muralla Arcana! Una pared de luz apareció, pero el impacto fue tan brutal que la muralla se rompió en mil fragmentos. Kael no esperó a que cayera el polvo. Saltó. Corrió por el lomo de un Gor’tham caído y se impulsó hacia el Titán. Parecía un rayo humano. —¡¡KAEL!! —gritó Lucian al verlo elevarse. Kael no escuchó. Gritó con toda la fuerza de su pecho: —¡¡POR SOLVARD!! Su espada descendió con un brillo plateado. El Titán levantó un brazo para detenerlo… Pero la espada de Kael lo cortó como si fuera mantequilla. El Titán rugió de nueva furia. Intentó aplastarlo con el puño. Lucian, viendo el peligro, extendió ambas manos: —¡¡ESFERA DE CONTENCIÓN!! Una burbuja azul atrapó el puño del Titán en el aire, dándole a Kael el segundo que necesitaba. Kael saltó hacia el rostro del monstruo… Y enterró su espada hasta la empuñadura en su ojo. Un rugido estremecedor sacudió todo el valle. El Titán cayó de rodillas… Y después se desplomó, levantando un terremoto que hizo temblar el bosque entero. Silencio. Los soldados observaban boquiabiertos. Lucian respiraba agitado. Kael retiró su espada, cubierto de polvo y sangre negra, jadeando… pero firme. Lucian se acercó y sonrió. —Hermano… eso fue impresionante. Kael solo asintió, agotado. Elin entró en la habitación sin hacer ruido. La joven doncella la observó con preocupación: Nyxara estaba sentada en el borde de la cama, mirando la ventana como si en cualquier momento fuera a ver a Kael y Lucian regresar. —Mi lady… —dijo Elin con voz suave— no ha probado bocado desde hace horas. Debe comer… o podría enfermarse. Nyxara parpadeó lentamente, volviendo a la realidad. —Lo sé, Elin… —susurró—. Perdón. Elin dejó la bandeja en la mesa cercana y se inclinó con un gesto maternal. —Sé que está preocupada… todos en el castillo lo estamos. Pero comer un poco le hará bien. Nyxara asintió, aunque sin mucha fuerza. Tomó un pequeño pedazo de pan… pero apenas lo sintió en la boca. Su pecho estaba demasiado apretado para sentir hambre. —¿Cuánto tiempo llevan fuera? —preguntó Nyxara, intentando sonar tranquila, pero su voz tembló. —Varias horas, mi lady —respondió Elin—. Lord Kael es fuerte… y Lord Lucian es un mago brillante. Ellos podrán con cualquier amenaza. Nyxara apretó el pan entre los dedos sin darse cuenta. —Eso… espero. Elin la miró con una mezcla de cariño y lástima. —Mi lady… ¿está muy preocupada? Nyxara bajó la mirada. No sabía cómo explicar lo que sentía. No sabía por qué su pecho dolía, por qué cada minuto que pasaba sin noticias se le hacía eterno. —Sí… —admitió finalmente, con un hilo de voz—. Mucho. Elin se sentó a su lado con delicadeza, como si temiera asustarla. —Lord Kael siempre vuelve, mi lady. Y Lord Lucian también. Son Solvard… el deber es parte de ellos. Nyxara apretó las manos sobre su regazo. —No es solo eso… —susurró—. Siento algo… aquí. Se llevó una mano al corazón. —Como si algo malo fuera a pasar. Como si… estuviera demasiado lejos. Elin abrió un poco los ojos, sorprendida. No sabía nada del verdadero origen de Nyxara, pero las mujeres del castillo conocían perfectamente lo que era la intuición. —Mi lady… las corazonadas son fuertes. Pero no siempre significan peligro real. A veces solo significan que… alguien le importa. Nyxara levantó la mirada, vulnerable. —Elin… ¿crees que volverán pronto? La doncella sonrió suavemente, posando una mano en su hombro. —Lo sé, mi lady. Y cuando regresen, seguramente vendrán directamente a verla. Pero Nyxara no estaba tranquila. La noche estaba silenciosa. Demasiado silenciosa.
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