70

1019 Words
El jardín estaba silencioso bajo la luz pálida de la luna. Las flores nocturnas exhalaban un aroma suave, y el murmullo de la fuente llenaba el aire con un ritmo calmante. Pero Lucian no tenía calma. Estaba sentado en uno de los bancos de piedra, la capa arrugada a su lado, la mirada perdida en el agua. Su rostro seguía húmedo por las lágrimas que había intentado secar con torpeza. Sus dedos temblaban sobre sus rodillas. No escuchó los pasos. No escuchó la puerta del jardín. Pero sí escuchó esa voz maternal, suave, cargada de amor: —Lucian… hijo mío. Lucian se tensó. La vergüenza lo atravesó como una flecha. Rápidamente se limpió el rostro con la manga, pero su madre ya lo había visto llorar muchas veces de niño, y ahora… tampoco lo engañaba. Lady Nymera se acercó sin apuro, con la elegancia serena que siempre la caracterizaba. Se sentó a su lado, muy cerca, lo suficiente para que él sintiera su calor. —Mi niño… —susurró mientras acariciaba suavemente su cabello—. ¿Qué pesa tanto en tu corazón? Lucian apretó los labios, tratando de resistirse. Pero al final, su voz salió rota: —Madre… ¿soy… insuficiente? Lady Nymera frunció el ceño con ternura y preocupación. —Nunca digas eso, Lucian. —Pero Kael… —bajó la mirada, los ojos brillando de nuevo con lágrimas contenidas—. Kael siempre lo tiene todo. Y ahora también tiene a Natasha… El nombre se le quebró en la garganta. Lady Nymera sintió el dolor de su hijo tan claro como si fuera propio. Pasó un brazo alrededor de él, atrayéndolo contra su hombro. —Lucian, mi amor… no pierdes a Natasha. Nunca la tuviste para perderla. Lucian cerró los ojos con un suspiro tembloroso. —Me esforcé tanto… —susurró—. Quería que me viera… quería que me eligiera… Pero ella… solo lo mira a él. Lady Nymera lo apretó más fuerte, besándole la sien como cuando era niño. —No porque no seas digno, Lucian. Eres bondadoso, gentil, brillante. Eres un joven de luz. Pero el corazón… el corazón escoge sin permiso. Lucian tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. —Duele… —admitió casi en un susurro. —Lo sé, mi niño. Es el primer amor. Y el primer amor duele mucho. Pero te prometo que no te romperá. Te hará más fuerte, más sabio… y un día, alguien verá en ti lo que yo veo. Lucian dejó caer una lágrima silenciosa. —¿Y Kael? —preguntó con voz baja—. ¿Debo odiarlo por esto? Lady Nymera negó con la cabeza. —No. Tu hermano te ama más de lo que crees. Y está sufriendo por ti. Mucho más de lo que deja ver. Lucian apretó los puños. —Es que… —su respiración tembló—. Quería ser yo. Solo esta vez… quería ser yo. Lady Nymera le sostuvo el rostro entre las manos, obligándolo a mirarla. —Lucian. Mírame. Tú eres suficiente. Más que suficiente. Pero Natasha no es un premio ni una competencia. Ella es… un corazón buscando otro. Y encontró el suyo en Kael. Lucian bajó la mirada, derrotado… pero entendiendo. —Entonces… ¿qué hago? Lady Nymera lo abrazó con toda la ternura que cabía en una madre. —Sanas. Respiras. Permites que duela. Y luego… vuelves a levantarte. Lucian apoyó la frente en el hombro de su madre, dejando que el llanto saliera por última vez, contenido, silencioso. Ella lo sostuvo así el tiempo que él necesitó, acariciándole el cabello con paciencia infinita. Cuando finalmente se calmó, Lady Nymera murmuró: —Vamos adentro, mi amor. No estás solo. Nunca lo estarás. Lucian asintió lentamente… y se dejó guiar. Esa noche, Nyxara cayó dormida rápido, aunque su corazón seguía acelerado por el día que había tenido. La oscuridad la envolvió… y pronto se encontró en un lugar que no reconocía. No había cielo. No había tierra. Solo un espacio inmenso hecho de nubes doradas y luz vibrante. Todo se sentía tibio… familiar. Como si hubiese estado ahí cientos de veces. Un sonido grave resonó en la distancia. Un rumor parecido a un trueno. Pero no era amenazante: era calmado, protector. Nyxara extendió la mano, y vio que su piel brillaba. No como humana… No sabía explicarlo, pero algo dentro de ella parecía expandirse, como si su cuerpo no pudiera contener toda la energía que surgía desde su pecho. No veía formas claras. Solo siluetas hechas de luz, enormes, majestuosas… que se movían alrededor de ella con elegancia antigua. Parecían criaturas… o espíritus… pero su mente no podía comprenderlo del todo. Una de esas siluetas se acercó lo suficiente para que Nyxara sintiera un calor intenso sobre su piel, como si la envolviera un sol pequeño. No hablaba. Pero transmitía una emoción muy fuerte: Pérdida. Tristeza. Advertencia. Nyxara dio un paso atrás, confundida. —¿Quién eres? —preguntó, aunque su voz sonaba extraña, como si hablara dentro del agua. La figura no respondió. Pero una ráfaga de viento la envolvió… y de pronto sintió algo en su pecho, como si su corazón hubiese recordado algo que su mente no alcanzaba a ver. Un destello blanco iluminó todo. Después uno dorado. Después una sombra. Y escuchó, muy lejos, casi en un susurro que no sabía si era real: “Recuerda…” Nyxara intentó aferrarse a ese sonido, a la luz, a la figura… Pero el sueño se deshizo entre sus dedos como arena brillante. Nyxara despertó bruscamente, incorporándose en la cama. Su corazón estaba desbocado. Su respiración, agitada. Su frente, cubierta de sudor. No recordaba bien la escena. Solo fragmentos: la luz, el viento, una figura enorme, la sensación de algo perdido… y una palabra que le retumbaba en la cabeza aunque no sabía por qué: “Recuerda.” Ella se abrazó las piernas, tratando de entender. —¿Qué… fue eso? —susurró. No tenía respuestas. Solo la sensación inquietante de que ese sueño no era un sueño cualquiera. Era algo más. Algo antiguo. Algo que su corazón conocía… pero su mente no.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD