Mientras caminaba entre flores altas y senderos de piedra cubiertos de rocío, Nyxara vio un pequeño quiosco escondido bajo un arco de enredaderas. Allí, sentada con la serenidad de quien domina cada rincón de su hogar, estaba Lady Nymera.
La mujer bebía un jugo de frutas y leía un libro grueso encuadernado en cuero. Cuando levantó la vista y vio a Nyxara, una sonrisa cálida iluminó su rostro.
—Natasha, hija… ven, acompáñame —llamó con voz suave.
Nyxara se acercó con pasos tímidos, como si no quisiera interrumpir demasiado.
—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó Lady Nymera dejando el libro a un lado.
—Mucho mejor, gracias —respondió Nyxara con una pequeña inclinación de cabeza.
Pero Lady Nymera frunció ligeramente el ceño, como una madre que ve a través de cualquier máscara.
—Te ves confundida, hija… preocupada. ¿Qué pasa?
Sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea.
Nyxara bajó la mirada, apretando sus manos en el regazo. Dudó. Sus mejillas se encendieron un poco. No estaba acostumbrada a hablar de emociones humanas… no entendía ni la mitad de ellas.
Pero Lady Nymera tenía ese tono, ese abrazo en la voz, que hacía que todo fuera más fácil.
Finalmente, Nyxara murmuró:
—Es que… Draegor y Lucian me invitaron a la gala… —tragar saliva fue inevitable— …pero no sé a quién elegir.
Lady Nymera no respondió de inmediato, pero sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa suave y diversión elegante. Se acomodó mejor en su asiento, dándole espacio para continuar.
—Ya veo —dijo con un tono que indicaba que entendía más de lo que decía.
Nyxara levantó la mirada, angustiada.
—No quiero herir los sentimientos de ninguno… y tampoco entiendo por qué quieren que vaya con ellos. No sé qué debo hacer… ni qué significa realmente elegir.
Lady Nymera tomó la mano de Nyxara entre las suyas, cálidas y firmes.
—Hija mía… no tienes que apresurarte. Y mucho menos tienes que elegir por obligación.
Y si eliges, debe ser a quien tú quieras, no a quien creas que debes complacer.
Nyxara sintió algo suave en el pecho.
Lady Nymera sonrió, inclinándose un poco hacia ella, cómplice.
—Dime, Natasha… —preguntó en un susurro travieso— ¿hay alguno de mis hijos que haga que tu corazón lata un poquito más rápido?
Nyxara abrió los ojos ligeramente, sorprendida… y el recuerdo de una mirada azul intensa, una mano fuerte sujetando su brazo, un sentimiento extraño que la había recorrido al ver a Kael entrenar… le golpeó la mente sin permiso.
Su rostro se puso rojo al instante.
Lady Nymera lo notó.
Y sonrió con más ternura que burla.
—Querida… eso ya es una respuesta.
Lady Nymera mantuvo la mano de Nyxara entre las suyas. Era un gesto simple, pero lleno de calma, como si su sola presencia pudiera ordenar el mundo.
—Cuéntame, hija —dijo con voz suave y paciente—. ¿Qué es lo que te confunde?
Nyxara miró sus propias manos, nerviosa.
—Es que… yo no entiendo estas cosas humanas —admitió en un susurro—. Las… emociones. Y Draegor y Lucian me tratan tan bien. Son amables… cada uno a su manera. No quiero herirlos si elijo a uno para la gala.
Lady Nymera asintió con comprensión.
—Mis hijos son intensos —dijo con una sonrisa suave—, y cada uno muestra interés de forma diferente. Pero tú no les debes nada, Natasha. Ellos son quienes quieren estar cerca de ti. Tú solo debes hacer lo que te haga sentir cómoda.
Nyxara respiró hondo, y entonces Lady Nymera preguntó con un brillo travieso en los ojos:
—Dime, ¿qué te hacen sentir Draegor y Lucian?
Nyxara obedeció, sin darse cuenta de que estaba empezando a abrir su corazón.
—Con Draegor… —comenzó despacio— me siento… confundida. Es muy elegante y siempre dice cosas que me ponen nerviosa. Me hace sentir que estoy… jugando algo que no entiendo.
Lady Nymera soltó una risa suave.
—Así es Draegor. Un encantador profesional. Le gusta provocar, le gusta lucirse y adora la atención. Pero tiene buen corazón, aunque a veces pocos lo ven.
Nyxara continuó:
—Lucian es… cálido. Me hace sentir segura. Me escucha. Es muy… dulce conmigo.
La sonrisa de Lady Nymera se volvió tierna.
—Lucian tiene un alma buena. Siempre ha sido protector, incluso de quienes no lo necesitan. Con él, todo es suave, tranquilo, como un abrazo que no pide nada a cambio.
Nyxara sonrió un poco, como si esas palabras le dieran paz.
—¿Y Kael? —preguntó Lady Nymera con cuidado, sin presión pero con curiosidad maternal.
Nyxara tragó saliva.
Su pecho se apretó.
Su corazón dio un latido fuerte.
—Kael… —su voz se quebró ligeramente— no sé qué me hace sentir.
Lady Nymera ladeó la cabeza.
—Inténtalo, hija.
Nyxara apretó sus dedos en las sábanas de su vestido.
—Cuando lo veo, mi pecho… se mueve. Late más fuerte. Me asusta un poco, pero… también me atrae. No entiendo por qué me habla tan duro. A veces me mira como si no le gustara estar cerca de mí… pero cuando me mira… siento algo extraño aquí —se tocó el pecho, avergonzada.
Lady Nymera no se sorprendió. Sus ojos se suavizaron.
—Kael es complicado —dijo con un suspiro cariñoso—. Siempre ha guardado sus emociones bajo armadura. Fue criado para ser un guerrero, no para reconocer lo que siente. Muchas veces confunde el miedo… con enojo. Y la vulnerabilidad… con furia.
Nyxara abrió los ojos, sorprendida.
—¿Crees que Kael…? —no pudo terminar la frase.
Lady Nymera sonrió como solo una madre puede sonreír cuando sabe un secreto que los demás ignoran.
—Creo que Kael siente más de lo que deja ver. Y eso lo asusta. Mucho más de lo que te imaginas.
Nyxara desvió la mirada, la brisa movió sus cabellos como un susurro suave.
—Yo… no sé a quién elegir —confesó con un hilo de voz—. Los tres son… tan distintos. Pero cuando pienso en ellos… Kael es el que me hace sentir más… confundida.
Lady Nymera tomó sus mejillas con suavidad maternal.
—La confusión, hija mía… suele ser donde comienza el corazón.
Nyxara bajó la mirada, sintiendo su pecho calentarse.
—Pero Kael no me invitó a la gala…
Lady Nymera rió con dulzura.
—Ay, hija… Kael preferiría luchar contra diez monstruos antes que admitir que quiere llevarte. Dale tiempo. La semana apenas comienza.
Luego, con un guiño suave:
—Y si para el último día no lo hace… créeme, yo misma hablaré con él.
Nyxara se sonrojó profundamente.
Lady Nymera la abrazó despacio, como solo una madre que ya la siente parte de la familia podría hacerlo.
—No tengas miedo de sentir, Natasha. Estás aprendiendo a ser humana… y eso incluye enamorarse, confundirse, elegir.
No hay prisa. El corazón encontrará su camino.
Nyxara cerró los ojos un instante.
Por primera vez… no se sintió sola en su confusión.