Kael tomó la mano de Nyxara sin pensarlo demasiado, pero al sentir el pequeño sobresalto de ella… aflojó la presión, dándole espacio para retirarla si quería.
Nyxara no la retiró.
Al contrario, entrelazó sus dedos con los de él.
Kael tragó saliva, pero no dijo nada.
Solo la guió por la orilla del lago, donde el agua era más cristalina y el sonido de la cascada se hacía más fuerte.
—Cuidado —dijo con voz baja— las rocas aquí son resbaladizas.
Nyxara asentía mientras seguía sus pasos, pero sus ojos estaban fijos en él, en su perfil, en esa firmeza tranquila que despertaba algo cálido en su pecho.
Al llegar al borde, Kael soltó su mano con suavidad.
—Ven conmigo. Confía en mí —dijo extendiendo la mano otra vez.
Ella la tomó sin dudar.
Kael empujó un pequeño espacio entre la cortina de agua.
A simple vista parecía solo una pared rocosa…
pero cuando Kael entró, Nyxara vio que la cascada escondía un hueco natural en la piedra.
Parecía un pequeño santuario secreto.
Ella cruzó la cortina de agua detrás de él, empapándose apenas.
La luz del exterior se filtraba a través de la caída de agua creando destellos danzantes.
El lugar era cálido, protegido, íntimo.
Una pequeña cueva con paredes lisas, un suelo de piedra cómoda para sentarse y el sonido del agua envolviéndolos como un susurro eterno.
Nyxara abrió los ojos, maravillada.
—Kael… esto es… hermoso.
Él observaba su expresión con una pequeña sonrisa, esa que casi nadie conocía.
—Lo descubrí cuando era niño —confesó—.
Era mi escondite. Nadie lo conoce… excepto tú ahora.
Nyxara sintió que el corazón le latía más fuerte.
Él se acercó un poco más, sin invadir, pero lo suficiente para que ella sintiera el calor de su cuerpo.
—Es un lugar seguro —añadió—.
Donde nada puede alcanzarte.
Donde nadie puede herirte.
Nyxara giró la cara hacia él, la luz plateada reflejándose en sus ojos dorados.
—¿Por qué me lo muestras?
Kael respiró profundamente, como si cada palabra fuera una decisión importante.
—Porque… —alzó una mano, rozando la mejilla de Nyxara de nuevo, más seguro esta vez—
si voy a cortejarte como te mereces,
quiero que conozcas cada rincón que guardo cerca del corazón.
Nyxara sintió el mundo detenerse.
Su pecho se llenó de calor, sus mejillas ardían y algo dentro de ella vibró como un eco antiguo.
Ella levantó su mano y la puso sobre la de Kael, que seguía en su mejilla.
—Me gusta mucho este lugar —susurró ella—.
Y me gusta que solo yo lo conozca.
Kael se quedó inmóvil.
La cascada cantaba detrás de ellos.
La cueva brillaba con un resplandor suave.
La cercanía era tan íntima que la respiración de uno rozaba la piel del otro.
Kael bajó la mano muy lentamente hasta tomar el mentón de Nyxara entre sus dedos, inclinándola hacia él.
—Natasha… —murmuró, con la voz más suave que ella le había escuchado nunca—
si te quedas aquí conmigo un poco más…
no sé si voy a poder seguir comportándome como un caballero.
Nyxara, sin apartar la mirada, respondió:
—No quiero que te comportes como un caballero, Kael.
Y por un momento…
él casi la besa.
Casi.
Pero no lo hace.
No aún.
Nyxara seguía mirando las paredes de la cueva, fascinada por cómo la luz atravesaba la cortina de agua y pintaba destellos dorados, azules y plateados sobre la roca húmeda.
—Es hermoso —dijo con un susurro lleno de asombro—.
Los colores que se reflejan en la piedra, Kael…
parecen vivos.
Kael no la estaba mirando a ella.
La estaba observando a ella mirar la cueva.
Observaba cómo la luz tocaba su piel.
Cómo sus ojos brillaban.
Cómo su voz suave hacía que el pecho le doliera de una forma que no sabía explicar.
Y entonces le pasó.
Ese impulso que había estado conteniendo desde hacía días…
Cedió.
Kael dio un paso hacia ella, apenas uno, pero suficiente para cerrar el espacio que los separaba.
Nyxara volteó hacia él justo a tiempo para verlo acercarse.
Su expresión era seria.
Demasiado seria.
Como si estuviera a punto de cometer un pecado…
o cumplir un deseo.
Y antes de que Nyxara pudiera preguntar, pensar o apartarse…
Kael la abrazó.
Un abrazo firme.
Profundo.
De esos que nacen desde el alma.
La rodeó con ambos brazos, llevándola contra su pecho como si quisiera protegerla del mundo entero.
Como si quisiera asegurarse de que era real, de que estaba ahí.
Nyxara soltó un pequeño jadeo sorprendido, sus manos quedando atrapadas entre ellos por un segundo antes de rodearlo también, con suavidad temblorosa.
Podía escuchar su corazón.
No…
Podía sentirlo.
Golpeando fuerte.
Por ella.
Kael escondió el rostro en su cuello un momento, inhalando su aroma a flores y lluvia.
Se obligó a respirar para no perder el control.
—No podía más —admitió entre dientes, su voz baja, ronca—.
Natasha…
no podía seguir conteniéndome.
El corazón de Nyxara dio un vuelco.
Ella levantó una mano temblorosa y la apoyó sobre su espalda.
—Kael…
Él apretó el abrazo un poco más, como si temiera que ella desapareciera si la soltaba.
—Cuando te miro… —continuó, con una sinceridad brutal—
cuando hablas… cuando sonríes…
siento cosas que no entiendo.
Cosas que no quiero reprimir más.
Nyxara cerró los ojos contra su pecho, dejando que el calor de él la envolviera completamente.
Era un lugar seguro.
Más seguro que la cascada.
Más seguro que el castillo entero.
Kael bajó una mano a la cintura de ella, sosteniéndola con firmeza, como si fuera lo más precioso que había tocado en su vida.
—No tienes idea de cuánto te deseaba cerca —susurró contra su cabello.
Nyxara tembló, pero no de miedo.
—Yo… también —logró decir—.
Quería que me abrazaras así.
Kael se quedó inmóvil un segundo.
Y luego, muy lentamente, se separó apenas lo justo para mirarla a los ojos.
Su frente casi tocando la de ella.
Sus manos aún en su cintura.
La respiración de ambos entrelazada.
Kael habló con una voz grave, temblorosa, honesta:
—Si me quedo así un segundo más… no voy a poder contener lo que quiero hacer.
Los ojos de Nyxara se abrieron suavemente.
—Entonces no te contengas —susurró.
Kael inhaló bruscamente, llevó su mano a la mejilla de ella…
Y la acarició como si fuera algo sagrado.
Kael seguía acariciando la mejilla de Nyxara con una delicadeza que no coincidía con su tamaño ni con su fuerza.
Parecía sostener algo frágil, algo que temía romper…
Ella lo miraba con esos ojos grandes, inocentes, llenos de algo nuevo.
Algo que lo desarmaba.
Kael respiró hondo, temblando apenas.
—Natasha… —susurró, como un ruego, como una advertencia.
Nyxara no respondió.
Solo miró sus labios por primera vez.