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1228 Words
Kael estaba a un paso de Nyxara. Un paso. La mirada de sus ojos azules era un incendio contenido, y su voz había salido tan grave que Nyxara sintió que se le apretaba el pecho. —Natasha. Quiero hablar contigo —repitió Kael, más suave pero igual de intenso. Lucian retrocedió, incómodo. Nyxara abrió los labios para responder… Pero entonces una voz melodiosa, demasiado conveniente, cortó la tensión como una flecha encantada. —¡Un momento, un momento! —dijo Draegor, avanzando entre la gente con una sonrisa perfecta—. No puedes robarte a la dama tan rápido, querido hermano. Kael frunció el ceño, visiblemente irritado. —Draegor, no es momento de— —Claro que sí lo es —respondió Draegor, ignorándolo por completo mientras tomaba la mano de Nyxara—. Mi hermosa lady Natasha… ¿me concederías el segundo baile? Antes de que Nyxara pudiera asimilarlo, Draegor ya le estaba ofreciendo algo más: Una copa de vino fresca, brillante, fragante. —Para que la noche siga dulce —dijo guiñando un ojo. Nyxara, todavía cálida por el baile con Lucian, impulsada por el vino anterior y confundida por Kael… tomó la copa sin pensar demasiado. —Gracias… —susurró, llevándola a los labios. El vino entró como fuego dorado. Su pecho se aflojó. Su mente se volvió ligera. Sus mejillas ardieron. Kael apretó los puños. —Draegor —gruñó, dando un paso adelante. —Hermano —interrumpió Draegor, con voz suave pero peligrosa—. La dama ya ha aceptado. Nyxara lo miró, un poco aturdida, un poco valiente, un poco mareada. Draegor inclinó la cabeza con una cortesía impecable. —¿Bailamos? Y antes de que Kael pudiera detenerlos, Draegor ya la estaba guiando hacia el centro del salón. Kael dio un paso para seguirlos. Lucian lo tomó del brazo. —Kael… déjala disfrutar la gala… —Suéltame —gruñó Kael sin apartar los ojos de Nyxara. Lucian trago saliva. Nunca había visto a Kael así. La música cambió a una melodía más suave, más íntima. Draegor tomó a Nyxara con una seguridad que contrastaba con la ternura de Lucian. Una mano en su cintura. Otra entrelazada con la suya. —Relájate, mi lady —murmuró—. Estás temblando. Nyxara sonrió, ligeramente mareada. —Es el vino… creo… Draegor rió suavemente. —No, querida. No es el vino. Es Kael. Nyxara abrió los ojos sorprendida. —¿Kael? —Mm-hm. —Draegor la giró con elegancia, haciendo que su cabello blanco brillara bajo las luces—. Nunca lo había visto tan… consumido. Nyxara bajó la mirada, ruborizada. —Yo… no sé qué es lo que siento… —Lo descubrirás —susurró Draegor, acercando su rostro al de ella, pero sin tocarla—. Pero mientras tanto… déjame robarte este baile. Nyxara sintió el corazón latir fuerte. El vino le daba valor. Draegor le daba calma y emoción. Kael… Kael le daba un caos ardiente. Mientras bailaban, Draegor la guiaba con una suavidad encantadora. —Te ves preciosa esta noche —dijo sin apartar la mirada—. Y no te preocupes… no pienso dejar que te caigas. Estoy aquí. Nyxara rió bajito, mareada pero feliz. —Eres muy amable, Draegor. Él sonrió. —No soy amable, Natasha… solo contigo. Y desde el borde del salón… Kael miraba la escena con una mezcla peligrosa de rabia, celos y algo que no sabía cómo manejar. La copa en su mano temblaba. Y cuando Draegor acercó más su rostro al de Nyxara durante el baile… Algo dentro de Kael se rompió. Draegor giraba a Nyxara con suavidad, disfrutando cada segundo del baile, cada sonrojo, cada risita mareada. Nyxara lo miraba con los ojos brillantes, el vino encendiendo su valentía y adormeciendo sus dudas. Pero Kael… Kael ya no veía la música, ni a los invitados, ni siquiera a Yllena que decía su nombre a lo lejos. Solo veía a Draegor con las manos en la cintura de Nyxara. Sonriendo. Acercándola. Jugando. Y veía a Nyxara riendo en brazos de otro hombre. Ese fue el límite. Kael dejó su copa en la mesa de un golpe seco. Los invitados se apartaron sin él pedirlo. Su presencia era tan intensa que el aire a su alrededor parecía tensionarse. En dos pasos, ya estaba frente a ellos. —Draegor —su voz salió baja, peligrosa—. Suéltala. Draegor sonrió, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento. —Relájate, hermanito. Solo estamos bail— Kael no lo dejó terminar. Metió la mano entre ambos, aferró la muñeca de Nyxara con firmeza —cuidando no apretarla demasiado— y la arrancó literalmente de los brazos de Draegor. Nyxara dio un pequeño jadeo, sorprendida y mareada. —Kael… ¿qué…? Kael no la miró. No podía. Si la miraba, perdería lo poco de control que le quedaba. Miró a Draegor. Su rostro era puro acero. —No vuelvas a ponerle las manos encima —masculló. Draegor arqueó una ceja, divertido. —Ohhhh… interesante. Lucian observaba desde lejos, preocupado. Lady Nymera se llevó una mano al pecho, fascinada. Lord Solvard suspiró. Ya sabía que esto vendría. Sin soltar a Nyxara, Kael dio media vuelta y empezó a caminar decidido hacia las puertas del salón. —Kael… ¿a dónde…? —balbuceó Nyxara, tambaleando un poco. —A un lugar donde puedas respirar —gruñó él, sin detenerse. Los invitados se apartaban a cada paso. Cuando cruzaron las puertas al jardín nocturno, Kael finalmente se detuvo bajo la luz de las linternas mágicas. El aire fresco los envolvió. La música quedó atrás, amortiguada. Kael soltó su muñeca de inmediato, como si temiera lastimarla. Dio un paso atrás, pasándose una mano por el cabello empapado de tensión. Nyxara estaba roja, por el vino y por él. —Kael… ¿por qué… me trajiste aquí? —preguntó, su voz temblosa. Él levantó la vista, y la intensidad de su mirada fue suficiente para acallar cualquier música, cualquier pensamiento. —Porque no soporto… —apretó los dientes— verte en brazos de otro. Nyxara abrió los ojos, completamente sorprendida. El silencio entre ellos vibró. Kael se acercó un paso, apenas un poco. —Natasha —dijo su nombre con una voz rota, llena de algo que él mismo no sabía manejar— no vuelvas a bailar así con Draegor. —¿Por qué? —preguntó ella suavemente, el vino dándole una valentía peligrosa. Kael tragó saliva. —Porque… —cerró los puños— porque te estaba mirando como si fueras solo de él. Nyxara sintió que el corazón le explotaba. —¿Y… no lo soy…? —susurró, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo. Kael inhaló bruscamente. Se acercó más. Muy cerca. Su sombra la envolvió. Su mirada bajó a los labios de ella un segundo, solo un segundo, antes de apartar la vista con violencia, luchando consigo mismo. —No sé qué eres —dijo con la voz más honesta y vulnerable que jamás había tenido—. Pero no eres de él. Nyxara, mareada, con el corazón latiendo como alas de colibrí, dio un paso hacia él. Kael retrocedió apenas, sorprendido. —Estás borracha —murmuró, con los ojos ardiendo—. Y yo… yo no voy a aprovecharme de eso. Nyxara lo miró. Y por primera vez en su vida, Kael se sintió desarmado.
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