El sonido de pasos tranquilos entre las flores anunció una nueva presencia antes de que la figura apareciera. Lucian cruzó el arco de enredaderas con una sonrisa suave en el rostro, cargando un libro bajo el brazo.
—Madre —saludó con respeto y cariño, inclinándose para darle un beso en la mejilla.
Lady Nymera sonrió con orgullo y le acarició el brazo.
—Hijo, qué bueno verte. Justo estábamos disfrutando del almuerzo.
Lucian asintió y luego volvió su atención a Nyxara.
Sus ojos se iluminaron de inmediato.
—Natasha —dijo con voz cálida, tan distinta a la arrogancia de Draegor o la dureza de Kael—. Me alegra verte aquí. ¿Te sientes mejor?
El saludo fue tan tierno que Nyxara sintió un pequeño nudo en el pecho. Lucian tenía ese efecto tranquilo, un abrazo sin brazos, una seguridad sin poseer.
—Sí… gracias —respondió ella con una sonrisa tímida.
Draegor, recargado contra el pilar, rodó los ojos con una sonrisa burlona.
—Mira nada más, llegaste puntual para robarte la atención que estaba recibiendo.
Lucian suspiró.
—Draegor… no todo gira alrededor de ti.
—No, pero debería —respondió él con encanto exagerado, haciendo que Lady Nymera negara con la cabeza, divertida.
Lucian ignoró la provocación y se acercó a Nyxara, dejándole algo de espacio, pero lo suficientemente cerca como para mostrar su intención protectora.
—Si lo deseas —le dijo a Nyxara con gentileza— podemos seguir la lección de lectura más tarde. Quería venir a buscarte, pero veo que estabas muy bien acompañada.
Sus ojos se desviaron un instante hacia Draegor.
Draegor levantó la copa imaginaria que no tenía.
—Oh sí… extremadamente acompañada.
La tensión ligera entre ambos quedó suspendida en el aire, como un hilo invisible que Lady Nymera observaba con ojos expertos.
Nyxara, sin saber que el centro de esa tensión era ella, bajó la mirada y jugó con la orilla de su falda.
—Yo… estaba con lady Nymera. Y luego… Draegor llegó.
Lucian sonrió un poco, esta vez más serio.
—Ya veo.
Lady Nymera, por su parte, disfrutaba demasiado la escena.
—Hijos, dejen que Natasha respire —dijo finalmente—. Ella está aprendiendo a conocerlos. Y ustedes tres pueden ser… intensos.
Lucian se rió suavemente.
Draegor arqueó una ceja con orgullo.
—¿Dónde está Kael? —preguntó Lucian, como si lo acabara de notar.
Lady Nymera tomó un sorbo de jugo antes de responder.
—Entrenando… como siempre.
Nyxara sintió un pequeño salto en el pecho.
Draegor lo notó.
Lucian también.
Y Lady Nymera, con una sonrisa sabiasísima…
no dijo nada.
Lord Solvard caminaba junto a Kael, su paso firme y seguro resonando sobre los senderos de piedra del jardín. Ambos discutían un asunto serio de seguridad: ataques recientes cerca de los límites del reino, patrullas nocturnas, estrategias de defensa.
Kael hablaba con voz baja pero intensa, como siempre que se trataba de proteger a los suyos.
—Necesitamos reforzar la guardia en el lado norte. Si los monstruos están migrando, podrían—
De pronto, Lord Solvard levantó una mano, indicándole que guardara silencio.
Kael frunció el ceño, molesto por ser interrumpido.
—¿Qué p—
Pero entonces vio hacia dónde miraba su padre.
El quiosco.
Draegor recargado con elegancia.
Lucian sentado junto a Nyxara.
Lady Nymera sonriendo suavemente.
Nyxara en el centro, radiante entre flores, rodeada de los tres.
Kael se quedó completamente quieto.
Su pecho se tensó como si alguien lo hubiera sujetado desde adentro. Una mezcla salvaje de emociones lo golpeó: confusión, enojo, incomodidad… y algo más oscuro y doloroso que no quería reconocer.
Lord Solvard lo observó con una sabiduría que Kael preferiría que no tuviera.
—Vamos a unirnos —dijo con calma.
Kael bufó de inmediato.
—¿Para qué? Están ocupados. No necesitamos—
—Kael —lo interrumpió su padre con firmeza—. Vamos.
Era una orden suave… pero orden al fin.
Kael apretó los dientes, molesto, incómodo y sin saber por qué se sentía como si estuviera caminando hacia una trampa emocional.
—Como quieras —gruñó.
Ambos avanzaron hacia el quiosco.
Draegor fue el primero en verlos.
—Oh, miren nada más… vino la caballería —dijo con una sonrisa burlona.
Lucian se puso un poco más recto, como si preparara el espacio a su alrededor.
Nyxara levantó la mirada… y su corazón dio un extraño salto al ver a Kael acercándose.
Él la miró apenas un segundo… y apartó la vista de inmediato, como si verle el rostro le quemara.
Lady Nymera sonrió con un brillo curioso.
Ella era la única que parecía disfrutar la tensión.
Lord Solvard entró al quiosco con gracia imponente.
—Veo que están todos reunidos —dijo—. Qué perfecto momento.
Kael se quedó a unos pasos detrás, rígido como una estatua, sin saber dónde poner las manos ni cómo mirar a Nyxara sin sentir ese maldito temblor interno.
Nyxara tragó saliva.
El aire se volvió denso.
Tenso.
Lleno de algo que ninguno sabía nombrar…
pero todos sentían.
Lord Solvard se acomodó en el quiosco con la naturalidad de un rey entre flores. Su presencia llenó el espacio, pero no con dureza… sino con una fuerza tranquila, firme, casi paternal.
Los demás guardaron silencio.
Incluso Draegor dejó de sonreír por un momento.
Lucian se enderezó.
Kael tensó la espalda como si portara armadura aunque no la tenía puesta.
El señor de la casa Solvard dirigió una mirada amable primero a Nyxara.
—Natasha —comenzó con voz profunda y serena—, me alegra verte en mejores condiciones. Este jardín parece hacerte bien.
Nyxara asintió tímidamente.
—Sí, mi lord. Es… muy hermoso.
Lord Solvard sonrió antes de observar a todos los presentes.
—Ya que estamos todos reunidos, quisiera aprovechar para hablar de la gala que celebraremos en una semana.
La palabra gala hizo que Draegor alzara la barbilla con elegancia, Lucian se aclarara la garganta con nervios moderados… y Kael apretara la mandíbula con tanta fuerza que los músculos se le marcaron violentamente.
—Es un evento de importancia política —continuó Lord Solvard—. Vendrán representantes de Aldrennor y otros reinos aliados. Es crucial que nuestra familia se muestre unida, fuerte y presentable.
Sus ojos recorrieron a cada uno de sus hijos.
—Y, por supuesto, Natasha asistirá como invitada de honor de la Casa Solvard.