Oliver Le hice caso y me quedé entre sus brazos mientras el agua golpeaba mi cuerpo. Ninguno de los dos habló ni se movió de su lugar. Lo único que se movía era su mano, que trazaba pequeños círculos en mi cabello. Lo que no esperé fueron las sensaciones que provocaron sus manos en mi cuerpo. Observé sus piernas desnudas alrededor de mi cuerpo y pasé la mano por ellas. Mis dedos rozaron su suave piel, desde el pie hasta la rodilla. Era tan placentero recorrerla con mis manos que parecía mentira. Su presencia en mi vida siempre fue placentera. Cuando éramos niños, me trajo paz y alegría. Cuando fuimos más grandes, risas y juegos. Ahora... ahora no comprendía qué traía, no entendía qué pasaba, pero no me molestaba. Al contrario, me hacía sentir feliz y completo. Tal vez por eso no entendí

