Molly Algo me recorrió la espina, sabía que era; Miedo. Temía lo que quisiera hablar, lo que fuese a salir de su boca. Pensaba en todas las posibilidades y ninguna de ellas me servía en este momento. —Puedo irme caminando—puso los ojos en blanco. —No quiero hablar, Oliver. —Eso a mí no me importaba. —La sorpresa cubrió mi rostro—. Yo sí. —Se acercó—. Puedes irte caminando durante kilómetros o puedes hablar conmigo ahora, pero no, no nos vamos de aquí hasta que sueltes todo lo que te molesta. Mis ojos se quedaron en los suyos, observando su determinación. No mentía, pero no me interesaba hablar, no ahora, no volvería a ese punto. —No me interesa. Me doy vuelta y emprendo camino a la casa. —Miedosa. Grito aquello y mis pies se clavaron en el suelo. cínico era poco, Oliver no salía de

