Oliver Estaba en otra etapa de mi vida, más equilibrado, más tranquilo, mejor emocionalmente. O eso creía. Porque, ahora, con Nicole frente a mí, era imposible no sentir que algo seguía desajustado. Nos habíamos sentado junto a la ventana de un pequeño café cerca del aeropuerto. El lugar era cálido, con luces amarillas que colgaban sobre las mesas y una música instrumental suave que llenaba el ambiente sin llegar a ser invasiva. Pedí un café con leche, mientras ella un latte con leche de almendras, lo mismo que solía tomar años atrás. —¿Sigues tomando lo mismo? —pregunté, señalando su taza cuando el camarero la dejó en la mesa. —Algunas cosas no cambian. Respondió con una sonrisa que me llevó de regreso a un tiempo donde ella y yo éramos inseparables. —¿Cómo has estado? —Consultó rom

