El imbécil deAlexander

1325 Words
Está demás decir que ño llamé por teléfono y su número aparecía desconectado o fuera del área de servicio, no sabía dónde vivía, pensé lo peor, busqué en los periódicos por si hubiese ocurrido algún accidente, llamé a hospitales y clínicas, nunca di con él, así que simplemente me tuve que resignar a esperarlo en el café por si alguna vez volvía para decirme qué fue lo que le pasó. El frío ahora es constante en mi vida, incluso en verano cala mis huesos y aún espero a que aparezca ese hombre en su auto para llevarme a casa. Han pasado dos años desde que Collin dejó de visitarme, lo que me terminó por romper el corazón, nunca volví a pensar en el amor, ya no existen sentimientos si no está él. Hace un mes… Alguien abre la puerta del café cuando ya son las diez de la noche. - Buenas noches, le llevo enseguida la carta. – Digo al aire mientras termino de ordenar la estantería que se encuentra detrás de la barra. - No es necesario. – Dice una voz masculina, muevo mi cabeza y un hombre alto, de cabello n***o y muy serio me mira a través de sus gruesas gafas de marco n***o. - ¿Entonces? – Le pregunto. - Vengo del conglomerado “Glow” con una oferta para comprar su café, señorita Heart. – Dice el hombre con gafas. - Llevo más de dos años insistiendo con lo mismo, no voy a vender, ahora le rogaría que se fuera por favor. – Le digo nuevamente a otro comprador que viene de Glow para ofertar por mi negocio, y es que el mío es uno de los dos que les falta comprar en esta manzana para obtener el terreno completo y construir su hotel. - Señorita Heart, le rogaría considerar la oferta, es la última que le haremos y usted ya no tiene posibilidad de expansión, además ofrecemos comprarlo al precio que usted nos ponga. – Dice el tipejo con lentes y ya mi nivel de simpatía bajó a menos treinta. - ¿Qué parte de “no quiero vender” usted y sus jefes no entendieron? ¿Me explico muy mal acaso? – Tomo el palo de escoba y me muevo hacia él mientras le hablo con los dientes apretados. - Está bien, pero no me acuse de no advertirle, mi jefe puede ser muy persuasivo, y no le hablo del buen sentido de esa palabra. – El tipo habla con toda su calma, como si realmente me estuviese advirtiendo de algo. - Está bien, lidiaré con su jefe después. – Cierro la puerta en sus narices. Dios, esto es pan de cada día, desde que el club puso sus ojos en mi café, no me dejan de llover las visitas de compradores, es insoportable. - ¡Amiga! Hora de cerrar. – Alma, mi mejor amiga, llega abriendo la puerta y gritando con mucho entusiasmo. - Hola Alma. – Saludo un tanto aletargada. - ¿Qué sucede, mi bella? – Así me dice ella desde que nos conocimos, lo que fue hace muchos años mientras estudiábamos en el colegio. - Otro vendedor. - Digo y ella entiende de inmediato de qué se trata. - ¡Diablos! No se van a cansar nunca. Pero te tengo una propuesta. – Ella es alta, de cabello rojizo lacio y ojos verdes, es muy hermosa, en comparación a mí, que tengo el cabello largo y con ondas en un tono n***o como la noche más oscura, ojos celestes y de estatura bastante pequeña a su lado. - Bien, lo que sea a estas alturas. – Digo sonriéndole. - ¡Vamos al club! – Levantando el puño al aire, Alma me toma de la mano. - No, Alma, por favor… Esos tipos vienen siempre y yo… - ¡Exacto! Siempre vienen y tú nunca vas, es hora de que veas algo más que sólo café por hoy. - Alma, eso es sólo para las personas con mucho dinero y yo no lo tengo. – Ella es m*****o de una familia con clase, tienen algunos negocios, pero nada comparado con el grupo Glow. - Ronnie, yo te estoy invitando. Vamos, no pierdes nada. – Alma toma mi bolso y me empuja por la espalda. - No estoy vestida como para ir a un club. – Intento zafar, pero como ella no hay nadie en fuerza. - Te aseguro que eso no importa esta noche. – Termina por jalarme y ya no hay vuelta atrás. Ambas salimos del café y yo cierro con llave pensando en disfrutar un momento de relajo, pues los problemas económicos y la posible venta del café me tienen muy estresada. - Lo pasaremos increíble, ya lo verás. – Nada más alejado de la realidad. Estamos en la entrada cuando un guardia se acerca a Alma. - Señorita Garbados, adelante. – Si, todo el mundo conoce a Alma por su simpatía y su distintivo cabello rojizo. - Hoy vengo con una amiga. Espero no te moleste, Gabriel. – Dice ella y el guardia se muerde el labio, y es que Alma es un amor, pero también es increíblemente buena para coquetear. - No, para nada. – Dice él y nos deja pasar a ambas, obvio, primero mira mi facha de chica trabajadora y levanta una ceja, lo que me hace sentir bastante inferior. - Alma, al menos debiste advertirme que vendríamos aquí, podría haberme vestido mejor. – Digo mirando mis jeans celestes desgastados, mi remera blanca, mis tenis blancos que se ven de liquidación, y la verdad es que todo lo compro de esa manera, pero eso no evita que me sienta muy humillada cuando las mujeres pasan y me miran casi burlándose de mí. - Si te decía que veníamos, te habrías ido antes del café – Dice Alma con una sonrisa – Además, para eso traigo este bolso, ve al baño y cámbiate, en el encontrarás un vestido que te quedará genial y unos de mis tacones, total, somos de la misma talla. - ¡Olvídalo! – Digo cuando nos sentamos, pero diez minutos después estoy saliendo del baño convertida en Alma, cabello suelto, vestido corto n***o ceñido al cuerpo, sin mangas, pero con cuello alto, y unos tacones Jimmy Choo en n***o igual, no me veo mal, pero insisto en que el vestido es muy corto. - Me siento extraña. – Le digo a Alma y ella sonríe. - Eso es porque no estás acostumbrada a verte así, pero estás hermosa. Ahora espera un poco, porque quiero que conozcas a alguien. - ¿A quién? – Ya veo por qué quería traerme aquí. - Al hombre de mis sueños. – Dice ella sonriente y con rostro de enamorada. - Si, ahí viene – Se para y toma la mano de alguien detrás de mí – Ronnie, este es Esteban Latorre. Volteo y puedo ver detrás de mí a un hombre alto, rubio, de ojos grises y muy lindo, él también le sonríe a ella y ambos se notan felices, es genial ver a mi amiga enamorada. - Un gusto conocerte. – Le digo y él estrecha mi mano. - El gusto es mío. – El chico habla y su acento es extraño, nos sentamos y conversamos. Resulta que Esteban es argentino, he ahí el tema de su acento, cuando estamos en lo mejor, alguien llega a interrumpir nuestra amena charla. - Así que Verona Heart está en un club. – Me volteo y puedo ver al imbécil de Alexander Green, m*****o de una gran familia como Alma, pero con mucho más poder, además de ser un cretino que intentó hacerme daño cuando estaba en la escuela, en la que, por cierto, estudié con beca. Junto a él hay tres tipos altos y de familias con presencia política que se ríen de cada imbecilidad que sale de la boca de Alexander. ¡Dios, esta noche va a ser muy larga!
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