Collin Anderson

1355 Words
- Perdón, yo no quería asustarte, es sólo que te vi abrazarte como si estuvieses congelándote y sólo quise acercarte a dónde te dirigieras, lo siento si… - Él habla y sus palabras me calman el alma, sus ojitos oscuros como la noche, su barba recortada y su cabello n***o revoltoso me hacen apreciar aún más su humilde y tierna sonrisa – Te asusté. - Comprenderás que vivo en un susto constante cuando camino por aquí. Además, no puedo estar parando por cada persona que me habla. - Le digo arrepentida de haberlo tratado a los gritos, pero no puedo ser tan confiada si no lo conozco. - ¿Lo haces muy seguido? – Pregunta con curiosidad. Mirar sus ojos es como ver a través de su alma lo que me hace pensar que no se trata de una mala persona, pero no puedo bajar la guardia. - Todos los días – Digo bajando la cabeza y es que estoy ahorrando para un vehículo, pero es difícil. - ¿Vives por aquí? – Vuelve a preguntar desde su auto. - No tanto, debo llegar al otro lado de la ciudad si quiero tomar un taxi. Aquí pasan llenos. - ¿Por qué no te llevo hasta tu casa y así evito ser poco caballero con una chica que tiene frío? - No es que desconfíe de ti, pero desconfío de todo aquel que no conozco. – Digo y él sonríe. - Bien – Dice y se baja de su auto con su chaqueta en las manos – Entonces haremos un trato. Me habla mientras coloca su chaqueta con un olor exquisito sobre mis hombros y coloca sus manos en mis brazos. - Te voy a entregar mi cartera y mi teléfono, así te sentirás más segura y te llevo a tu casa ¿Qué te parece? – Sus palabras, su cálido aliento y su forma de hablarme, como si de una niña me tratase, me dan pie para confiar un poco en él. - Está bien, primero lo primero. – Digo con la mano en alto y él se ríe, saca su cartera y su teléfono para entregármelos, los que procedo a guardar en mi bolso, no sin antes tomar su patente y enviarla como mensaje a mi amiga. Nunca es suficiente protección. - ¿Ahora puedo llevarte, desconfiada? – Dice y me abre la puerta del auto. - Bien, pero sólo hasta la parada de taxi. – Hablo mientras entro al auto. Arranca y evita colocarle el seguro para que no me sienta incómoda con él, mientras pone una canción. En el altavoz comienza a sonar Escape de Rupert Holmes, una de mis canciones favoritas, para ser honesta. - ¿Piña colada? – Le digo y él se ríe como disculpándose. - Me encanta. – Tarareo la letra mientras él conduce hacia la parada de taxis. - ¿Por qué no estás cantando? – Le pregunto y él me mira sonriente. - El problema es que mi canto es como el aullido de un animal en agonía. No quieres escuchar eso, te lo aseguro. – Habla mientras se ríe de sus propias palabras. - ¡Ay, por favor! Nadie canta tan mal. – Lo intento persuadir y él se convence de cantar, por lo que entona unas letras. - ¡No! ¡Por favor! ¡Dios, no! – Me quejo tapando mis oídos y él se ríe de nuestras ocurrencias. - Te lo dije, eres mala, me haces cantar y luego te quejas. – Habla con un puchero, lo que me parece extremadamente tierno de su parte y es que ahora, la noche ya no me parece tan mala. - Ahí está la parada de taxi, me puedes dejar aquí. – Le digo tomando mi bolsa. - ¿Y si mejor te llevo a tu casa? Evitas pagar el taxi y yo agradecería tan buena compañía, hace mucho que no me río con alguien ¿Qué me dices? – Él habla y yo sopeso la situación. - Vivo lejos. – Pienso en voz alta. - Dame tu dirección y yo te llevo ¿Sabes lo que haría mi abuela conmigo si yo te dejara quedarte aquí sola? – Hace el gesto de un cuchillo cortando su garganta y me vuelve a hacer reír. - ¿Tan mala es tu abuela? – Le pregunto aun riendo por su gesto. - Si, es la peor, y es la mujer a la que más amo. – Su mirada se llena de amor, lo que me dice que es un buen chico. - Bien, vamos, pero eso sí, no queda muy cerca. - Sólo dime dónde, desconfiada. - ¿Vas a seguir llamándome así? – Le pregunto después de darle mi dirección. - Si, no sé tu nombre, y mientras no lo sepa, sólo serás desconfiada para mí. - Me llamo Verona Heart, pero todos me dicen Ronnie y no soy desconfiada, soy precavida ¿Y tu nombre? – Él sonríe y me mira. - Me llamo Collin Anderson. - Un gusto entonces, Collin. - El gusto es mío, Verona. A todo esto, es un lindo nombre. – Dice y me mira mientras comienza a sonar Take On Me, la que ambos comenzamos a cantar a todo pulmón. Debo admitir que jamás pensé encontrar a alguien con los mismos gustos musicales que yo y que cantara igual de mal, es increíble sentir esta conexión con alguien a quién vengo conociendo recién, y es que debo admitir que no soy la clase de mujer que se sube al auto de cualquiera por más lindo que sea, pero Collin me pareció un ángel en mi camino, hace unos minutos me estaba muriendo de frío y ahora estoy cantando con un extraño en un auto temperado que me ha comenzado a relajar de una forma en la que no se pueden imaginar. - Hemos llegado, señorita. – Dice Collin bajándose para abrirme la puerta. Cuando toma mi mano puedo sentir una corriente eléctrica que me recorre los dedos, pero se vuelve exquisita mientras atraviesa mi mano. - Gracias entonces, caballero. – Digo y le entrego sus cosas. - Gracias por aceptar que te trajera, mi vida habría corrido mucho peligro si mi abuela se entera de que no lo hice, a todo esto ¿Te puedo ver mañana? – Pregunta, pero no suena coqueto. - Puedes ir al café Heart después de las cinco, está justo frente al Excess. - ¿Heart? ¿Ahí trabajas? – Me pregunta interesado. - El café es mío, te puedo invitar lo que quieras para pagar tu amabilidad. – Sonrío mientras hablo. - Bien, allí estaré, Verona. – Besa mi mejilla y se aleja, lo que me deja soñando con volver a verlo. Al otro día llega con un ramo de rosas para sorprenderme, hacemos el camino a casa entre cantos y risas. - ¿Puedo darte un beso? – Pregunta un día cuándo estamos en la puerta de mi casa. - Sólo uno, no quiero que te acostumbres a que te pague con besos el combustible. – Le digo sonriendo y él toma mi cintura sorpresivamente para darme el beso más dulce y más tierno que pueda existir, mi primer beso a los veintidós años (no soy mojigata, sólo no había tenido tiempo de pensar en chicos cuando mis padres murieron en un accidente de coche a mis 14, luego murió mi abuelo a los 16 y mi abuela a los 19, no es fácil pensar en otra cosa). - Prometo acostumbrarme a besarte para toda la vida si tú me dejas. – Dice con su frente en la mía y su respiración acelerada, por lo que puedo decir que sintió lo mismo que yo. - Entonces, no me abandones nunca. – Pido entre abrazos y besos. Así nos seguimos viendo por dos meses, él me iba a ver al café cuando faltaba una hora para irme y me ayudaba a cerrar para llevarme a casa, siempre tan caballero, siempre tan galante, siempre hermoso y preocupado, pasó el tiempo y cada día me enamoraba más de él… Hasta que un día, simplemente no llegó.
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