Capítulo 1 El Comienzo

2674 Words
Si pudiera morir tan fácil diría algo así... Estaba que me moría de la risa, lo digo metafóricamente, porque como dije no es tan fácil morir para mí como para un simple humano. Pero esto te lo explicaré más adelante. ¿En qué estaba? ¡Ah, si. Ya recordé! Me estaba muriendo de la risa. Pues un hombre decidió dejar a su esposa y a sus hijos, todo esto porque resulto que la infiel de su mujer lo estuvo engañando con el vecino y para rematar ninguno de los tres niños era de él. Lo que me dio más risa fue que ya se iba, pero hice acto de presencia, «¿cómo vas a dejar que se burlen así de ti?, mátalos, mátalos a todos, que aprendan una lección». Todo esto escuchó en su cabeza aquel pobre hombre, lo que me divirtió más es que fue débil, su creencia de ser bueno era sólo eso, una "creencia"; él creía ser bueno por asistir a la iglesia, él creía ser bueno por dar una limosna, él creía ser bueno porque decía que nunca sería capaz de dañar a su familia... Claro que todo esto se puede desvanecer muy rápido cuando te enteras que tu familia no es tu familia. Después de que el hombre no resistiera su culpa y se suicidará, me aburrí, así que decidí irme. Caminaba por la acera, cuando noté que mi amigo Joz me esperaba en la cafetería de siempre. —¡Vamos, Jack!— me gritaba, Joz desde el otro lado de la acera. —Ya voy. No aceleré mi paso, caminaba despreocupadamente como siempre, sin importarme nada. Había llegado aquí hace poco más de 130 años, mi amigo Joz llegó el mismo día que yo, unos diez años después llegaron otros dos amigos, sus nombres son Draven y Manuel. Casi todas las semanas nos reuníamos en aquel café, nos gustaba ver por la gran ventana a los humanos, desde ahí podíamos ocasionar múltiples "accidentes". La avenida que quedaba enfrente de la cafetería era de las más peligrosas, pues ahí habían muerto muchos por los conductores irresponsables...si, los "conductores irresponsables". —Por fin llegas, ¿qué tanto hacías?— Preguntó, Joz mientras se sentaba en una de las mesas que quedaban fuera del café. —Ya sabes, sólo un trabajo matutino— dije, mientras veía una joven mesera acercarse. —¿y esa preciosura?— apunte a la joven chica que se disponía a preguntar nuestras órdenes. No es que mea atraiga, solo lo decía para fanfarronear y aparentar ser un imbécil como muchos humanos jóvenes. —Buen día—, dijo la mesera mostrando una gran sonrisa, —¿ya saben lo que ordenaran? —Mmm, si, a ti en mi cama— dijo, Joz con una exageración mientras la observaba de arriba abajo. —Cállate, Joz. No queremos que los empleados de aquí poco a poco mueran—, Lo último lo dije por lo bajo. Y es que así debía ser, pues sí empezaban a tratarnos mal por la culpa de Joz, tendría que hacer que murieran ya que no me gustaba que me tratarán como a una basura. —además nos atienden muy bien—. Nos miramos con complicidad Joz y yo para después soltar una risa escandalosa. —Sshh— alguien nos calló y enseguida volteamos a ver de quién se trataba. —¿Qué acaso no pueden comportarse normal?— ¡Mira quién habla! La voz ronca y altiva de Draven se escuchaba en toda la acera. Como siempre, haciéndose el importante. —Estúpido Draven— exclamó, Joz. —¿Dónde dejaste a tu novia?— le pregunté a Drave, refiriéndome a Manuel. —Donde tú dejaste a tu madre— Me contesto enseguida Manuel, este iba llegando justo detrás de Draven. Nos saludamos escandalosamente, después de unos minutos la joven mesera se desesperó y volvió a preguntar nuestra orden. —¿Qué es lo que pedirán?— habló la mesera ya con un tono molesta. Error. A Draven le enfurece que le hablen de ese modo. Se cree tan superior a todos que no tolera que ni siquiera nosotros le hablemos así. Draven miró a la chica, sus ojos azules se penetraron en los ojos de la jovencita. La chica primero se sonrojó, y es que tenía razón, pues nosotros éramos extrañamente hermosos a los ojos de los humanos, eso nos servía de mucho para manipular también. —Mata a t...— empezó a articular Draven. Pero lo interrumpí antes de que terminara. —¡Ya Draven!, vamos a tener un almuerzo tranquilo— Le dije y este forzosamente se tragó sus palabras. Él sabía que tenía que obedecerme, pues yo era como una clase de jefe asignado para ellos. ¿La diferencia?, que yo tenía ciertas habilidades más aterradoras para manipular a los humanos... Y también a demonios. . . . Nuestro almuerzo pasó de los más normal, o sea aburrido. Me despedí de Joz y Manuel. Draven se fue conmigo, teníamos que planear algo grande. Cada año hacíamos un suceso memorable y muy trágico para los humanos; competíamos a veces con otros demonios y este año no sería la excepción. —¿Y qué tienes pensado para este año, Jack?— me preguntó Draven mientras caminábamos por la acera. —Presidentes muertos, que sean 6 y que sean seguidas sus muertes. No importa si con ellos mueren otras personas—. Cruzamos la calle y seguí hablando con Draven, —Mejor que sea sólo la muerte de ellos, pero que sea en público— Draven sólo asentía, caminaba con sus manos dentro de los bolsillos del pantalón y con su cabeza cabizbaja como pensando. —Creo que lo de los presidentes ya está más que pasado de moda— giré mis ojos. Algunas veces me hartaba la actitud de Draven, sólo criticaba pero no aportaba ideas. Cuando por fin llegamos al destino de mi amigo ya nos despedimos. Al final no quedamos de acuerdo en nada. Seguí caminando, en verdad no sabía hacia dónde ir; tenía un departamento pequeño en un edificio antiguo pero bien conservado. Este quedaba en la calle olivos, era una zona muy tranquila, me dejaba meditar y crear nuevas estrategias para mi trabajo. De alguna manera apreciaba mi tiempo solo en tranquilidad. Algo que pocas veces podemos darnos como un lujo los demonios, ya qué hay mucho trabajo aquí arriba. Faltaba una calle para llegar, pero extrañamente algo llamó mi atención. Ví como una joven de cabello largo color n***o, llevaba cargando una caja, su piel era bronceada, sus facciones finas y su cuerpo... Bueno, este no se apreciaba muy bien, ya que traía una vestimenta muy holgada, sus pantalones eran de color beige y su blusa blanca con un estampado que decía 'I Love New York'; no podía apreciar del todo su rostro, porque parte de su cabello lo cubría con la ventisca de este día, aún así, no puedo negar que me causaba intriga, quería ver bien a la mujer que cometería el primer asesinato de mi plan maestro para este año. Sin pensarlo más decidí acercarme a ella, aunque me sorprendí con lo qué pasó enseguida. Sin esperarlo, la joven salto sobre mí, me empujó con tanta fuerza con sus manos que caí de espalda sobre el pavimento. —¡Pero qué diablos!— exclamé molesto, aunque rápidamente después me quedé anonadado. La joven me había salvado de ser atropellado. Yo sé perfectamente que eso no me mataría, pero ella no lo sabía,  y ahora ella se encontraba tirada sobre la calle y su cabeza había empezado a sangrar. El hombre del camión bajó rápidamente de él, se veía asustado. —Ni si quiera la vi, fue todo tan rápido— su voz nerviosa salía al articular cada palabra. La gente empezó a acercarse, yo sólo escuchaba voces hablar sobre lo trágico que había sido ese accidente, decían que "la pobre chica acababa de salvar a su novio". Esperen...  ¿Dijeron novio? Salí de mi expectación. Así que me levanté y me acerqué a la multitud, —¡Atrás!— les grité, mis brazos apartaban a las personas del cuerpo de la chica, necesitaba saber si aún vivía. —Él es el novio, pobre chico— escuché que decía una señora de mediana edad. Cuando estuve cerca de la chica levanté un poco su cabeza y me acerqué a su oído, —Humana, aún no te vayas, tengo planes para ti— le susurré, pero sólo noté como su respiración empezaba a escucharse forzada. Pasaron unos minutos más en los que tengo sujeta la cabeza de la humana, en lo que veo su piel, el gesto contraigo de sus cejas denotando dolor y de sus manos empuñadas como si temiera o se aferrará a algo. Cuando llegó la ambulancia, los paramédicos se dispusieron a bajar rápidamente y con ellos una camilla. Le colocaron primero un collarín, después la examinaron y por último con sumo cuidado la subieron al vehículo. —Me dicen que usted es el novio, suba, tiene que venir con nosotros— me ordenó uno de los paramédicos. Me quedé perplejo por un momento, pero decidí subir, en mi rostro se dibujó una sonrisa maliciosa, pues sabía que esto era como una invitación para seguir con mis planes. La ambulancia se puso en marcha, el ruido de la sirena empezó a escucharse y yo sólo pude concentrarme en la joven humana que mantenía sus ojos cerrados. El otro paramédico, el que me acompañó en la parte trasera de la ambulancia, me hizo algunas preguntas: —¿Cuál es el nombre de su novia?— me quedé pensando un momento, luego vi el cuerpo de la joven y empecé a utilizar mis habilidades. «Haz presente tu identidad» Con mis pensamientos ordené y obtuve las respuestas. En la joven se manifestaron letras azules que pasaban sobre su cuerpo rodeándolo, como si se tratarán de luces que la adornaban. Vi al paramédicos y le dije, —Su nombre es Julieta, tiene 25 años, somos novios desde hace 2 años, la esperaba cuando pasó el accidente,— claro también mentí, —trabaja en el museo de arte contemporánea, es restauradora de pinturas. El paramédicos me vio mostrando extrañeza, sé que todo lo que le dije no tiene tanta relevancia, pero lo decía más para mí que para él. —¿Sabe qué tipo de sangre es?— me preguntó el paramédico un poco desesperado por mi exceso de información inútil. —Es "A" positivo— dije a secas, ya limitándome a contestar lo que preguntaba. Cuando llegamos al hospital, la atendieron con urgencia, mientras yo me dispuse a merodear por los pasillos, haciendo de las mías para matar el tiempo... y algo más. . . Después de más de dos horas al fin me permitieron ver a Julieta, me dijeron que no fue algo grave, su brazo se fracturó, tuvo algunos raspones y en su cabeza sólo fue un corte, no tuvo alguna contusión. Aunque quizá el desmayo fue por la sorpresa que se llevó. Pasé a la recámara donde se encontraba la chica, ella estaba sedada, así que decidí retirarme, después vendría a verla. *** Llegué al día siguiente al hospital, sé que ya no estará Julieta y que muy probablemente ha llamado a algún familiar, pero de todos modos quería asegurarme. Pasé a la recámara y me sorprendí al ver que aún estaba ahí, ella abrió sus ojos y me sonrío. —Gracias— me dijo con voz ronca, se veía que le dolía hablar. —¿Por qué?— le dije mientras contemplaba nuevamente su rostro angelical «que ironía y que extrañeza» —Por haberte tomado la molestia de ayudarme— me quedé sorprendido por sus palabras, pero ahora que lo pensaba, lo había hecho con un propósito. Decidí entrar por completo a la habitación y me acerqué a ella, —Esta bien, no te preocupes, después de todo tú me salvaste— le dije y ella sonrió. Me pareció asombroso como su rostro a pesar de los golpes se seguía viendo muy hermoso. —¿Cuál es tu nombre?— preguntó al momento que oprimió un botón de los costados de la cama y esta se levantó un poco. Pensé un momento antes de contestarle. Que yo recuerde nunca me he presentado tan formal con una de mis presas. Pero aún así, decidí hacerlo, después de todo siempre hay una primera vez para algo... —Me llamo Jack— vi que su mano se levantó. La miré un momento, pero enseguida me percaté que quería que la saludara y eso si me tomó por sorpresa. Confieso que me incomodé un poco, pero de igual forma terminé por acceder. Después se aclaró la garganta al momento que seguía agitando mi mano en ese extraño saludo que resultaba muy efusivo para mi gusto. —Yo soy Julieta...— hizo una pausa, yo fruncí mi entrecejo ante tal acción, pero enseguida continuó, —Aunque creo que eso ya lo sabias— volvió a sonreír y eso me hizo reír a mi también. Ni siquiera sabía porqué me estaba contagiando de esa emoción tan humana y amable. «¿Pero qué diablos me pasa?, es sólo una humana moribunda, mejor la mato». Me reprendí mentalmente mientras me perdía en mis debates internos. —¿Que piensas?— me sacó de mis pensamientos. —De seguro estas incómodo por lo del tema de que somos "novios", ¿cierto? —Ah, no, no te preocupes— ni siquiera recordaba eso. Tomé asiento en una silla que se encontraba cerca de la cama. —¿Y cuándo te dan de alta?— traté de cambiar el tema. —Se supone que ya estoy dada de alta— su vista la desvió hacia un punto fijo de la pared y sus facciones repentinamente se entristecieron. —¿Qué pasa?— pregunté con curiosidad. Pero ella negó con su cabeza y sonrió forzadamente. —No te preocupes. —Dime— insistí. —Lo que pasa es que no tengo familia aquí en Nueva York, ni siquiera tengo seguro médico, mis ahorros se irán en esto— dijo señalando con su mano derecha a su cuerpo. —¿Cuándo llegaste a esta ciudad? —Apenas ayer. Lo que estaba haciendo cuando pasó el accidente era la mudanza,— me sorprendió escuchar eso, pero también sabía que eso era una ventaja para mí. ¿Así que ella vivirá cerca de su depredador? Admito que será más fácil de lo planeado tenerla bajo mis órdenes y así manipularla para que actuara en mi magnífico plan de este año. —Mira por lo del seguro médico no te preocupes, yo lo arreglo— le sonreí dándole confianza, pero ella quiso negarse, algo que no se lo permití. —Vamos, cámbiate, te llevare a tu nuevo hogar. Y sin darle oportunidad de que debatiera, decidí llamar a una enfermera para que la ayudara a vestirse. Claro, antes tuve que comprarle ropa nueva, la otra estaba hecha un asco. —Eres la persona más buena que he conocido, me has ayudado aún sin conocerme mucho— jamás me habían dicho que era bueno, debería sentirlo como una ofensa, pero no fue así, ella transmitía sus palabras con una calma que me hacia relajarme y no sacar mi demonio interior. —Vamos— la llevé en la silla de ruedas hasta mi auto, en realidad casi no usaba ese vehículo, pero en esta ocasión lo améritaba. Al llegar a su condominio subí primero, pero observé que estaba prácticamente vacío, después la casera me dijo que habían robado en ese departamento. «Pobre chica infeliz con mala suerte» pensé para mis adentros. Hablé con ella y le hice un trato. Le dije que si me ayudaba con la comida, podría quedarse en mi departamento el tiempo que quisiera. Ella aceptó resignada, pues sabía que no tenía muchas opciones. Y así es como empecé a vivir con la que hoy es mi novia. . . . ................................................................... Sigue leyendo...
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