Tiempo después...
Camino por la acera tomado de la mano de Julieta y en mi otra mano llevo algunas cosas que hemos comprado en el supermercado que está cerca de nuestro departamento.
Es una tarde tranquila, personas van y vienen pasando cerca de nosotros, son personas agradables, muchos de ellos viven cerca del edificio en el que vivimos mi novia y yo. Ya casi llegamos a nuestro hogar y puedo notar como cambia el paisaje, pues aquí abundan los edificios viejos que tienen una fachada colonial; en cada balcón se puede percibir la vida que las flores dan al adornar los hogares, inclusive en esta zona los niños suelen salir a jugar a las calles cuando el sol no es tan fuerte que pueda dañar la piel, pero aún así hasta el anochecer aún puedo escuchar música de los restaurantes cercanos.
Y a pesar de toda esa vida y alegría que me rodea cada día, no me siento fuera de entorno, al contrario, últimamente me he sentido más aceptado. Siento que si ella, mi novia, esta feliz, yo también lo estoy y eso es todo lo que me importa por el momento a pesar de que sé que voy contra mi naturaleza demoniaca.
Seguimos caminando hasta que observo cómo un señor ya mayor intenta cambiar la llanta de su camioneta. Sé que pasará algo malo y es aquí cuando una sensación de emoción, adrenalina y regocijo me invaden por ver lo que sucederá. El hombre procede a actuar, pero no coloca bien el soporte para detener la camioneta, él deja una pierna debajo del auto, esta sentado en la orilla de la acera, pero al parecer el auto tiene otro problema, porque enseguida se quita su camiseta quedando en una playera interior, la primera la coloca debajo del auto y se introduce acostando su cuerpo sobre la gruesa tela; quiero brincar y gritar de felicidad por lo que viene. Inconscientemente aprieto un poco la mano de Julieta, ella frunce su entrecejo sin entender mi repentina emoción, pero yo sólo le sonrío.
La camioneta hace un chirrido y enseguida un grito desgarrador inunda el lugar provocando que las personas corran a auxiliar al hombre ya que el vehículo le ha caído en un brazo, la gente se acerca enseguida para intentar ayudarlo levantando de alguna forma la pesada camioneta.
Del otro lado de la acera, viendo de frente todo el espectáculo me encuentro yo, pero sin ya poder evitarlo empiezo a reír.
—¡Ja ja ja ja!— me río a todo pulmón, tanto que me duele el abdomen por la fuerza que emito.
De pronto sin esperarlo, siento un codazo en mis costillas, lo que provoca que enseguida me calme y veo el rostro molesto de Julieta, —Pareces estúpido, Jack, ¿crees que eso es gracioso?— la miro sorprendido. Quisiera decirle que sí me parece gracioso, pero si lo hago me irá peor.
—¿No...?— digo aún inseguro.
Ella me fulmina con la mirada mientras niega con su cabeza como en desaprobación por mi actitud. —Creo que nunca podré entenderte.
—Pero así me amas— le digo mientras la rodeo con mi brazo y la beso en la sien.
Ella sonríe un poco más tranquila, —Ya, ya. Anda, vamos.
La he contentado sin problemas. Punto a mi favor. «Ojalá que siempre fuera así de fácil contentarla».
—¿Trabajarás hasta tarde hoy?— pregunto.
Espero que diga que sí, pues necesito reunirme con Draven, ya estamos en algo muy importante, «¡Decenas de mujeres embarazadas muertas por virus mortal!» sería la sensación y les ganaríamos a los demás demonios.
Julieta suspira con pesadez. —Sí, amor. Necesito restaurar tres obras muy importante para la exhibición del fin de semana—. Perfecto, estará mi pequeña monstruo ocupada y así no me estaría haciendo preguntas.
Pero sin darme cuenta como últimamente me pasa, tenía su rostro cerca del mío, esto hizo que me diera escalofríos e involuntariamente retrocedí.
— A veces me gustaría saber que tanto piensas.
Emito una risa nerviosa. —Ay, tú y tus paranoias.
Subimos al departamento y enseguida me dispongo a acomodar todo en la alacena. Lo sé, soy un mandilón de primera, pero no me importa, esto sólo lo sabemos Julieta y yo... Y espero que así se quede. Ya me imagino a Draven burlándose o diciendo algo como: "¡Los humanos están para obedecernos, para servirnos, para ser nuestros esclavos y nosotros sus amos!". Y yo sé muy bien que podría manipular a Julieta, pero extrañamente no me apetece hacerlo, aunque sé que es extraño, pero he decidido que las cosas fluyan con naturalidad, ella me ama por que así le ha nacido sin que yo tenga que obligarla, así que supongo que está bien y yo no la dañare porque... ¡Porque no quiero y ya!
—¿Amor, me traes jugo de naranja?— aunque sé muy bien que ella con su voz dulce que sale como una reina sádica al ordenar a su esclavo puede hacerme doblegar a mí un demonio puro que vive de la maldad de este plano.
—Claro, amor— soy un fracaso como demonio.
.
.
Pasan las horas y Julieta ya se ha ido al trabajo. Apenas son las dos de la tarde y por fin me dispongo a salir para ver a mis amigos.
Cuando llego a la cafetería, ahí ya se encuentran Joz, Manuel y Draven.
Ellos no saben de mi relación tan cercana con Julieta, creen que sólo la utilizo para alguno de mis planes maléficos.
—Ey, ¿qué tal? — los saludo y me dispongo a sentarme.
—Nada, aquí esperando que llegues,— dice un poco molesto Joz.
—Oye, ¿y qué pasa con la humana que tienes viviendo en tu casa?— y de la nada pregunta Manuel. Yo me quedo callado, trato de pensar a qué ha venido tan repentina pregunta.
Los tres demonios que tengo de amigos, ahora me miran sospechosamente.
—¡Ah!— suelto un grito relajado y estos se echan hacia atrás, —ya saben, aún la conservo— digo sin importancia, pues trato de disimular lo mejor que puedo frente a estos demonios perspicaces.
Draven por su parte se me acerca, —Algo tramas estúpido, investigaré y te matare— . Aunque sus amenazas ya no son raras en él, aún así me descolocan.
—¿Okey?— digo con extrañeza.
Nos disponemos a sentarnos en otra mesa, puesto que la otra estaba dentro del establecimiento y a nosotros nos gusta estar fuera de él, enseguida ordenamos; yo pido un gran vaso con jugo de naranja, pues Julieta en casa se lo acabo todo, esto me recuerda a que últimamente esta comiendo mucho. Si engorda la matare... bueno no la matare, pero si hablare con ella, porque luego me culpa si sube de peso y no quiero que me maltrate.
Escucho un chasquido de dedos justo frente a mi cara.
—Estúpido demonio, te odio, ¿en qué piensas?— pregunta Draven.
—Seguramente ya es hora de que mate a unos de nosotros— dice Manuel con tono serio.
—No, yo creo que está planeando algo... — y hace una pausa Joz , después me lanza una mirada amenazante que se convierte a una de asombro, —¡estas planeando la masacre del año!— grita y todas las personas que se encuentran en la cafetería nos lanzan miradas raras.
—Ya cállense— hablo bajo, —estaba pensando en Julieta.
—Aaah, la humana— Dice lascivamente Joz mientras lame sus labios y hace ruidos sexuales.
—Estúpido— le suelto y sonrío. Sé que Joz no es un idiota pervertido como Draven, pero le gusta molestarme.
—Es obvio que ya probó esa carne, ese manjar, ese...
—¡Bueno, ya!— interrumpo a Draven, —A tratar asuntos de importancia— mi voz sale molesta. Ellos saben que no deben hacerme enojar enserio, pues pagarían las consecuencia.
Afortunadamente pudimos hablar del tema que nos interesaba, Draven como siempre sólo criticaba pero no aportaba ideas.
Pasaron dos horas y nos despedimos.
Camino hacia una panadería, pues Julieta me encargó unos pastelillos, tengo que tenerlos antes de que llegue o si no quién sabe que me podría hacer. No exagero cuando digo que me aterra cuando mi novia se molesta, de hecho creo que es la única que me infunde miedo. ¿Será normal?
Escojo los pastelillos rápidamente y llego al mostrador a pagar, ahí se encuentra una chica joven, como de 20 años. Su cabello rubio teñido llama la atención por su peinado extravagante que consiste en una coleta alta que parece palma, sus labios gruesos pintados de color rojo hacen que sus dientes delanteros se manchen cuando se muerde su labio para parecer "sexi", al igual que unos pechos que se asfixian en la camisa de botones que no tardan en reventar.
—Hola— me dice la chica y yo sólo le hago un gesto con las cejas en forma de saludo.
La humana empieza a meter los pastelillos a una bolsa de papel, después veo que mete una tartaleta de más a la bolsa.
—No, esa no es mía— le digo y ella me sonríe coquetamente.
—Esta va por mi cuenta, guapo— «Que zorra» Pienso. Pero bueno, aceptaré, más para Julieta.
—Gracias— le digo y pago.
Pero al momento que le doy el dinero ella roza mi mano, después la toma bruscamente jalando hacia ella y empieza a restregársela en sus pechos. ¡¿Pero qué rayos!?
—¿Te gusta lo que sientes?— sujeta con fuerza mi mano, pero yo empiezo a asquearme, —Siempre te veo venir por aquí, no sabes cuantas ganas he tenido de...— y vuelve a morderse su labio intentando parecer sexi. —probarte—. la voz melosa mezclada con perra en celo sólo me dan náuseas.
—¿Ah, sí?— decido jugar, después de todo hoy no he hecho mi trabajo. Me acerco más hacia ella por sobre el mostrador, —Dime, ¿te gusta follarte a cualquiera?— empiezo a jugar. Definitivamente no podía dejar pasar esta oportunidad de manipular a un humano.
—No, sólo a los bombones como tú— se sale de su área donde cobra y se acerca rápidamente a mí como si me fuera a perder si no me sujeta rápido; baja su mano y la pone en mi zona... «carraspeó mentalmente» restringida. Así le dice Julieta.
—Deberías cogerte al dueño de aquí— le retiro su mano y ella me mira con desagrado.
—El dueño de aquí es mi papá— dice molesta. Por mi parte yo la miro algo coqueto, o al menos así lo perciben los humanos, cuando en realidad estamos al acecho de nuestras presas.
La tomo del cuello, enseguida su rostro empieza a tornarse rojo, su cara refleja miedo, «mucho mejor» y acerco mi boca a su oreja.
—Creo que sería muy buena idea que empezaras a follarte a tu padre, que tu madre los vea, convences a tu padre de huir juntos y así arruinas a tu familia— susurro todo eso y después me tomo unos segundos para contemplar su rostro que no refleja en estos momentos ninguna expresión, es como si estuviera hipnotizada.
De nuevo me muero de la risa, estúpida rubia golfa, ahora deberá planear la huida con su amado padre. Maldita.
—Esto va por tu cuenta— y tomo los pastelillos sin pagar. En realidad yo no batallo con conseguir dinero, de hecho el dinero pertenece a los demonios, pero me gusta conseguir aun así las cosas gratis.
.
.
Llego a casa y es un desastre, la mini cerdita Jessy hizo un tiradero de su caja de arena. Al verme corre hacia mí y mueve su pequeña colita; esa cerda es de mi novia, recuerdo que se la compré en nuestro segundo aniversario, ella quería una mascota así desde hace tiempo, así que le di la sorpresa.
Nosotros ya tenemos tres años de novios, me siento muy cómodo a lado de Julieta, aunque sé que en algún momento tengo que separarme de ella, pero por el momento trato de disfrutarla lo más que se pueda.
Me dispongo a ordenar todo el desastre en el departamento, sé que cuando llegue Julieta estará muy cansada y no querrá hacer nada. No me molesta hacerlo, así que después de terminar eso, me pongo a preparar la cena.
Escucho la puerta abrirse. —He llegado— es la voz de mi hermosa novia.
—Estoy en la cocina— le aviso y me quito enseguida el mandil, no quiero verme afeminado delante de ella...okey, sé que soy una nenita pero no me importa, quiero que ella me vea muy masculino, como su macho que la puede proteger.
Siento sus brazos rodear mi cuello, así que yo la beso por un largo momento, después bajo mis manos hacia su cintura y enseguida ella me besa con más intensidad. Yo sigo bajando aún más mis manos, esta vez hacia sus glúteos para apretarlos, lo que provoca que ella gima.
—Eres un travieso— me dice con un tono pícaro.
—Y tú una sexi novia, estoy que ardo, así que desnúdate— le ordeno, ella sonríe y yo la levanto tomándola del trasero.
La cargo y nos dirigimos al dormitorio; me gusta tocarla, me gusta que lo hagamos, me vuelve loco el sólo pensar que estaré dentro de ella y podré sentir cada parte de su sexo, ver como se emociona por el placer que le provoco.
.
.
.
.
Nos encontramos acurrucados, estoy detrás de ella, su espalda tocaba mi pecho, yo beso su oreja y ella se revolotea por las cosquillas.
—¿Te gusta?— le hablo al oído.
—Me gusta todo de ti— suspira y se acerca más a mi cuerpo. —Tengo algo que decirte— de pronto su tono de voz cambia. Se aleja un poco de mí para sentarse en la cama y su espalda la apoya en el respaldo de esta. Pero hay un tono muy serio al decir aquellas palabras.
Yo hago lo mismo, me siento junto a ella, —¿qué pasa, está todo bien?
Ella juega con sus manos, se ve nerviosa, —ammm... Lo que pasa...
Oh no, me terminara, seguramente esto era una despedida, quiero morir, no quiero que me abandone, ¿será otro hombre en su vida?, ¿ya no me quiere?, ¡que hable ya!
—Julieta— mi voz sale angustiada.
—Jack, ¿estás bien?— toca mi hombro y mi mano. Se ve preocupada.
—¿Terminarás conmigo, verdad?— estoy resignado y la mirada de ella me confunde aún más.
Sorpresivamente esboza una risa y luego me mira con una hermosa sonrisa dibujada en su rostro, —Amor, lo que intento decirte es que he tenido un retraso en mi periodo.
—Aaah, era eso— lo digo muy despreocupado. Pero enseguida cierro mi boca y me encojo de hombros, su mirada significa que he dicho algo mal y lo peor es que ni siquiera sé aún qué ha sido.
Ella se levanta envuelta en la sábana, esta molesta lo sé, porque sus movimientos son brusco, después se va directo al baño y da un fuerte portazo.
Ni siquiera intento tocar la puerta y preguntar si todo estaba bien, lo mejor es esperar.
Después de quince minutos por fin se abre la puerta, sale Julieta del baño y me extiende algo. —Ten— me dice un poco más calmada.
Esto tiene forma de un palo de plástico, yo los he visto antes, esperen, yo sé qué es, esperen... —¿Es una prueba de embarazo?— le pregunto sorprendido.
—Así es— su sonrisa se hace tan presente, se ve aún más hermosa que otras ocasiones. Algo la esta haciendo muy feliz, ¿pero qué será? De todos modos trato de compartir su alegría. —Estoy embarazada.
_________________________________