Capítulo 6. La Pelea.

2499 Words
Hacía una tarde tranquila, me encontraba con Julieta en un restaurante de comida mexicana y afortunadamente ya no hablamos de lo que pasó ayer con mi trance. Este día Julieta vestía una blusa blanca de tirantes con un gran escote que dejaba ver la perfecta forma de sus senos, un pantalón color guinda que dejaba ver cada curva de su cadera, unas zapatillas color negras con líneas rojas y su cabello lo llevaba suelto. Realmente se veía sexi. —Amor, ¿crees que sea buena idea que nos casemos antes de tener al bebé?— Y de la nada Julieta soltó muy natural al decir aquellas palabras. Yo me quedé callado, sólo la veía mientras ella se acomodaba su largo cabello, sin que mostrara algún atisbo de que se tratara de alguna especie de broma en lo que acababa de decir. —Yo... Apenas podía sostenerle la mirada, pues ya estaba levantando una ceja, sus labios se tensaron y suspiraba como tratando de calmarse. —¿Acaso es tan difícil contestar, Jack?— me preguntó ya un poco más molesta. En verdad no sabía que contestar porque jamás pensé en cansarme, ni siquiera era una opción, pues con eso de que soy un demonio no puedo acercarme a imágenes religiosas, ni lugares santos, así como tampoco a las personas que tienen que ver con la religión, o sea los sacerdotes, monjas, etcétera. —Julieta—, dije por lo bajo y ella me miró con atención, —discúlpame... Pero yo no me casare contigo—. La vi con tristeza y ella bajó su mirada hacia su plato de comida, empezó a probar bocado y no dijo nada durante ese tiempo. Pero el ambiente definitivamente era algo pesado; no era como un ambiente tenso, era más bien desolado con una tristeza vagando entre ella y yo. Por mi parte, yo quería estar tan cerca de ella como fuera posible, pero también estaba mi lado razonable, el que decía que lo quisiera o no, tarde o temprano tenía que volver a trazar esa línea entre esta humana y los de mi especie. . . . Estábamos caminando por la ciudad y el silencio que había entre los dos era demasiado incómodo. Quería romper el hielo y decirle que sí me casaría con ella, pero no puedo mentirle en eso. —Estoy cansada— dijo Julieta levantando sus brazos, —¿te parece si nos vamos ya a la casa?— sabía que se sentía aún mal por lo que le dije, pero al menos fue ella la que habló primero y rompió el silencio. —Claro— le dije. Sonreí y ella me dirigió una leve sonrisa que no alcanzó a sus tristes ojos. Nos fuimos a donde tenía el auto aparcado, subimos y conduje. Llevábamos 15 minutos en camino, Julieta tecleaba algo en su móvil y yo sólo conducía sin decir palabra. —Jack, ¿por qué jamás me has presentado a tus amigos?, digo, siempre sales con ellos, los ves seguido pero... jamás vamos a una fiesta juntos donde estén tus amigos inseparables, ¿por qué?— su tono de voz no me gustaba nada, ahora todo me lo cuestionaría, esto era como una venganza por mi respuesta negativa a casarme. —Bueno, pues ellos son un poco bromistas,— apreté el volante, trataba de pensar qué decirle —o demasiado diría yo, no creo que te agraden tanto. —¿Acaso no crees que sea capaz de sobrellevar sus actitudes?, digo, si soy capaz de vivir contigo...— ahora estaba más que seguro en que estaba molesta. —No dije eso, es sólo que ellos... —Perfecto,— pero antes de que pudiera decir alguna cosa coherente me interrumpió, —diles que esta noche preparare algo de cenar para ellos, que están invitados a nuestra casa, que los esperamos a las ocho— sonrió malvadamente y siguió tecleando. —No pueden hoy, Julieta. Ellos también tienen compromisos— y de pronto se abalanzó sobre mí, —¿qué haces?— pregunté asustado por su actitud. —Busco tu celular— tocaba todo mi pantalón, cuando sintió el celular en mi bolsillo izquierdo empezó a sacarlo. —¡Aja!— expresó victoriosa. —Julieta, dame eso— aunque sabía que podía manipularla no me atrevería a hacerle eso. —Ya esta. —¿Qué hiciste?— pregunté serio. —Envíe un mensaje en grupo a tus amigos, te sorprendería que rápido me contestaron. —¿Qué te dijeron?— estaba preocupado, pues yo sabía que aceptarían su invitación, conozco a esos demonios, desde hace tiempo quieren conocer a Julieta, pero también sé que ellos no pueden entrar a mi casa y por esa misma razón nunca intentaron entrar para verla. Las casas de los demonios siempre se encuentran en zonas antiguas, en cada vivienda hay símbolos protectores, estos símbolos se encuentran en la entrada de cada casa, así como en ventanas y en todas las posibles entradas. Los símbolos son grandes, pero a los ojos de los humanos son invisibles, por esa misma razón jamás nos reunimos en casa de alguno de los demonios y por eso también hicimos nuestro punto de reunión en la cafetería que acostumbramos ir. —Me han dicho que sí, todos aceptaron ir esta noche a la casa— dijo Julieta muy emocionada. —¡No!— grité y frené el auto. Sabía de antemano que esos demonios harían cualquier cosa para hablar con ella y eso significaba llevarla a otro lugar que no fuera mi casa. Astutos demonios. —¡No me grites!— estaba furiosa Julieta. «¡Rayos!» Y bajó del auto. —¡Julieta vuelve aquí!— le grité desde el auto pero ella no me contestó, en lugar de eso siguió caminando. —¡Bien, veté caminando!— arranqué el auto, estaba enojado por su actitud, aunque sabía que en parte tenía razón ella en molestarse, pues si supiera la verdad tal vez me comprendería. Iba conduciendo, pero enseguida me arrepentí, yo no tenía que tratarla así, no se lo merecía, así que decidí regresar enseguida por ella. Al llegar al lugar donde la abandoné la busqué, pero no la encontré. Supuse que probablemente había tomado un taxi, así que conduje a la casa, esperé, esperé y esperé. Ya me estaba desesperando, caminaba de un lado a otro de la sala, marqué a su celular pero me mandaba a buzón de voz, así que tomé a Jessy, bajé del departamento y me adentré al auto. Primero fui a la casa de su mejor amiga Susi, hablé con ella, le dije que nos habíamos peleado y que no la encontraba, pero sólo dijo que no sabía nada de ella, que en cuanto supiera me lo comunicaría. Después fui a ver si de casualidad se encontraba en el museo, que es donde trabaja, pero sus compañeras dijeron que no la vieron, igual que en la galería donde hacia trabajos de vez en cuando. Recorrí calles, marqué números telefónicos, estaba preocupado, ya estaba oscureciendo, sólo esperaba que Matt no la hubiera encontrado y lastimado. Soy un estúpido. Genial, ahora me sentía culpable, sabía que no debía dejarla en ese lugar sola, ahora por mi estupidez Julieta está desaparecida. Decidí llamar a Joz, él es mejor consejero que Draven y Manuel. —¿Si?— contestó Joz, al fondo se escuchaba música, «¡Perfecto! Lo que faltaba, está de fiesta» pensé un poco molesto. —Joz, ¿dónde estás?, necesito hablar contigo. —¡Si, ven a la fiesta, estamos...! Interrumpió Draven —¡Pásame a ese imbécil!— se escuchaba la gruesa voz, trataba de quitarle el móvil a Joz. —¡Jack, estúpido demonio, no sabes que divertida es tu novia, me gustaría saber que se siente... —¡¡¿Qué?!!— estaba sorprendido, Julieta estaba con esos demonios pervertidos, ¿y el imbécil de Joz no me lo pudo decir enseguida de que empezamos a hablar? Colgué sin esperar respuesta, sujeté bien a Jessy y conduje a toda velocidad hacia el lugar que ya sabía dónde era. Una patrulla me vio y empezó a seguirme, —¡Genial!— Exclamé con una furia que me consumía hasta mis entrañas, pero enseguida la mirada de Jessy me hizo calmarme. «Lo siento, no quiero que me temas, Jessy» Me detuve, el oficial también lo hizo y bajó, después se acercó a mi ventanilla con una actitud altiva. «Lo que faltaba, un perdedor con autoestima» —Señor, necesito que me muestre una identificación— me dijo el oficial. Lo observé un momento, me molestaba ver como jugaba con un palillo de madera en su boca, mientras hacia un chillido con los dientes. Yo le sonríe, lo miré a los ojos y él retrocedió asustado,—¿qué pasa oficial, no va a multarme?— mi voz salía rasposa, apenas y podía mover la mandíbula, pues estaba que me quemaba de furia nuevamente. —Eres un monstruo— dijo asombrado al momento que el palillo de madera caía de su boca. Sabía muy bien por qué de su actitud asustadiza, pues mis ojos se habían tornado negros, él trataba de sacar su arma y eso de alguna forma me causaba placer. «Saber qué los humanos siempre intentarán luchar torpemente en contra de algo invencible» Empece a reírme a carcajadas y negué con mi cabeza —Acércate, Tom— le ordené. —Mírame, quiero que realices un asesinato en masa, ve al bar karaoke que se encuentra en la calle 16 con Walltrape, lleva todo el cargamento de armas que puedas, asesina a cada una de las personas que se encuentran ahí, no importa r**a o género. Anda ve, deshazte de tu compañero primero, pues podría estorbarte, pégale un tiro en la cabeza. El hombre se retiró, aún no me quise ir, quería escuchar el sonido de la bala rompiendo el cráneo del otro oficial. Y de pronto... ¡PUM!, —ja ja ja ja— al menos ya me había reído después de todo lo de Julieta. . . Seguí conduciendo, tenía que sacar a Julieta de aquel lugar, pues el oficial loco Tom ya iba en camino a hacer su trabajo. Al llegar me bajé rápidamente, en mi brazo izquierdo llevaba cargada a Jessy. Entré al bar, había demasiada gente, gente que pronto estaría muerta; busqué a Julieta, cuando la vi estaba sentada cerca de la barra, rodeándola estaban Joz, Drave y Manuel. Me acerqué a ellos, —¡Julieta!— le grité entre todo el ruido que se encontraba ahí. —Amigo, que bueno que te nos has unido— dijo Manuel. —Ya llegó el aguafiestas— dijo con tono de fastidio Draven. Joz por su parte tocó mi hombro, trataba de calmarme, —Jack, no le hemos hecho nada— dijo acercándose a mi oído. —Yo sé eso Joz— la comisura de mis labios se levantaban, él sabía que si ellos se atrevían a hacerle algo a Julieta yo los podría matar. —Lo siento amor, no fue mi intención molestarme, vamos a casa— dijo Julieta, después tomó mi brazo y se despidió de los demonios. Estaba feliz porque había recapacitado, no tuve que hacer un drama para contentarla. Le pase a Jessy y ella la abrazo, —Quise traerla, necesitaba compañía y ayuda para traerte conmigo— le dije y ella sonrió. Extrañamente sentía unas miradas, así que giré mi cabeza y esos tres demonios rápidamente carraspearon y empezaron a actuar disimuladamente. Reí internamente, pues la escena que presenciaban era algo que incluso yo jamás pensé tener con una humana. «Que drama» Salimos del bar, enseguida subió al auto Julieta, vi como detrás de nosotros iban saliendo Joz, Manuel y Draven. —Vamos al departamento de una amiga, hay que seguir la fiesta— dijo Manuel. —No, yo paso. Me voy a casa con Julieta a descansar,— les dije y ellos pusieron cara de molestos. —Eres una puta con muy mala formación— me dirigió sus "tiernas" palabras como siempre Drave, —¿qué acaso no te das cuenta que ella quiere divertirse? —Tiene razón Draven. Vamos, Jack— me trataba de convencer también Joz. Lo pensé por un momento, me acerqué a Julieta que ya estaba dentro del auto, —Julieta, no sé...ammm, ¿te gustaría ir a seguir la fiesta a otro lugar?, Manuel tiene una amiga que hará una fiesta en su departamento. —Claro, amor— se puso contenta y eso me agrado, sabía que a veces era demasiado protector con ella, pero en esta ocasión quería que se divirtiera y no se reprimiera por mi culpa. Regresé con Joz, Manuel y Draven. —Muy bien, suban al auto. Ellos apenas se subirían cuando una patrulla se estacionó frente al bar, yo sabía quién era, pero no me importaba lo que fuera a hacer, nosotros ya nos íbamos. De pronto Julieta se bajó del auto, —Amor, creo que se me quedó el pinta labios en la barra, ya regreso. —¡No, Julieta!— corrí a protegerla, pues el policía le iba a disparar. ¡PUM, PUM, PUM! Tres disparos, uno a mi espalda y dos a mi cabeza. Tenía abrazada a mi novia, ella me miraba aterrada, estaba temblando, —Amor, amor— empezó a hablar nerviosa, —¿estás bien?, vámonos de aquí. Yo le sonríe, después dirigí una mirada a los demonios, ellos asintieron, sabían lo que debían hacer y eso era descuartizar al policía por atacarme. Julieta se paralizó de miedo. —Vamos amor, tenemos que irnos— intentaba hacer que caminara pero no lo hacía. —Estas... estas herido— decía con lágrimas en sus ojos y su voz entrecortada. —No,  amor. Estoy bien. —Pero te dispararon— decía confundida. —Estúpido, ya llévatela— dijo molesto Draven. Yo me empezaba a estresar, sentía miedo por cómo quedaría de este trauma Julieta y me estresaba que estos demonios no pudieran matar a ese policía, porque yo no les permitía que lo hicieran delante de mi novia. —¡Noquéala, Draven!— le gritó Manuel a Draven. Draven se acercó a Julieta y levantó el puño, —¡No!— gritamos al unísono Joz, Manuel y yo. —¡Imbécil, no golpeándola!— reía Manuel mientras le gritaba cómo hacerlo. Draven tocó el hombro de Julieta, —Duerme, humana— pero no pasó nada, —¡¿pero qué diablos?!— estaba tan confundido ese demonio orgulloso de Draven que tuve que actuar rápidamente. —Quítate,— empujé a Draven. Abracé a Julieta y le susurré al oído, —Deberías dormir, estas muy cansada mi amada— y enseguida ella se desvaneció en mi abrazo. La cargué y la lleve hasta el auto. Por lo tanto los tres demonios mataban con diversión a aquel humano infeliz y estúpido. Por fin me sentía tranquilo, ya estaba a salvo mi novia, Jessy y el bebé. . . __________________________________________ Sigue leyendo.
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