Habíamos llegado al departamento de la amiga de Manuel. Nos encontrábamos reunidos en la sala, yo estaba sentado en un sofá y en mis brazos tenía a Julieta que aún seguía dormida.
Draven estaba observando a dos chicas humanas que estaban muy drogadas teniendo sexo entre ellas. En cambio Manuel hacia que dos hombres cortarán entre ellos su piel en un salvaje juego; y por último Joz, bueno, él estaba sentado en otro sofá cerca de mí.
—Aun no entiendo cómo es que Julieta no se doblegara al poder de Draven— expresaba Joz asombrado, después se acomodó en su asiento y se inclinó ligeramente hacia mí, —¿acaso la has marcado?— preguntó con media sonrisa dibujada en su rostro.
Suspiré. Lo miré y me encogí de hombros, —Así es, la marqué hace tiempo.
—¡¿Y por qué aún sigue viva, por qué no es tu esclava y por qué...¡por qué diablos la has marcado?!— gritó sorprendido. Estaba tan alterado que se levantó de su asiento y empezó a caminar hacia una de las ventanas del departamento, veía a la luna como tratando de pensar o razonar.
Joz tenía mucha razón en ponerse así, pues al marcar un demonio a una humana, sólo era para un objetivo, «manipularla». El mío en aquel entonces era para hacer la masacre del año, pero conforme fui conociendo mejor a Julieta ese objetivo desapareció, me cayó bien, después me sentí muy bien con su sola presencia y por último, la felicidad que nacía en mí era inexplicable, sólo supe que no podía estar alejado de ella, no podía hacerle daño.
—Mira la he marcado con el objetivo de utilizarla en uno de mis planes, pero me arrepentí...
—¡¿Qué?!— Interrumpió escandalosamente Draven, al parecer estaba escuchando toda nuestra conversación. Pasó entre los cuerpos de las mujeres desnudas y se acercó a donde estábamos nosotros, —Eres un... ¡Maricon!, has hecho cosas que no esta es nuestra naturaleza, todo por esta— dijo apuntando con su dedo índice y con gesto de asco al cuerpo de Julieta que estaba postrado en mis brazos. —No negare que me cae bien la humana, pero no me gusta lo que ha hecho contigo, ya no eres el mismo, Jack— dijo con un poco de lástima sobreactuada, se encogió de hombros y metió sus manos a los bolsillos del pantalón, después se dejó caer en un sofá como si estuviera fatigado. «Que dramático»
—Draven, no exageres, él siempre ha sido el mismo, sólo que como te has enterado de lo que significa Julieta para él, ahora cualquier cambio de humor se lo atañas a la relación que tiene con la humana—. Nos quedamos boquiabiertos. Hablaba muy sabio Manuel, nada usual en él. —¿Qué? ¿acaso no tengo razón?
—Tienes razón, Manuel—. Le sonreí, —Y tú Draven, ya deja en paz a Julieta, ella no interferirá en nuestros asuntos, yo hago lo que quiero y ella no se debe enterar de lo que somos nosotros, ¿entendido?— sentencié con un semblante muy serio, los demonios me miraron y asintieron con sus cabezas.
—Que bueno que ella no puede ver la marca— dijo Draven mientras veía con su cabeza ladeada a Julieta.
—¿Por qué dices eso?— preguntó extrañado Joz.
—Pues porque se molestaría contigo, Jack, tal vez hasta te terminara. No creo que a ella le guste un tatuaje que cubre casi toda su espalda— fruncía el ceño, se acercó a Julieta y levantó su hombro para ver su espalda, —JA JA JA JA— el imbécil de Draven se reía a todo pulmón.
—Eres un idiota— le dije y aventé su mano para que no siguiera tocando a mi novia.
—Ey, sólo que esa marca demoniaca no es tan sexi,— Draven se frotaba la barbilla, —pero después de todo... ¿a quién le interesa?, los humanos son incapaces de verla, así que estas salvado, marica.
Aún recuerdo cuando la marqué, fue tres años atrás, recién ella estaba recuperada de sus heridas, no del todo, pero estaba mejor.
*Flashback.*
Llegué a mi departamento, acababa de realizar una matanza, todo salió de maravilla, hubo caos, acusaron a inocentes, se podría decir que hasta una guerra se podría avecinar.
Ansiaba ya poner en marcha el plan para este año, sólo que esta humana es demasiado frágil, aun así tengo que aprovecharla.
Abrí la puerta del departamento y Julieta me esperaba con la comida preparada, —Ya has llegado, que gusto—. Sonrió y juntó sus manos, —Ven— me tomó de la mano y me dirigió a la mesa.
Esta humana es demasiado...afectiva, me está empezando a incomodar.
Tomé asiento y ella empezó a servir mi comida.
—Se ve todo delicioso— y era verdad, no podía negar que es muy buena cocinera.
—Y lo está, prueba, vamos— me animó a comer, así que probé bocado. Me quedé asombrado, —ejs dejsliciofso— hablaba con la boca llena y ella me veía sonriente.
—Que bueno que te gusta,— suspiró con triunfo y empezó a comer ella también.
Pasaron unas horas, empezamos a ver un programa de televisión, estábamos sentados juntos en el sofá, ella estaba muy atenta al programa, yo en cambio no podía dejar de ver sus piernas y es que era inevitable verla, pues vestía un mini short, eso sin contar la blusa de tirantes que mostraban demasiada piel de su pecho.
—Creo que es muy corto— me sobresalté y engullí apenado. Sentía como mi cara extrañamente emanaba calor de una manera que jamás experimenté. Ella me había pillado mirándola.
Me giré nervioso a ver el televisor enseguida, —Discúlpame.
Ella sonrió, —No te preocupes, eres humano,— «¿Disculpa?» —yo sé que estoy vistiendo muy provocativa, además estamos solos aquí y...— la humana empezó a actuar y decir cosas muy raras. Aún así sentía un extraño calor que empezaba a recorrer toda mi cara, bajaba por mi cuello y se arremolinaba en mi abdomen para después llegar más y más abajo. —no tenemos pareja—. ¿Pero qué diablos está intentado decir?, ¿Acaso quiere intentar algo más conmigo?, «estúpida humana». Aunque pareció recapacitar porque enseguida borró ese gesto que odio ver en las humanas cuando intentan aparearse. —Si te sientes más cómodo me iré a cambiar— se levantó y se retiró a la recámara, a la única recámara del departamento, así es, yo le cedí mi habitación, creí que ella la necesitaba más, así que yo me estaba quedando en el sofá de la sala. Además después de todo esto es temporal.
Me levanté y me dirigí a la recámara también, necesitaba decirle que no era necesario, ella no tiene la culpa que la estuviera observando, pero ahora pensándolo detenidamente, es raro que me llamara la atención, una humana jamás me había atraído...
Llegué a la recámara, abrí la puerta, al parecer ella no se percató de mi presencia porque estaba semidesnuda, podía observar su ropa interior diminuta, también veía como su cabello caía hasta su cintura, el cuerpo estaba muy bien trabajado, cada curva era perfecta; ella giró a verme, ahora la tenía de frente a mí y yo podía observar mejor su figura, su abdomen plano y sus senos bien proporcionados a su cuerpo hacían que se viera muy sexi.
Y el tiempo pareció parar cada partícula que me rodeaba; ya que esas dos ultimas palabras que pensé, habían sido pronunciadas en mi subconsciente con una ligereza que las hacía peligrosas para mí.
«¿Qué me está pasando?» pensé nervioso y casi al borde de un colapso mental.
Siento que voy a desmayarme, necesito aire fresco, necesito salir, necesito...
—Jack— dijo sorprendida por mi presencia.
Rasqué mi nuca, —¿Perdón?— me disculpe aún con mi mirada en ella, una mirada de idiota.
—Ammm, ¿podrías ayudarme?— dijo un poco apenada.
Ahora que lo notaba, siempre tardaba en cambiarse, pero era por su lesión del brazo, yo de estúpido que jamás me había percatado.
—Claro— salí de mi trance y me acerqué a ella, la ayudé a ponerse una blusa de manga corta, un pantalón... ¡Claro!, ahora lo entendía, por eso siempre usaba shorts, porque son más fáciles de poner, ella sola era incapaz de ponerse a prisa un pantalón «Y el premio para el más estúpido es...».
Cuando iba a mitad de sus piernas, podía observar más de cerca su piel; no sé qué me pasaba, pero esta humana me atraía y me atraía mucho.
Bajé de nuevo su pantalón, ella me miró sorprendida, después quité lentamente su blusa, ella no se resistió y eso me sacó una sonrisa.
—Jack, me gustas mucho— me dijo con una tenue voz. Me encontraba muy cerca de su rostro y su dulce aliento acariciaban mis labios.
No quiero admitirlo, ¡no, no, no!, me odiaba por sentir esto, prefiero asesinarla, necesito que desaparezca esta rara sensación. La miré con dolor, ni siquiera sabía cómo actuar ante esta situación, siempre era el que controlaba todo, siempre fui el cazador; acorralaba, manipulaba y torturaba a mis víctimas, pero en esta ocasión está humana me estaba ganando. —Julieta— dije acercándome más a ella, tomé su rostro y la besé.
Instantáneamente supe que había sido un error besarla, pero sobre todo haberme dejado invadir por estos sentimientos tan ajenos para un demonio.
Los besos y caricias continuaron.
Empecé a quitarme la ropa, le ayudé a Julieta a quitarse su ropa interior, sabíamos muy bien lo que vendría, pero aun así continuamos, aun así continué...
Llegamos a la cama, ayudé a Julieta a colocarse en ella, después me posicioné arriba de su delgado cuerpo sin dejar caer todo mi peso, cuidaba de ella como si fuera la cosa más delicada y valiosa del mundo. Y lo era, al menos para mí.
Cuando los besos se hicieron más intensos eran como una droga, necesitaba más y más. Besaba su cuello, ella abrió sus piernas, sabía que era el momento, así que me adentré suavemente en su interior, podía sentir como se contraía cuando movía mi cadera, mi m*****o se frotaba en su interior haciendo que ella gimiera.
Seguimos dándonos placer, ya no podía contenerme, así que saqué el demonio, la maldad en su mismísima forma física, ella no lo notó, pues estaba sumida en su placer. Mis largas uñas acariciaban su piel, mi piel marcada como si raíces crecieran en ella con algunas partes como si fuera la piel de una víbora, inclusive mis cuernos estaban a la vista, mis colmillos crecieron y mi distintiva cola también lo hizo.
Siguió el frenesí, ella estaba en la cima del placer, yo rugía por lo que ella me hacía sentir, después llegó el mayor e inesperado placer de todo, algo que jamás había sentido.
Y así terminamos; cansados, jadeantes y dichosos.
Ella dormía, yo la observaba desde el respaldo de madera de la cama, ahí posando como una gárgola, veía como su espalda desnuda quedaba al descubierto, así que decidí hacerlo. Mi larga cola tocó con su punta en forma de flecha su piel, empecé a marcarla, ella me tenía que pertenecer, la quería sólo para mí, al menos hasta que se llegará el día de cumplir el cometido por lo cual la he traído hasta mí.
*Fin flashback*
Claro, todo cambio ahora y no puedo utilizarla, lo de la marca jamás podré quitársela, pero de algún modo la protege también, pues ningún otro demonio podrá manipularla, ella me pertenece.
—¡Imbécil, ¿qué piensas?!— gritó cerca de mi oído el estúpido de Draven.
—¡Idiota, cállate!— lo empujé y cayó de nalgas.
Julieta empezó a despertar, se movía entre mis brazos, después abrió sus ojos lentamente, —Jack— dijo con una gran sonrisa. Algo que me hizo mirarla de una forma tierna, me causaba mucha felicidad que su sonrisa se hiciera presente y le di un beso en la frente.
—Ay que bonitos, mua mua— el estúpido de Draven no se cansaba de hacer tonterías.
Joz se acercó a Draven, lo apartó de nosotros muy disimuladamente y lo tomó del cuello. —Basta de estupideces, Draven. Sabes muy bien que Jack te mataría sin el menor esfuerzo, déjalo disfrutar del momento con su novia— amenazó Joz y Draven borró por fin su estúpida sonrisa.
—¿Estas herido?— preguntó Julieta con cara de angustia.
—No, amor. Estoy bien— ella negaba con su cabeza, quería hablar pero no la deje, —sólo fue un loco que disparó al bar, pero no me ha dado a mí, mírame, ¿acaso me ves herido?
Ella sonrió y negó con su cabeza, —Que bueno, amor, temía por tu vida.
La abracé delante de mis amigos los demonios, ellos me miraban confundidos, asombrados y un poco comprensivos.
Sé que para ellos esto es raro y sé que también es difícil de comprender o aceptar, pues nuestra naturaleza es otra, algo que los humanos jamás podrán entender. Pero ahora Julieta y yo éramos los incomprendidos, tanto para los humanos como para los del mundo obscuro.
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El amor es incomprendido fuera de nuestro entorno, pero sólo nosotros sabemos qué es el verdadero amor para nosotros.
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Gracias por leer.